Opinión

Banca islámica

Actualizado el 27 de enero de 2015 a las 12:00 am

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Gran parte de la conducta de los primates puede ser considerada una forma de cultura, en el sentido de que es transmitida por aprendizaje de generación en generación. Esto es verdad no solamente respecto a la conducta social, sino también a la conducta hacia el entorno.

Otros ejemplos de aprendizaje se ven en mamíferos predadores, como jaguares, pumas, manigordos, tigrillos, gatos domésticos, nutrias, coyotes, que inician a sus hijos en las técnicas de matar y comer las presas. En el caso de las aves rapaces, estas presentan preferencias de presa según cada especie, predilección que parece depender en gran medida de la enseñanza de los adultos a sus crías.

Como se puede observar, el ser humano no es el único ser vivo que desarrolla formas culturales que, como forma de aprendizaje intergeneracional, se convierten en elemento intrínseco de evolución biológica. Sin embargo, en el ser humano hay un pensamiento simbólico complejo que marca la diferencia con la etología animal, el cual se muestra en una diversidad cultural de nuestra especie que no se observa en ninguna especie silvestre. La persona se construye a sí misma, en gran medida mediante una autodefinición simbólica que, compartida con otros, forma sociedades y culturas diferentes. Esta plasticidad de la cultura humana se puede constatar en el mundo con la presencia del hinduismo, taoísmo, sintoísmo, budismo, cristianismo, islamismo y otras formas de convivencia que evolucionan ajustándose al entorno y a los ideales propios de cada grupo humano. Y aunque se observa un relativismo cultural alrededor del mundo, dentro de cada cultura hay fuertes estructuras de poder económico, político e ideológico que se interrelacionan para que las personas escojamos. Son una suerte de alternativas cerradas dentro del espectro socioeconómico que nos tocó vivir.

Es en este contexto que es válido preguntarnos si los sistemas financieros son culturales. Pues la respuesta es que sí lo son. Veamos el caso de la banca islámica o banca halal .

Compartir riesgo. En este sistema financiero se deben cumplir principios éticos conforme al islam y su manera de entender el mundo en general y las finanzas en particular. Algunos de los principios de banca islámica son: que no se permite prestar dinero para industrias consideradas nocivas para la comunidad, como las relacionadas con las bebidas alcohólicas, tabaco, pornografía y la producción porcina; está prohibida la ganancia mediante los intereses financieros, por lo que, en cuanto al préstamo de bienes muebles e inmuebles, la banca islámica compra el bien que el prestatario desea y se lo revende con un margen de utilidad, permitiendo al deudor pagar al banco en cuotas, y, en caso de atraso en los pagos, no puede haber penalidades adicionales; sin embargo, la garantía es estricta y, si no se honra la deuda, finalmente la banca recoge la hipoteca, que puede ser el mismo bien comprado con el préstamo bancario.

Otra forma de acceder al capital de la banca halal es cuando se quiere crear un negocio. En este caso, el banco lo que hace es pasar a ser socio de la empresa, participando del riesgo que todo negocio conlleva, obteniendo ganancias, si las hubiera, o pérdidas, si el negocio no fuera rentable.

En todos los casos hay un elemento común en los préstamos de la banca islámica: comparte el riesgo con su cliente. Si este se atrasa con los pagos, no hay intereses moratorios, y si el negocio deja pérdidas, las asume como socio de la empresa. Interesa entonces conocer cuál será la evolución socioeconómica de la clase media en un sistema financiero que mezcla ética social, religiosa y las finanzas. Y si es cierto que las formas culturales se convierten en elemento intrínseco de evolución biológica, ¿cuál será el destino de la clase media islámica y cómo influirá biológicamente en la familia y la sociedad a largo plazo? ¿Será esta mezcla de ética social, religiosa y sistema bancario la causa por la cual no se ha escuchado ningún crac del sistema financiero islámico?

Bancos en Occidente. Dice Ernst. F. Schumacher, en su libro Lo pequeño es hermoso, que en la cultura oriental “la salud espiritual y el bienestar material no son enemigos, sino aliados naturales”. Por lo que viene al caso preguntarnos si en la cultura occidental podremos mezclar con éxito valores religiosos y sociales de nuestro patrimonio cultural con el sistema financiero que tenemos.

La ingeniería financiera occidental impide la mezcla de valores religiosos, espirituales y sociales con los productos bancarios, porque la estructura matemática sobre la que se fundamenta no contempla entre sus variables conceptos de justicia con equidad, caridad, religiosidad ni igualdad; sin embargo, esta conducta es cultural y por tanto la vemos normal y así hemos legislado.

Si analizamos algunos aspectos de las tecnologías financieras en el mundo occidental, vemos que calculan los intereses según el riesgo de cada persona o grupo de personas; es decir, a menores ingresos del prestatario, mayor riesgo, entonces se aplican mayores tasas de interés, logrando con esto trasladar el riesgo al cliente por medio de la tasa.

También castigan los atrasos en los pagos con intereses moratorios y otras ingeniosas estrategias que pretenden, finalmente, diluir el riesgo y maximizar utilidades.

Pero, como vimos antes, no todas las culturas ven el riesgo financiero de la misma manera. Parece que para el mundo oriental, materia y espíritu son los extremos de una misma línea, y la banca halal busca invertir en el punto medio, mientras para el mundo occidental son líneas de trabajo totalmente distintas y ajenas entre sí.

Esta separación de la ética social y espiritual del sistema financiero, aparentemente necesaria para Occidente y cuyo aprendizaje intergeneracional inicia en las mismas universidades donde se preparan los futuros financistas, obliga a preguntarnos: ¿el sistema financiero occidental nos llevará a una sociedad solidaria o será causa de un darwinismo social? Y si es cierto que las formas culturales se convierten en elemento intrínseco de la evolución biológica, ¿cuál será el destino de la clase media occidental y cómo influirá biológicamente en la familia y la sociedad a largo plazo?

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