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Carlos Luis Rojas Contreras: La avenida 4 asombra

Actualizado el 28 de junio de 2015 a las 12:00 am

El corto trayecto está lleno de nostalgia e historia y de múltiples estilos arquitectónicos

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Para enriquecerse con un nostálgico paseo por esta corta calzada josefina, admirar la pluralidad de su arquitectura y su valor histórico, no hace falta un guía turístico ni mapa de la ciudad.

Es asombroso ver cómo tan diversas edificaciones fueron esparcidas a lo largo de un trayecto de solo 12 cuadras, donde, al igual que las piezas de un ajedrez, no tienen parecido ni proporción entre sí, pero que dentro de su conjunto cada una cumple una importante función específica.

Comienza al pie de la plazoleta de la iglesia La Soledad, 50 metros al oeste del paseo de los Estudiantes, donde una placa incrustada en la pared sur indica su denominación oficial como Avenida Monseñor Rafael Otón Castro Jiménez.

Quizá esta céntrica vía no presentaba el verdor de los parques, las arboledas y el glamour que otrora tuvo la avenida de los Damas, ni la opulencia y prestigio que un lejano día tuvo el paseo Colón; sin embargo, fue una de las principales arterias de la ciudad capital en la cual sobresalían edificios y sitios de relevancia en la primera mitad del siglo XX, donde algunos todavía mantienen sus funciones originales.

Riqueza arquitectónica. En aquella época, esta arteria capitalina se consideraba el límite o perímetro sur del sector comercial de San José.

En su corto trayecto se edificaron más de una docena de construcciones famosas, histórica y estéticamente hablando, obras de insignes arquitectos y de ingenieros costarricenses de la época, como L. Jiménez Bonnefil, José M. Barrantes, Jaime Carranza y el catalán Luis Llach. Las principales edificaciones varían en sus estilos arquitectónicos: neoclásico, neogótico, neocolonial y art déco .

Al principio de su recorrido se aprecia el admirable edificio María Cristina en el cruce con calle 7, y después del parque de las Garantías Sociales se levanta la escuela Vitalia Madrigal: un magnífico diseño con una fachada elegante y profusamente decorada, construida en 1915; fue una de las más deseadas escuelas para niñas en San José.

Frente a la escuela permanece el templo episcopal El Buen Pastor –reconstruido en 1937–, cuya fachada parece una linda estampa de colección y en su interior se conservan sus finos vitrales originales de brillantes tintes multicolor. Vale mencionar que, desde la cima de la cuesta de la Vitalia Madrigal, cuando replican las campanas de La Soledad se aprecia mejor que en ningún otro sitio la incomparable calidad del dulce sonido de sus campanas –las más grandes del país– traídas desde Francia en 1934.

Siguiendo la ruta hacia el oeste, aún se conservan cincuenta metros de los gruesos muros de piedra del Seminario Tridentino para la preparación de sacerdotes a finales del siglo XIX. Compartiendo esta cuadra, seguía la bellísima capilla del seminario, construida en 1907 (demolida para construir el actual Banco Popular). En este mismo sitio, estuvo ubicado el Colegio Seminario de enseñanza secundaria, fundado por la misma congregación de sacerdotes paulinos alemanes en los años 40 y 50.

La histórica residencia de la familia Mendiola, con su aspecto de arquitectura neocolonial josefina, se conserva intacta diagonal al Banco Popular, junto a la Casa Arzobispal al lado sur y el lujoso palacio Episcopal al lado norte –hoy sede de la Curia Metropolitana, una joya histórica y arquitectónica construida entre 1887 y 1888– que adorna la entrada sur a la catedral metropolitana. Un monumento a monseñor Bernardo A. Thiel está ubicado en el jardín de la iglesia.

Alrededor de los años 50, a lo largo del sector oeste del Parque Central, los domingos por la mañana se escuchaba venir la Banda de San José marchando sobre la avenida 4, al redoble de sus tambores, hacia el quiosco para las “retretas” o conciertos al aire libre. La belleza del parque –a través de todas las transformaciones que ha tenido– complementa la escenografía de dicha avenida.

Icónicos. Destaca luego el histórico Templo Bíblico, que aún conserva todos sus detalles arquitectónicos originales; fue cuna y sede de la Iglesia evangélica en el país, construido con influencia de la estética art déco , en 1930. Casi terminando el recorrido, destaca la distintiva y clásica estructura de la Casa Cural de La Merced.

Al final de la avenida 4 el parque Braulio Carrillo está muy bien cuidado, y al frente permanece en desuso el edificio de la antigua cervecería Ortega, fundada en 1914. Compartiendo la cuadra de la cervecería se ubicó el fino Palacio Municipal y de la Gobernación de San José, también ingratamente demolido para dar campo a un parqueo de las vecinas instituciones de la Caja Costarricense de Seguro Social al llegar a la calle 14, donde termina el bulevar, al topar con el histórico inmueble del Hospital San Juan de Dios.

Durante la primera década del siglo actual, la avenida fue convertida en un amplio bulevar adoquinado para uso peatonal y se le otorgó el reconocimiento simbólico como paseo de la Unión Europea, por el aporte económico que los países miembros hicieron para la realización de la obra, junto con la Municipalidad de San José.

A lo largo de la ruta, se logra apreciar un par de interesantes esculturas: la de Ana Frank, donada por la embajada de Holanda, y los Tres Músicos, del artista J. Sojo.

La ciudad de San José ha sido omisa en homenajear la literatura nacional con algún símbolo permanente; la avenida 4 debería ser considerada para ello, pues es un buen escenario donde erigir, por ejemplo, un busto del poeta josefino C. R. Duverrán (1935-1995).

(*) El autor es escritor.

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