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Brasil: Aprendamos de sus errores

Actualizado el 30 de junio de 2013 a las 12:02 am

¿Desapareceráen Brasil la condescendenciacon los políticos?

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Brasil: Aprendamos de sus errores

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Feas interrogantes torturan a Brasil en estos días de revuelta que cuestionan su pasión por el fútbol y su imagen de potencia emergente. ¿Ganar la Copa Confederaciones aplacará el furor de las calles? ¿Será peor en el Mundial? ¿La inseguridad asustará a los visitantes y a la FIFA? ¿Ya no funciona el "pan y circo"? ¿Erró también "Lula" con la sede de las Olimpiadas? ¿Es una subespecie del "Mayo del 68" francés? ¿Qué más exigirán "esos jóvenes de clase media"? ¿Con quién se dialoga? ¿Ceder y/o reprimir? ¿Y cómo sumar las cesiones a los subsidios sin disparar la inflación?

Fútbol y política se dan de patadas en ese vecino distinto y tan mal conocido. Los brasileños tienen una historia única. La Casa Real portuguesa que gobernaba el Imperio en Lisboa huyó (de la invasión napoleónica) a Brasil, y lo convirtió en imperio. El heredero de la corona (Pedro I) fue el prócer de la independencia nacional (1822) y primer emperador de una colonia transformada en Estado soberano y monarquía constitucional. La República llegó seis décadas después (1889) que al resto de Latinoamérica, y fue impuesta a pesar de que el pueblo adoraba al segundo emperador (Pedro II). La monarquía extranjera forjó el país, expandiendo espectacularmente sus fronteras. La esclavitud duró hasta 1888 y no fue abolida por la República sino por el Imperio, al que la oligarquía criolla derrocó por ese motivo.

El ingrediente africano presente en la mayoría mestiza aporta ritmo, color y exuberancia al bálsamo que el pueblo espera en cada Carnaval para relajar las odiosas tensiones de la vida real. Fútbol, excelencia física y competitividad deportiva se mezclan con la alegría, sensualidad y optimismo con que toman la vida, que otros latinoamericanos enfrentamos con más dramatismo y menos tolerancia. ¿Volverá "la normalidad" o desaparecerá la habitual condescendencia con los políticos, la corrupción y la indolencia burocrática, como parecen indicar las protestas masivas en 80 ciudades de Brasil?

Insurgencia incomprensible. Tras una semana de gases lacrimógenos y violencia, por y a pesar del fútbol, no se entiende la insurgencia de esta furibunda tormenta de jóvenes que persisten en movilizarse diariamente para expresar su cólera contra un gobierno socialista con tres mandatos seguidos y un proyecto reeleccionista. Las dirigencias partidarias, perplejas y asustadas, temen escuchar el grito de los indignados: ¡que se vayan todos! La mayor ironía es que el Movimiento "Pasaje Gratis" (iniciador de la movida contra el aumento de veinte céntimos) es hijo del Foro Social de Porto Alegre, creado por "Lula" el 2001.

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Paradojas. Ahora protestan por la corrupción y el desastre de los servicios públicos, en un país que se da el lujo de construir superestadios e infraestructuras para el Mundial de Fútbol y las Olimpiadas del 2016 cuando el crecimiento económico ha descendido a 0.9%. A los jóvenes no les impresiona el asistencialismo. Pero sí les choca que el Estado presuma de nuevo rico y dispendie recursos que debería aplicar a verdaderas prioridades antes de posar como gran potencia. Los indigna el escándalo del "Mensalao" y ver cómo "Lula" le quita el cuerpo. Sospechan que las obras mundialistas enriquecen bolsillos poderosos. Recuérdese que el socialismo, el dirigismo y los controles bloquean el libre mercado y la iniciativa privada, deprimiendo el crecimiento y el progreso que quieren los jóvenes.

Ellos prefieren sistemas que estimulen el emprendimiento, premien la superación y garanticen la competencia, virtudes a las que se deben, precisamente, los éxitos deportivos que enorgullecen a Brasil y que son triunfos de la juventud.

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