Opinión

La CCSS no puede desaparecer

Actualizado el 18 de agosto de 2016 a las 12:00 am

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Parece haber mucha preocupación en nuestra ciudadanía por los problemas de nuestro Seguro Social, y esto es excelente. El 8 de agosto se publicó un artículo en este foro de La Nación del gerente financiero de la CCSS, Gustavo Picado, sobre la sostenibilidad del seguro social, luego, el 12 de agosto, el editorial de La Nación tituló “El problema de la Caja”, haciendo referencia a un artículo de Pablo Sauma, miembro de la comisión de expertos para estudiaron la crisis financiera de la institución.

Yo tengo mi propia experiencia personal con respecto a la Caja, institución que utilizo bastante y pienso que puedo aportar a los artículos anteriores de La Nación.

Tengo dos hijos médicos. Uno labora para el régimen de la CCSS, específicamente para una clínica, un Ebáis, y el otro para un prestigioso hospital privado de los Estados Unidos. Ambos fueron graduados en universidades costarricenses y los dos tienen consulta privada, lo cual me llena de orgullo.

He tenido la oportunidad de vivir junto con ellos los dos sistemas y probarlos, pues por un padecimiento crónico que aqueja mi salud así lo he necesitado. Con ello he podido también comparar los dos sistemas.

Cara atención. La medicina estadounidense es de muy alta calidad, eficiente, rápida, pero es privada y cara, y no tiene medicina social. Nuestra medicina tiene tres modalidades: la privada, la mixta y la del Seguro Social. Yo hago uso de todas.

La privada es cara y, normalmente, muy eficiente, la mixta funciona bastante bien y la del Seguro Social ya sabemos los miles de defectos que tiene. Sin embargo, como muy bien dice Gustavo Picado en su artículo, ¿qué haríamos sin el Seguro si todo empieza con un buen autocuidado de la salud? Pero hay miles de heridos en las calles todos los días por este tránsito irresponsable que cargamos a cuestas, aumentado ahora con el tren. Sin buenos hábitos y prácticas saludables, ¿qué pasa si descuidamos los tratamientos de enfermedades crónicas?

Hay miles de denuncias contra la Caja, sí. No más una noche de estas una señora por la televisión denunciaba que le dieron una cita de ultrasonido para el 2022, lo cual es una burla. Expedientes perdidos y con nombres extraviados, gazas y tijeras en los estómagos después de operaciones, medicamentos que no existen en la Caja, muertes por bombas de cobalto fallidas y doctoras suspendidas de sus puestos, como el caso de la Dra. Sofía Bogantes, por la denuncia de una lista de fallecidos en espera de cateterismos cardíacos.

Si a todo esto le sumamos las denuncias administrativas de Pablo Sauma sobre la parte económica, de los pluses salariales creados, la cantidad de empleados innecesarios, incrementados durante la administración del Ing. Eduardo Doryan, bajo la presidencia de don Oscar Arias, la burocracia existente y las remuneraciones extraordinarias que se requiere sustituir, el asunto se agrava.

Servicio necesario. No obstante este panorama, visitar la Caja en una emergencia, ya sea en un hospital o un Ebáis es sencillamente una bendición, aunque haya que esperar, hacer fila o aguantar dolor. Es algo que muchos países no tienen, dentro de ellos Estados Unidos, y muchos menos obtener una incapacidad.

Si usted va de verdad por una emergencia, conoce los medicamentos que toma regularmente y le ayuda al médico, la atención es oportuna y eficaz y lo estabilizan. Luego, usted debe interesarse por saber qué le recetan y para qué le va a servir cada medicamento.

Si usted es responsable de su salud, debe continuar con un proceso de consulta externa y religiosamente tomarse los medicamentos y llevar un control, así con sus mamografías, papanicolaus, ultrasonidos yradiografías no se tardarán años, sino solo, a los sumo, un año. Cuando le den citas para cinco o seis años, defiéndase ante la Sala IV o acuda a “Perros de traba”, de canal 7, la Caja debe responder.

El tico no debe dejarse, pero la Caja es una gran institución que viene a resolver un gran problema de salud a la sociedad costarricense. No puede desaparecer por el desorden administrativo de los cuello blanco, hay que defenderla a capa y espada.

Por eso, yo insto a don Pablo y a don Gustavo, que están en las cúpulas, a que no se queden en la tinta y el papel, sino que actúen y ayuden a estabilizar la situación económica de la Caja. Esta es una conquista social de los costarricenses desde el 1.° de noviembre de 1941.

La autora es profesora de matemáticas.

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