Opinión

Balotaje histórico en Argentina

Actualizado el 15 de noviembre de 2015 a las 12:00 am

¿Puede Mauricio Macri (del Frente Cambiemos) revertir el resultado en la segunda vuelta?

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Balotaje histórico en Argentina

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El balotaje (o segunda vuelta) está en boga en América Latina, y Argentina –que hasta ahora no había seguido esa tendencia– no es la excepción.

Por ello, el próximo 22 de noviembre celebrará un histórico e inédito balotaje para elegir a su próximo presidente, debido a que si bien en la primera vuelta (25 de octubre pasado) el oficialista Daniel Scioli (del Frente para la Victoria) derrotó con 37,08% al candidato opositor Mauricio Macri (del Frente Cambiemos), que obtuvo 34,15%, no consiguió evitar tener que ir a una segunda votación. Para ganar en primera ronda en Argentina, el candidato triunfador debe obtener el 45%, o bien un 40% con una diferencia de más de 10 puntos porcentuales.

En efecto, el balotaje está ganando una importancia creciente en la región para elegir al presidente. Las dos contiendas presidenciales de este año (Argentina y Guatemala) se definirán en una segunda vuelta. De las siete que tuvieron lugar durante el 2014, en cinco casos (Brasil, Colombia, Costa Rica, El Salvador y Uruguay) también hubo necesidad de ir al balotaje. Es decir, siete de las nueve elecciones presidenciales (77%) que tuvieron lugar durante el periodo 2014-2015 debieron ir a una segunda vuelta.

Modalidades. Durante las últimas décadas, la tendencia regional predominante para la elección del titular del Poder Ejecutivo ha sido sustituir el sistema de mayoría relativa con el balotaje o segunda vuelta.

Como consecuencia de estas reformas, en la actualidad y bajo diversas modalidades, 12 de los 18 países contemplan el balotaje. En ocho de ellos –Brasil, Colombia, Chile, El Salvador, Guatemala, Perú, República Dominicana y Uruguay– la mayoría que se exige es del 50% más uno de los votos.

Costa Rica, en el otro extremo, exige un porcentaje significativamente inferior (el 40% de los votos); Ecuador y Bolivia (el 50% más uno, o bien el 40% con una diferencia de más de 10 puntos), y Argentina, como ya se mencionó, el 45%, o bien el 40% con una diferencia de más de 10 puntos).

Solo un tercio de los países no ha incorporado el balotaje a sus sistemas electorales (Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay y Venezuela). En todos ellos, y a diferencia del modelo original francés, la segunda votación se limita a la elección presidencial.

Virtudes y debilidades. Los defensores del balotaje argumentan que los dos objetivos principales del sistema son: garantizar una alta legitimidad de origen del presidente electo y fortalecer la gobernabilidad democrática al promover la formación de alianzas electorales entre la primera y la segunda vuelta, las cuales podrían transformarse más adelante en coaliciones de gobierno.

Para sus detractores, en cambio, el sistema cumple difícilmente con estas supuestas virtudes. Señalan que la elevada legitimidad de origen del presidente puede ser artificial e inestable. Argumentan que genera menores incentivos para el voto estratégico en la primera vuelta, lo cual favorece el incremento del número de partidos.

Advierten, asimismo, sobre la posibilidad de que, indirectamente, promueva problemas de gobernabilidad en lugar de resolverlos, ya que las elecciones legislativas y presidenciales son técnicamente simultáneas; las primeras se definen en la primera ronda, lo que genera el riesgo de que el presidente electo en la segunda vuelta carezca de la mayoría del respaldo legislativo.

Balotaje y reversión de resultado. El balotaje no es el segundo tiempo de un mismo partido; constituye, de hecho, una nueva elección.

El análisis comparado de las elecciones presidenciales latinoamericanas celebradas entre 1978 y el 2015 demuestra que el balotaje no altera el resultado de la primera vuelta en aquellos casos en que el ganador es considerado “el mal menor” por la mayoría de los votantes, aunque no sea el candidato favorito de todos.

