Opinión

Barbarie comercial

Actualizado el 12 de diciembre de 2012 a las 12:00 am

Hechos de violenciason consecuenciade un capitalismo primitivo

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Decenas de personas amotinadas, de madrugada, cercadas por fuerzas de seguridad, otras gentes sacando provecho del caos, extorsionando a los confundidos empleados con berrinches y amenazas, ancianos y niños retenidos hasta el amanecer, vías cerradas por el congestionamiento de los vehículos queriendo entrar y salir... todo, en un centro comercial.

El triste hecho ocurrido en un comercio de San Sebastián es algo inédito en la historia de Costa Rica y representa un paso más hacia un materialismo insensible que enceguece y violenta el alma de las personas de una manera irracional, haciéndolas capaces de cualquier tragedia sin sentido.

¿Qué piensan de sí mismos quienes se agolpan de madrugada a las puertas de un supermercado a la espera de una supuesta rebaja?¿Qué sienten los comerciantes hacia los que, en un abrir y cerrar de ojos, pasan de ser clientes a poco menos que vándalos, capaces de chantajearlos con el recurso torpe de la violencia?

Contrario a lo que se puede pensar, este tipo de “violencia intracomercial” no es un privilegio exclusivo de nuestro país. Solo 5 días antes, en una sucursal de esta misma cadena de supermercados en Moultrie, Georgia, cientos de personas amontonadas se peleaban a puño y patadas por un teléfono celular en rebaja, mientras que dos personas resultaron heridas por un tiroteo producido en la sucursal de Florida, aparentemente a causa de una pelea por un lugar en el parqueo. Esa misma jornada, en una tienda Target, en Sacramento, un hombre atacó con un cuchillo a otras personas cuando los empleados de la tienda vinieron a informarles que no podrían atenderles ese día.

No se puede obviar que estas prácticas comerciales son las formas más elementales de capitalismo primitivo, en las que se somete a la gente a competir salvajemente para obtener cualquier cosa al menor precio sin importar los medios y sin atender a las consecuencias.

Una persona que considera adecuado pagar ¢17.000 por un televisor de pantalla plana –cosa que a alguno le puede parecer un disparate– no hace más que ejecutar por sí mismo la lógica social que se le inculcó desde siempre: debes obtener lo más pagando lo menos. Esta distorsión moral es la consigna que impulsa a los consumidores de ofertas; así, no importa tanto qué compro, sino a cuánto lo compro.

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Irónicamente, el mismo día que ocurrían estos ridículos incidentes, nuestro país conmemoraba un año más de la abolición del Ejército como institución permanente.

No es un secreto para nadie que nuestro futuro no se ve tan claro ahora, que cada día copiamos mal las fórmulas de un supuesto progreso que no nos favorece ni material ni culturalmente, fórmulas que muchos países desarrollados están teniendo que rectificar a fuerza de crisis.

En medio de este extravío, recobremos el sentido común, el espíritu de una Costa Rica profunda y no permitamos que se siga promoviendo esta locura, no dejemos que se exponga a las personas a este tipo de encierros comerciales que atropellan la dignidad y alimentan la mezquindad y la agresión.

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