Opinión

¿Bendición?

Actualizado el 26 de octubre de 2015 a las 12:00 am

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No hay ser tan poderoso al tiempo que vulnerable como una mujer excepcionalmente bella. Tiene todo a favor suyo, tiene todo en contra suyo. La sociedad mira con temor y suspicacia la excesiva acumulación de excelencia.

Somos mezquinos y envidiosos. La castigaremos por su belleza negando todas sus facultades intelectuales, reduciéndola a su esplendor físico.

La admiración que en primera instancia suscita se trocará en odio en aquellos hombres cuyas danzas de apareamiento rechace: la declararán zorra, lesbiana, frígida, gorgona, medusa o vampiro.

Será también –quizás sobre todo– calumniada por las mujeres. De ellas recibirá intriga y celos, de ellos ferocidad y depredación mejor o peor disimuladas.

La abordarán como todo, menos un ser humano. No habrá hombre que le prodigue gesto de caballerosidad o generosidad sin reclamar su recompensa en libras y onzas de carne.

Las miradas la desmembrarán y fagocitarán. No generará otra cosa que deseo, ese que desintegra y destruye. Adorada como una deidad pagana, será sin embargo, el ser más solitario del mundo. Cual un imán, atraerá una guirnalda… de aguas y alfileres, cada uno prendido del anterior, todos buscando hendir su carne. No será siquiera un cuerpo, sino una suma de partes, como los descuartizados Fragmentos anatómicos de Géricault. Senos, nalgas, pubis, ojos, manos… Morirá canibalizada.

La envidia de las mujeres, la ferocidad de los hombres –insaciables fieras– la destrenzarán. Y la soledad será su patria.

Jacques Sagot es pianista y escritor.

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