Opinión

Cambio climático y nueva estrategia energética

Actualizado el 18 de julio de 2014 a las 12:00 am

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Cambio climático y nueva estrategia energética

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El cambio climático en Costa Rica es un hecho. Cada vez habrá mayores precipitaciones en periodos más cortos y prolongadas sequías. Hoy vivimos la sequía más grande de los últimos 30 años. Ante este desafío, debemos tomar nuevas y oportunas medidas de mitigación y previsiones sobre sus consecuencias. No actuar tiene un riesgo y un costo en nuestro desarrollo.

Basados en esta realidad, no podemos cruzarnos de brazos. Debemos acelerar el uso de energías renovables, reducir la deforestación, replantear nuestra matriz energética, elaborar inventarios para medir las emisiones de gases con efecto invernadero, analizar y ordenar las zonas costeras más vulnerables, promover el desarrollo de nuevas tecnologías, educar, sensibilizar e incorporar las medidas de mitigación.

El cambio climático es inequívoco y debemos enfrentarlo con gran seriedad. Mayores temperaturas de aire, derretimiento de glaciares, aumento en el nivel del mar, nevadas, ciclones y fuertes lluvias serán fenómenos cada vez más frecuentes e impredecibles. Variabilidad climática y cambios extremos en el clima van a generar mayor vulnerabilidad, con graves problemas sociales, económicos y ambientales en un futuro inmediato.

Actualmente, el 80% de la energía eléctrica que producimos en Costa Rica es hidroeléctrica y esta es cada vez más frágil a los cambios climáticos. Esto va a significar altos costos en la energía e inseguridad, lo cual nos obliga a buscar aceleradamente nuevas fuentes de energía complementarias, que sean de bajo costo y más seguras.

Para mitigar este riesgo, Costa Rica ha decidido utilizar el petróleo como fuente de energía firme, con los agravantes de que tiene altos costos, es muy contaminante y de alta volatilidad. Los elevados precios de nuestra energía eléctrica, en comparación con otros países, están afectando seriamente la competitividad del país. Muchas industrias y empresas de servicios están cuestionando seriamente sus operaciones en Costa Rica.

Estos altos precios de energía del ICE son producto de elevados costos operativos y administrativos, de su estructura financiera y la capacidad ociosa de generación que tiene la institución. En el 2013, la capacidad instalada del ICE fue de 2.800 MW y la demanda máxima llegó a 1.600 MW. A pesar de esta sobrecapacidad, tuvimos que importar energía de Centroamérica y quemar búnker. Esta sobrecapacidad está afectando seriamente los costos, con el problema de que no tenemos suficientes fuentes de energía limpia firme para afrontar el cambio climático.

Entorno global. En los próximos 25 años, la demanda de energía en el mundo y en Costa Rica se va a incrementar en un 30%, con un crecimiento moderado pero volátil de los precios de los hidrocarburos. En contraste con el petróleo, el gas natural aumentará su participación en la canasta energética mundial, en especial para generar electricidad y desarrollar plásticos y fertilizantes.

Estados Unidos pasará, en los próximos años, de importador a exportador de gas y, posiblemente, supere a Rusia como el mayor productor del mundo. Este incremento en la producción de gas natural en Estados Unidos se debe básicamente a una nueva y revolucionaria tecnología de exploración y explotación, basada en la fracturación hidráulica, que redujo radicalmente los costos. Se calcula que, en pocos años, Estados Unidos va a representar una tercera parte de la nueva oferta energética del mercado, con una economía mundial que se alimenta de los hidrocarburos, y en la que el tema del costo y disponibilidad es clave para el crecimiento y competitividad.

De ahí que deberíamos hacer nuestra propia agenda energética, aprovechando esta nueva tecnología, si queremos mantenernos competitivos en el mercado.

Nueva visión energética. Toda estrategia energética requiere apoyo político, continuidad e inclusión social. En primer lugar, es importante que reflexionemos sobre la eficiencia de Recope, el ICE y sus subsidiarias, en temas de almacenamiento, transporte, y distribución de combustible y energía. Algún mecanismo debemos de establecer para evaluar sus costos, calidad y continuidad de los servicios. Es muy peligroso caer en grandes ineficiencias, por ser monopolios estatales.

En cuanto a la refinación de petróleo, es mejor dejar ese proceso en manos del sector privado, manteniendo nuestra libertad de comprar productos finales en el mercado internacional al mejor precio. Así evitamos aventuras empresariales y financieras, por parte de Recope, en un negocio cuyo tamaño y escala jamás será rentable en este mercado tan pequeño.

En cuanto a la producción de energéticos, debemos estudiar, sin dogmatismos, la exploración y explotación de gas natural, tomando todas las medidas necesarias de mitigación sobre los riesgos ambientales. El gas natural puede y debe ser para el Estado una importante fuente de ingresos, en una actividad que debe ser regulada estrictamente y permitiendo al sector privado ser un actor relevante. Cabe destacar que los precios del gas natural son la quinta parte de los del petróleo, con la ventaja de producir menos contaminación ambiental. Costa Rica tiene importantes yacimientos de gas que ya fueron explorados en años anteriores, y, actualmente, gastamos más de $2.200 millones en la importación de hidrocarburos.

Por otra parte, debemos fomentar la eficiencia y reducir el consumo de hidrocarburos a base de ciudades verdes, mejor planificadas y con un transporte público eficiente, movido por electricidad. Como parte de esta estrategia debemos abrir el mercado de generación eléctrica, en forma inteligente y regulada, al sector privado, especialmente en el campo de la energía solar, eólica, biomasa y geotérmica. Solo si incorporamos nuevos actores en el mercado, vamos a tener precios competitivos y lograremos que el ICE busque mayores eficiencias.

El reto. Más sustentabilidad, más eficiencia, más seguridad, más tecnología, pero, ante todo, una mayor protección ambiental, son claves. Este es el reto en un mundo donde la energía y el cambio climático se interrelacionan y nos obligan a hacer importantes variaciones. Por ultimo, busquemos nuevos esquemas de ahorro de energía, mediante tecnologías con menores consumos, pero, ante todo, cambiemos nuestra actual matriz energética, si queremos generar más oportunidades de empleo a nuestra juventud.

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