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Atrapados en el caos vial

Actualizado el 19 de diciembre de 2015 a las 12:00 am

Uno de los problemas más graves del exceso de vehículos es la contaminación

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Atrapados en el caos vial

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En la Gran Área Metropolitana (GAM), vivimos un caos vial que se agrava conforme pasa el tiempo y no se le da solución.

Todos los días quedamos atrapados en interminables presas, donde muchos pierden hasta dos horas para ir y regresar del trabajo. Un 25%, en promedio, de su tiempo efectivo.

Todos los accesos y salidas hacia San José, Heredia, Alajuela, Cartago y los cantones principales del área metropolitana se convierten en grandes parqueos en las horas pico. Más de un millón de personas se movilizan en transporte público hacia San José. Son 18.000 autobuses que circulan por la GAM, con el agravante de que no existen rutas exclusivas para ellos.

Por si fuera poco, el país sufre un atraso en cuanto a la puesta en práctica de opciones tecnológicas para el sistema de pago y carece de paradas, accesos directos y terminales.

Al casco central de San José ingresan diariamente 255.000 vehículos particulares, sin posibilidad de una movilización rápida y eficiente. Los accidentes de tránsito son constantes y el tiempo de espera por un oficial de Tránsito es interminable.

El costo del caos vial supera los $140 millones al año.

Los altos costos del transporte repercuten en nuestras exportaciones pues esto significa hasta un 35% del valor del producto y, para abonar al problema, los contenedores, por falta de rutas alternas, deben ingresar al casco de la ciudad.

Más de 50.000 automóviles nuevos y usados entran en circulación anualmente y la infraestructura se mantiene igual. Muchos costarricenses están obligados a usar el auto a diario porque un servicio público bien estructurado, competitivo, ágil y eficiente no existe.

Cultura y ciudad. Otros problemas que presenta la sociedad costarricense, y que contribuyen al caos vial, son el irrespeto a los peatones, la indisciplina de los conductores, la falta de respeto a los semáforos y señalizaciones, la escasez de inspectores de tránsito y la tensión de las personas ante la incapacidad de llegar al destino en el tiempo programado.

Costa Rica, al igual que otros países, ha hecho del automóvil el centro de su actividad. Las aceras son cada vez más angostas, con distintas superficies, sin regulación y control, y se usan como parqueo a vista y paciencia de las autoridades sin multa alguna.

Contaminación. Uno de los problemas más graves del exceso de vehículos es la contaminación por emisión de gases, que aumenta en un 30% por las presas diarias.

Las emisiones de dióxido de carbono, dióxido de azufre y óxidos nitrosos están causando estragos en nuestra salud y el ambiente. Se calcula que en ocho años circularán más de tres millones de vehículos, a pesar de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha dicho con insistencia que la contaminación afecta seriamente el organismo de las personas.

Más del 25% de los vehículos que circulan tienen problemas de emisión de gases, pues más de 90.000 tienen quince años o más de antigüedad.

Unos 4,53 millones de toneladas de gases de efecto invernadero provienen solo del transporte terrestre.

El desordenado desarrollo urbano pone en riesgo nuestro ecosistema. Nuestra huella ecológica crece y cada vez gastamos más recursos por falta de educación y planificación.

Las emisiones de dióxido de carbono de nuestra flotilla vehicular representan un 27% de la huella ecológica total. Esto significa que no lograremos la meta de carbono neutralidad mientras no cambiemos el modelo de transporte y ordenemos el sistema vial. Preocupante también es la alta contaminación sónica cuyo impacto en la salud es la pérdida la capacidad auditiva de muchos costarricenses.

Planeamiento urbano. Nuestras calles fueron mal diseñadas, a las que existen no se les da mantenimiento y las autopistas no fueron pensadas para la demanda proyectada.

La construcción de anillos periféricos completos y ampliaciones toman decenas de años.

