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Bienestar interno bruto

Actualizado el 07 de abril de 2014 a las 12:00 am

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LONDRES – El año 2008, durante un debate sobre la crisis financiera mundial en la Escuela de Economía y Ciencia Política de Londres, la reina Isabel II memorablemente puso por los suelos a una sala llena de pesos pesados de las finanzas con una pregunta: “¿Por qué nadie vio que esto venía?”. Esa pregunta ha obsesionado a los economistas desde aquel momento, a medida que paulatinamente se ha asentado el reconocimiento de que, durante la supuesta “época de oro” que precedió a la crisis, dichos economistas estuvieron ciegos no solamente a las posibles consecuencias de un fracaso, sino también al verdadero costo del “éxito”.

Ese período se vio, en opinión de muchas personas, empañado por la codicia. Fue un período de rápido crecimiento del PIB, acompañado de una creciente desigualdad en los ingresos y el bienestar.

Los líderes de Alemania, Francia, el Reino Unido y los Estados Unidos parecen comprender esto y, por eso, convocan a que se determine un nuevo propósito integral para las políticas que sustituya al propósito de la producción nacional. Y se puede establecer tal propósito. De hecho, un grupo de economistas (que incluye a mi persona) llegó a la conclusión, en un informe encargado por el Legatum Institute, de que, a pesar de su aparente subjetividad, “el bienestar” –o la satisfacción con la vida– se puede medir de manera sólida, se puede comparar a nivel internacional, y se puede utilizar para establecer políticas y juzgar su éxito. La tarea de los Gobiernos es comprometerse a poner en práctica este enfoque en el bienestar.

Algunas ideas claves deben proporcionar información a dicho proceso. Primero, los Gobiernos estarían mejor servidos al centrarse en la estabilidad, incluso si eso significa sacrificar algo de producción. Como Kenneth Rogoff y Carmen Reinhart han demostrado, las crisis financieras son costosas porque sus recuperaciones son lentas.

Sin embargo, las investigaciones sobre el bienestar conducen a una visión más nítida: incluso si pudiéramos recuperarnos de un desplome económico, el costo sería muy alto. Las subidas y bajadas destruyen el bienestar, que se ve mucho más disminuido por una caída del PIB de lo que se ve mejorado por un aumento igual y opuesto en dicho PIB.

En segundo lugar, el bienestar –a diferencia del PIB– recibe un mayor impulso por un aumento en los ingresos entre los segmentos más pobres de la población que por aumentos en los ingresos de los ricos. Es por eso que las economías europeas más ricas tienden a tener grandes estabilizadores automáticos incorporados en sus finanzas públicas. Sin embargo, la ausencia de mecanismos redistributivos entre países dentro de la eurozona claramente agravó las tensiones durante la reciente crisis.

En tercer lugar, la implementación de una métrica del bienestar para orientar las políticas tendría un efecto más rápido –y más radical– a nivel nacional. Como una manera de valorar el éxito de las políticas, el PIB es una métrica deficientemente apropiada en países con grandes sectores públicos. Las mediciones de la producción bruta que se usan, como, por ejemplo, el número de procedimientos médicos que se llevan a cabo o el número de incendios que se extinguen, no incluyen un punto crucial: si bien responder frente a necesidades de este tipo de servicios es una buena cosa, reducir dichas necesidades sería mejor. Y, por lo tanto, se tendrían servicios de salud más eficientes que gastarían menos en hospitales y médicos, y gastarían más en la promoción de estilos de vida saludables.

Las sociedades estarían mejor servidas, si las políticas se centraran en factores que, según se ha demostrado, son fundamentales para la satisfacción de la vida: relaciones, comunidad, seguridad, y salud física y mental. Por ejemplo, mientras que la salud mental es un factor determinante en cuanto a cómo las personas se sienten acerca de sus vidas, sigue siendo una prioridad baja en la mayoría de los países. El año pasado en los EE. UU. se tuvo más suicidios que muertes en accidentes de carretera, y los suicidios triplican a las muertes en accidentes de carretera en Alemania y el Reino Unido. En el Reino Unido, la gran mayoría de las personas diagnosticadas con una enfermedad mental no reciben tratamiento, lo cual conduce a un costo enorme, no solamente en lo referente al bienestar, sino también en pagos de beneficios por incapacidad y pérdida de poder adquisitivo. Las políticas focalizadas dirigidas a aumentar la conciencia sobre los problemas de salud mental y a mejorar el acceso al tratamiento ayudarían a poner en marcha, de manera enérgica, una recuperación del bienestar.

Por supuesto, las prioridades específicas varían según el país. Por ejemplo, en las sociedades con poblaciones más ancianas, la soledad y la salud a largo plazo se tornan en temas de especial importancia.

La cuarta idea clave es que los indicadores del bienestar interactúan entre sí. El voluntariado no solamente mejora las vidas de aquellos que reciben servicios, sino que también aumenta la satisfacción de la vida de los voluntarios. Del mismo modo, debido a que el desempleo disminuye tanto el bienestar como el ingreso nacional, las políticas efectivas que ponen de vuelta a trabajar a las personas logran avances en esas dos metas, es decir, aumentos en el bienestar y en el ingreso nacional, al igual que lo logran las políticas encaminadas a aumentar las habilidades de vida de los ciudadanos mediante mejoras relacionadas con la crianza de sus hijos y con su propia educación formal.

Esto tiene implicaciones positivas para la financiación de programas destinados a mejorar el bienestar. Después de todo, el objetivo no es inflar los presupuestos, sino reasignar los recursos de manera que estos, en última instancia, aumenten la satisfacción y la prosperidad de los ciudadanos.

Por último, será de fundamental importancia contar con datos fiables con el fin de orientar los esfuerzos y evaluar el progreso. Afortunadamente, la mayoría de los países desarrollados –y un número creciente de países en desarrollo– reconoce la importancia de recopilar datos sobre el bienestar. Si se agregan a dicha recopilación los parámetros de medición que establece la OCDE, se hace posible realizar comparaciones internacionales de bienestar.

El mundo está listo para una nueva métrica integral para medir el progreso y la prosperidad a nivel nacional y mundial, una métrica que nos diga si, realmente, las personas están en una mejor situación y, también, cómo cerciorarnos de eso.

Gus O'Donnell, miembro de la Cámara de los Lores británica, fue secretario del Gabinete desde el año 2005 al 2011. © Project Syndicate.

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