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La Caja y la espera que desespera

Actualizado el 05 de julio de 2014 a las 12:00 am

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La Caja y la espera que desespera

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Las listas de espera, más que un desequilibrio entre oferta y demanda de servicios de salud, son evidencia de un problema institucional de fondo que aún está por desvelarse en profundidad y magnitud. Esperar suele ser la respuesta más frecuente para los pacientes, que con paciencia desesperan.

La ansiedad que esto genera, un problema de salud añadido, se alimenta de abundante desinformación sobre cómo se articula el sistema, de desconocimiento sobre su problema concreto de salud y, a menudo, de simple y pura razón, al comprobar que algún vecino de lista se la salta olímpicamente con garrocha de “biombo mercantil” o con palanca de amistad, mal denominada “biombo pobre”.

Abandonar la lista para encontrar una solución privada es válido solamente si la solvencia financiera y de voluntad en el acto por parte del afectado es lo suficientemente amplia como para no denigrarlo ni emocional ni materialmente.

Listas que matan. La solidaridad expresa de la sociedad debe manifestarse contundentemente en la figura de un seguro público de salud y de cobertura universal. La Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) representa esa manifestación y, por lo tanto, debe cumplir con su razón de ser: convertir a sus pacientes en personas que puedan lidiar dignamente con el tratamiento de su enfermedad.

Las listas de espera en ciertos sistemas de salud han sido utilizadas como estrategia empresarial, como indicador o como munición política con la que, a pesar de que los muertos siempre los ha puesto el pueblo, algunos políticos han ametrallado sin misericordia por defender una ideología.

Recientemente, en el Sistema de Salud de Veteranos de Phoenix (Arizona) se documentó la muerte de al menos 40 personas que se encontraban en listas secretas, con un tiempo de espera de 21 meses, aunque se publicaban 14 días. Una corrupta gestión de “la espera” literalmente mata.

En la Caja, los esfuerzos se han centrado en invertir en logística y productividad. Horas extras, talento humano, cooperación entre unidades asistenciales, etc. Medidas fundamentales aunque insuficientes a largo plazo.

El hospital es la organización de producción más compleja que existe. Sus servicios están lejos de comportarse como una simple línea de ensamblaje. La Unidad Técnica de Listas de Espera (UTLE) de la Gerencia Médica de la CCSS fue concebida para gestionar el asunto, sin embargo, lamentablemente fue “modernizada” por otra gerencia.

Ver el origen. La solución permanente pasa por controlar la forma en que surge la escalada de necesidades que alimentan estas listas. Es decir, hay que focalizarse en su origen. Mantener un único, depurado y transparente registro de pacientes es el primer paso. Continuar solamente con listas de procedimientos, de citas por dar o de pruebas por hacer nos asegura que contabilicemos actividad y no necesariamente soluciones.

Por otro lado, un expediente electrónico puede mejorar el registro y la comunicación entre profesionales, departamentos y unidades, pero no garantiza en sí mismo la coordinación de servicios. Las guías clínicas y programas de buena práctica médica se recomiendan para reducir la medicina defensiva, para la variabilidad en la práctica profesional, y para mejorar calidad y seguridad. En este aspecto, la figura del buen médico es fundamental.

Finalmente, los incentivos deben promover que el profesional contribuya a que las personas puedan lidiar con su problema de salud y no simplemente a incrementar el número de actos y procedimientos. En síntesis, se debe implementar una gestión clínica que gire en torno al asegurado.

Afortunadamente, las nuevas autoridades de la Caja han manifestado que la filosofía de su gestión será aquella que coloque a la persona en el centro. Para conseguirlo, entre otras cosas, será necesario racionalizar las listas de espera existentes y establecer un verdadero programa de gestión clínica.

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