El crecimiento urbano en la GAM es cada vez más explosivo y caótico. A pesar de que se han gastado más de $22 millones en estudios y evaluaciones, no hay todavía un reglamento que ordene las 43.000 hectáreas donde vive el 60% de la población. Lamentablemente, la tendencia de la GAM es aumentar en área, ante la falta de una articulación de la planificación económica, ambiental y física.

La falta de ordenamiento urbano y territorial afecta a 63 de 81 cantones. La anarquía, la improvisación y los intereses individuales son constantes.

No hay escapatoria, tiene que darse un cambio radical en los modelos urbanos, que permitan el desarrollo de ciudades más flexibles con la altura y la densidad.

Los usos mixtos son el futuro para tener la mayoría de las actividades dentro de un perímetro peatonal.

No podemos seguir haciendo ciudades extendidas y articuladas en función del automóvil. No podemos crear grandes suburbios y mallas en la periferia. El actual desarrollo urbano es energética, social y ambientalmente insostenible.

Más del 50% de nuestra factura energética se gasta en transporte. La segregación del espacio urbano está causando una ruptura en el tejido social, con ciudades partidas. Hoy muchos costarricenses viven como en guetos. Hay que regenerar y repoblar.

El cantón central de San José debe rescatarse. Tenemos que ser capaces de cambiar con ingenio y creatividad. No podemos seguir extendiendo los límites de la GAM, hay que aprovechar la infraestructura y buscar la construcción de ciudades más humanas.

Infraestructura. Tenemos cientos de millones de dólares para construir nueva infraestructura. Anualmente, pagamos más de $20 millones en intereses por no utilizar estos recursos. No obstante, regulaciones, la estructura de las instituciones, los interminables trámites, la poca capacidad de gestión, los procesos de expropiación, la descoordinación y las múltiples ineficiencias hacen que nuestra capacidad de ejecución sea compleja, por lo que se necesitan cambios.

Para desventaja de Costa Rica, los otros países mejoran continuamente en este campo, mientras que nosotros tardamos más de veinte años en la construcción de una carretera vital, como la vía a San Carlos, que aún no terminamos.

El 63% de nuestra red vial ya cumplió su vida útil, lo que significa mayores costos logísticos y pérdida de competitividad. La fragilidad de nuestra infraestructura vial es impresionante ante los cambios climáticos.

Ferrocarril. La incorporación del tren eléctrico se vio inicialmente como una solución al caos vial. Pero la verdad es que ha sido una mala experiencia en manos del Estado.

Hace algunos años se intentó dar en concesión el ferrocarril, sin éxito, por las características de nuestro desarrollo que se orientó en cuatro ejes cardinales de forma muy desordenada. La lógica nos indica que la actual vía ferroviaria en el casco central no es la indicada, pues fue diseñada para otros propósitos en otra época.

El actual ferrocarril transporta 30.000 usuarios a diario, 270 días al año, y acumula pérdidas por $220 millones.

Ahora se habla de subvencionar al Incofer con más impuestos a los marchamos y peajes. Lo viable, económicamente para la sostenibilidad, sería evaluar la opción de constituir, mediante una alianza público-privada, el uso de los actuales derechos de vía en un servicio rápido y moderno, con camiones articulados que trabajen con gas y energía solar para reducir la contaminación.

Este modelo de trasporte masivo ha tenido mucho éxito en otras grandes metrópolis. Esto implica terminales modernas, adonde lleguen los buses para trasladar a los usuarios a los múltiples destinos. Alajuela, Heredia, Cartago y Pavas serían los puntos donde iniciar el proyecto.

Hay que buscar soluciones para integrar los esfuerzos en el ordenamiento territorial a la infraestructura y al transporte público. Debemos estar claros en que el gobierno debe hacer alianzas con el sector privado para hallar la solución.

Actuemos. De otra forma, los problemas viales nos van a seguir pasando una carísima factura a la hora de competir contra el resto de las naciones.

El autor es ingeniero.

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