Opinión

Cabeza de turco

Actualizado el 16 de junio de 2014 a las 12:00 am

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Cabeza de turco

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Al final de la cuarentena (y no me refiero al período preventivo contra una epidemia impuesto, sobre todo, a los barcos mercantes de la Europa medieval del siglo XIV, sino al inminente dato cronológico de que mis cinco décadas pronto llegarán), esbozo una sonrisa de ironía al recordar que solía sentirme viejo cuando tenía diecinueve, y que, a los seis años, me rompieron mi lonchera de lata de Juan Salvador Gaviota en la cabeza porque, al parecer, a nadie le gustó mi disertación acerca de los Hermanos Karamazov , de Dostoyevski.

De alguna manera, el mundo me indicaba que, si quería sobrevivir, tendría que homogeneizarme y no sobresalir del rebaño. Por otra parte, intuí que el conocimiento genera temor en quien lo rehúye, y que, a su vez, eso provoca violencia física y moral. Los años me darían la razón… los expertos ahora le llaman bullying .

Durante las Cruzadas contra los musulmanes en el Medioevo, la mayoría de la cristiandad culpaba particularmente a los turcos selyúcidas (considerados como los antepasados directos de los turcos sudoccidentales, los habitantes actuales de Turquía, Azerbaiyán, y Turkmenistán), de quienes se decía que en Jerusalén no fueron tan benévolos con los cristianos como los sarracenos. Por eso, para un cristiano promedio de la época, un turco era la causa de todos los males, no solo de los derivados directamente de la guerra, sino también de catástrofes naturales, enfermedades o accidentes. El soldado cristiano que le cortaba la cabeza a un turco, la colgaba en un lugar donde estuviera bien visible y le culpaba de todos sus males. Desde entonces se utiliza esta expresión, cuando alguien, que no ha tenido nada que ver con aquello de lo que se le acusa, carga con todas las culpas, es decir, “cabeza de turco”. Sin pretender ofrendar un karma histórico con mencionar el recuento, posteriormente el Imperio Turco Otomano asolaría a la Europa cristiana.

Existe otra expresión con un significado similar: es la de “chivo expiatorio”. En este caso, el origen se remonta a un ritual judío consignado en la Biblia,en el que el sumo sacerdote hacía recaer los pecados del pueblo deIsraelen un chivo. En la fiesta de las Expiaciones, el rabino elegía a dos machos cabríos jóvenes. Después se sacrificaba a uno de ellos y se cargaban de forma simbólica las culpas del pueblo en el otro, al que se le nombraba “Azazel” y se le abandonaba a su suerte en el desierto.

Lamentablemente, el propio pueblo judío frecuentemente fue usado como cabeza de turco, y se le culpó, incluso, de la peste negra del siglo XIV, que diezmó a un tercio de la población del Viejo Continente.

Existe una tendencia terrible a proyectar el odio en ciertos grupos de personas por razones específicas, suprimiendo las características que los individualizan, y, con ello, se les convierte en una especie de recipiente de fobias y desdenes. Y lo más triste es que, a veces, se utiliza espuriamente el nombre de Dios.

En la segunda década del siglo XXI, las cabezas de turco aún existen. Por mencionar un caso que estimo absurdo, el patriarca Amfilohije de Montenegro, un clérigo ortodoxo serbio, durante la presentación de un libro en Belgrado dijo que las inundaciones en los Balcanes, que han dejado al menos cincuenta muertos, no son “una coincidencia, sino una advertencia” , responsabilizando directamente a Conchita Wurst, representante de Austria, quien ganó el Festival de Eurovisión 2014. La canción no me pareció la mejor del Festival, pero creo saber que, científicamente, no existe un nexo causal entre la tragedia y el supuesto causante.

Ustedes, estimados lectores, podrán citar sus propios ejemplos. La justicia humana aspira a la perfección, pero es eso: perfectible. En mi vida no profesional, no juzgo a nadie, no puedo saber las circunstancias que han llevado a una persona a ser quien es. A lo sumo, elijo la distancia a la que quiero estar de ella. Le pido a Dios sabiduría para nunca colocar un estandarte que pueda confundirse con una cabeza de turco.

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