Por el contrario, la reversión de resultado tiene lugar cuando una amplia mayoría del electorado comparte un “consenso negativo” en contra del candidato vencedor en la primera vuelta y vota en la segunda a favor del candidato que, en la primera, se posicionó en segundo lugar.

En estos casos, el balotaje permite articular una nueva mayoría para impedir el ascenso a la presidencia de un candidato no deseado que haya resultado triunfador en la primera vuelta.

¿Qué tan probable es revertir los resultados en un balotaje? De las más de 150 elecciones presidenciales celebradas en nuestra región entre 1978 y el 2015, en 81 la norma electoral contemplaba la segunda vuelta. En 43 de estas últimas hubo necesidad de una segunda ronda. Y en 33, de las 43, triunfó en segunda vuelta quien había ganado en la primera, o sea en el 76% de los casos.

Únicamente en 10 ocasiones de dichas 43 elecciones hubo una reversión de resultado. Como podemos observar, tal reversión es poco probable, pero no imposible; ha tenido lugar una vez en Guatemala (1991), República Dominicana (1996) y Uruguay (1999); dos veces en Perú (1990 y 2006) y en Colombia (1998 y 2014); y tres veces en Ecuador (1984, 1996 y 2006).

La otra tendencia regional es que la participación electoral tiende a disminuir durante la segunda vuelta, salvo en casos de elecciones muy competitivas.

La participación ciudadana en la segunda votación es un elemento clave, ya que, de las 10 reversiones electorales mencionadas, en siete de ellas un mayor número de ciudadanos acudió a las urnas durante el balotaje.

¿Qué factores la hacen más factible? Además de las circunstancias concretas de cada elección, hay tres factores que potencian una reversión de resultado en un balotaje: 1) cuando la diferencia entre el primero y segundo lugar en la primera vuelta es inferior al 10%; 2) cuando el porcentaje de votos que obtuvo quien logró el primer lugar quedó por debajo del 40%; y 3) como ya adelantamos, cuando la participación electoral se incrementa en la segunda vuelta.

En Argentina, las características de la victoria de Scioli sobre Macri en la primera vuelta –diferencia de apenas un 3% y un caudal electoral por debajo del 40%– aumentan las probabilidades de que Macri logre revertir el resultado de la primera vuelta y gane el balotaje.

Según las últimas encuestas, Macri aventaja a Scioli por una diferencia de entre 5 a 10 puntos porcentuales. La encuesta de la firma Management & Fit (publicada en el periódico Clarín el 8 de noviembre), establece que Macri capta el 51,8% de los votos, contra el 43,6% de Scioli. Sin embargo, el sondeo aclara que aún hay un 10,9% de indecisos y otro 9,9% que, por el momento, apoya a uno de los candidatos, pero que podría cambiar su decisión antes de los comicios del próximo día 22. Otra encuesta reciente, la de Poliarquía Consultores (publicada en el diario La Nación el 12 de noviembre), coloca a Macri en el primer lugar con un 48,7% y a Scioli con el 40,2%.

La encuesta muestra, asimismo, que el 59% de los electores que en la primera vuelta eligieron a Sergio Massa (también opositor y quien obtuvo el 21% de los votos en la primera vuelta) darán su apoyo a Macri, mientras que únicamente el 22% elegirá a Scioli. Estos electores, en especial los de la provincia de Buenos Aires (el principal distrito electoral del país), son los que terminarán de inclinar la balanza de uno u otro lado en el balotaje. Es en este distrito electoral donde tendrá lugar la batalla final.

Mi opinión: a una semana de la segunda votación, Macri encabeza las encuestas con una cómoda ventaja sobre Scioli, pero nada es definitivo aún.

En este escenario, el debate –el primero en la historia Argentina a nivel presidencial– que tendrá lugar hoy domingo, podría llegar a tener un fuerte impacto en la campaña, sobre todo, en relación con los electores que todavía no deciden su voto.

En este debate histórico, Scioli se juega su último gran chance para recuperar terreno e intentar revertir la desventaja que le diagnostican todas las encuestas.

Daniel Zovatto es director regional para América Latina y el Caribe IDEA Internacional.

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