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Buscando un ‘Bio-Intel’

Actualizado el 12 de mayo de 2014 a las 12:00 am

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Buscando un ‘Bio-Intel’

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El cierre de la manufactura de Intel debe marcar un punto de inflexión para Costa Rica. Es indispensable y apremiante que la pérdida del 20% de las exportaciones sirva para encauzar un proceso de análisis y decisiones urgentes, en aras de evitar un mayor deterioro socioeconómico.

Desafortunadamente, nuestros líderes políticos, empresariales y financieros no han visualizado que el funcionamiento de maquilas tecnológicas es temporal y dependiente de factores del mercado. Todo lo contrario sucede en las plantas manufactureras acompañadas de investigación y desarrollo (ID), mucho más estables en el tiempo y lugar.

Estas últimas son lideradas por las industrias de las ciencias de la Vida, cuyos productos y servicios son biofarmacéuticos, instrumentos y dispositivos médicos, investigación en biociencia animal y agrícola, y bioensayos. De ellas, el sector de dispositivos médicos comprende solo el 21% de este mercado y videncia que el 79% restante es desperdiciado, a pesar de ser una gran oportunidad para Costa Rica, pues no se emplea el recurso humano, la infraestructura estatal, ni la biodiversidad existentes para posicionarse en la ruta del trepidante progreso global.

Todo lo expuesto a pesar de que la biotecnología es una de las áreas prioritarias del actual Plan Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, decretada de interés nacional en el 2012, y uno de los sectores estratégicos escogidos para el desarrollo de las zonas francas.

Talento humano. Por 17 años se fabricaron microchips en Heredia; durante el mismo lapso, se han educado ingenieros biotecnológos en el TEC. Profesionales formados no para realizar tareas repetitivas, como una extensión humanoide de las líneas de montaje, sino para tratar de innovar, investigar y desarrollar. Diferencia sustancial que ha sido incomprendida y subestimada en el plano empresarial y que muestra la necesidad de cambiar y actualizar la estrategia país, agregando insumos decisivos. Por ejemplo, entender que ciencia y tecnología comprenden mucho más que los sectores de información y comunicación.

Estos sectores consideran la biotecnología como un “subsector”, a pesar de que globalmente genera $300 billones en el mundo. El punto es que las grandes corporaciones biotecnológicas son pocas, de tal manera que, difícilmente, atraeremos a una enorme “Bio-Intel”, así que lo conveniente es conseguir a empresas medianas, dedicadas a ID en biotecnología, que aprovechen el talento humano costarricense. También los industriales locales deben decidirse a ser actores activos, utilizando los recursos monetarios de la reciente Ley de Innovación, así como los del Programa Horizonte 2020 de la Unión Europea y los suyos propios.

La operación de biocompañías nacionales y extranjeras puede impulsar el desarrollo científico, tecnológico y social del país. Ojalá que el nuevo Gobierno lo pueda comprender y traducir en acciones concretas de su publicitado cambio.

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