Opinión

La CIDH se equivocó

Actualizado el 13 de febrero de 2013 a las 12:00 am

Los embrionestambién tienenderechoshumanos

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La definición de lo que es vida o no va más allá de las leyes. Una corte no puede “decretar” o “declarar” cuándo se inicia la vida. Más que un concepto legal es un concepto filosófico. No se necesitan razones legales ni científicas ni religiosas para entender el asunto. Solo hace falta sentido común.

La vida no puede surgir espontáneamente de objetos inanimados. La vida solo puede surgir de vida preexistente. Es imposible que, de la nada, de lo inerte, lo muerto, de lo inanimado surja la vida. ¿Cómo puede entonces el bebé-embrión un día no ser un ser vivo y al día siguiente sí solo por haberse implantado? ¡No hay falta de sentido común más grande!

Al decir la CIDH que el bebé-embrión no es un ser vivo hasta que se implanta, lo pone al nivel de una roca, un pedazo de metal o una barra de tiza. Y para esto se basa en la falacia de que antes de la implantación el bebé-embrión es inviable. ¡Por supuesto! Aun después de la implantación el bebé-feto no sobrevive sin la asistencia y la nutrición del útero materno.

Es más, el único momento de la vida intrauterina donde el ser humano es un ser vivo completamente autónomo e independiente, es en los primeros días antes de la implantación.

Ahí el bebé-embrión tiene la fuerza y energía suficientes para sobrevivir por sí solo. Esa es la razón por la cual es posible hacer el procedimiento de la fecundación in vitro (FIV), ya que el bebé-embrión vive aún afuera del cuerpo materno, así sea en una fría placa de laboratorio.

No es sino hasta que el bebé-embrión tiene un tamaño determinado que ya no es autosuficiente, y necesita la asistencia y el auxilio de los vasos sanguíneos contenidos en el útero materno para encontrar la nutrición necesaria y así seguir su proceso de división, crecimiento y maduración celular.

Se confunden maliciosamente y a propósito los términos “viabilidad” y “vida”.

De hecho, si después de la FIV no se pone al bebé-embrión dentro del cuerpo materno, morirá ya que la ciencia no ha logrado reemplazar al útero en este hermoso proceso de reproducción de la vida. Y si muere es porque antes estaba vivo.

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La vida es un continuum desde la fecundación del óvulo, hasta la muerte en la vejez; los procesos celulares nunca paran o se interrumpen. No hay ningún momento que podamos identificar como punto de partida para el inicio de la nueva vida excepto la concepción. La implantación es solo una etapa más.

Lo terrible es que la CIDH abre un funesto portillo al decir que antes de la implantación no hay vida. Así, queda abierta la posibilidad para todo tipo de atrocidades y experimentos con el “subproducto industrial” en el que han convertido a los bebés-embriones. Será imposible controlar a quien desee vender óvulos o espermatozoides para ser fecundados en cualquier laboratorio privado, y luego usarán a estos bebés-embriones para sacar de ellos las “partes y accesorios” que son muy valiosos.

Tampoco se podrá regular cuántos de los óvulos fecundados serán tirados por el desague y habrá que confiar en la “ética” de los que hagan FIV. Son conocidas las barbaridades que ya se cometen en otros países donde se permite la FIV, en vista del gran negocio que implica.

Las técnicas de FIV todavía están en pañales, tal vez si protegemos al bebé-embrión la desesperación de las parejas con esterilidad se vuelque hacia la ciencia presionando para que esta desarrolle la técnica correcta y perfeccionada de manera que no haya muertes colaterales.

En ese momento nadie se opondrá a la FIV. Pero ahora estamos muy lejos de eso.

El dolor que las parejas que no pueden tener hijos propios, debe ser muy grande, y no creo que nadie esté en contra de su derecho a buscar ser padres, pero, como país, debemos encontrar otra forma de cumplir su sueño donde no se maten los bebés-embriones “sobrantes” y se igualen los derechos de ambos: madre e hijo.

En la conciencia de los jueces de la CIDH quedarán las muertes de miles y miles de seres humanos. Los bebés-embriones también tienen derechos humanos.

Además, irónicamente, la CIDH viola nuestro derecho a la autodeterminación, ignorando los valores y principios que como pueblo soberano hemos escogido para regir nuestro destino, y que están claramente consignados en nuestra Constitución Política y reafirmados por la sentencia de nuestra Sala Constitucional hace 12 años.

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Hacemos un llamado al Gobierno y a las instituciones encargadas del cumplimiento de esta sentencia, para que corrijan este absurdo, se pongan del lado de la mayoría de los costarricenses y de los bebés-embriones, y hagan valer nuestros principios.

Igualmente, insto a todos los costarricenses a no ser observadores pasivos en este atropello que nos atañe a todos.

“Sepamos ser libres, no siervos menguados, derechos sagrados la patria nos da.”

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