Opinión

La CCSS vista desde abajo

Actualizado el 26 de noviembre de 2012 a las 12:00 am

Historias que son difíciles de ver desde el décimo piso de la CCSS

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Es muy fácil observar la protesta desde el décimo piso de oficinas centrales de la CCSS, nos cuenta doña Xinia Fernández, subdirectora de prensa de la institución, en un artículo publicado en La Nación el pasado martes 13 de noviembre, días después de nuestra protesta (Foro, “Desde una ventana de la Caja”).

Probablemente sea cierto, porque nosotros, los que estamos abajo, no podemos tener esa perspectiva de piso ejecutivo, solo vivimos las congojas en las salas de emergencia y el dolor de pacientes y familiares del Hospital de Grecia.

Lo que usted no ve desde el décimo piso, es el llanto de don Freddy Rodríguez, que perdió a su hija Emily de 14 años. Esta niña, operada por apendicitis aguda, sufrió una complicación por sangrado severo, y el cirujano, que trabajaba por disponibilidad, llegó 3 horas después a valorarla. Se la encontró en un estado muy delicado y la trasladó al Hospital México donde, lamentablemente, falleció.

Esas 3 horas podrían haber hecho la diferencia entre la vida y la muerte de esa niña, entre la tranquilidad y el dolor de su familia. Si el cirujano hubiera estado en el hospital y no trabajando por disponibilidad. Pero eso, doña Xinia, es muy difícil sentirlo desde arriba.

También está el caso de Wilmer Talavera, que llegó al Hospital de Grecia un sábado a las 7 de la mañana con una lesión en el hígado por un accidente en motocicleta. Se llamó al cirujano que estaba de disponibilidad, lo llegó a operar más de una hora después. El joven murió en sala de operaciones. Tal vez, si el cirujano hubiera estado en el hospital y no de disponibilidad, lo pudo haber operado de inmediato, y el muchacho habría tenido más posibilidades de salvarse. Pero, quién sabe, doña Xinia, eso debe ser muy difícil valorarlo desde arriba.

La angustia de doña Annia Bolaños, operada de tiroides por la mañana y que se complica por la tarde con un hematoma en el cuello que le impedía respirar por sus propios medios, cuando tuvo que ser trasladada urgente al Hospital México porque el cirujano y anestesiólogo que estaban trabajando por disponibilidad indican que NO pueden llegar en menos de una hora al Hospital de Grecia.

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Y así, doña Xinia, le puedo contar muchas historias que son muy difíciles de ver desde el décimo piso de las oficinas centrales de la Caja, pero que sustentan nuestro legítimo derecho a exigir que, al menos, contemos con médicos anestesiólogos, cirujanos, ginecólogos y pediatras que estén físicamente en el Hospital de Grecia, en todos los turnos y no bajo ese fatal sistema de disponibilidad.

Esa estrategia financiera de ahorrar en horas extras y suplantar el servicio por medio de disponibilidades médicas en especialidades críticas, goza del respaldo del Gobierno por una sana administración financiera de la institución. Pero esa sanidad financiera no puede lograrse a costa de la muerte y el dolor de los pacientes.

A usted, doña Xinia, le es fácil asomarse por la ventana y ver la pacífica protesta de nuestras comunidades, mientras que a nosotros nos ha costado mucho llegar hasta allá arriba. Hemos recibido negativas, desprecio, indiferencia y, últimamente, hasta garrotazos de parte de la gente que, como usted, solamente puede ver para abajo.

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