Opinión

Atenas busca una brújula

Actualizado el 26 de febrero de 2015 a las 12:00 am

Opinión

Atenas busca una brújula

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

La campaña política que precedió a las recientes elecciones generales en Grecia marcó un renacer de la jerga populista que tanto daño ha causado en Latinoamérica, Europa y otros puntos del orbe. En esta ocasión, le correspondió al novel partido Syriza, liderado por su juvenil y grandilocuente candidato Alexis Tsipras, una victoria que le permitió cuajar un gobierno de centro-izquierda.

Arrolladora retórica. La arrolladora retórica de Tsipras constituía un réquiem para la austeridad exigida por los organismos financieros y las mayores potencias para los programas de auxilio financiero que, hasta el momento, han mantenido a flote a la legendaria cuna de los grandes filósofos. Pero no solo de filósofos, sino también de miles de millones de dólares de empréstitos foráneos que han sobrevivido los sustos de inminentes congelamientos del debe y el no haber.

No obstante, tras la euforia electoral, sobrevino un remezón de ineludibles obligaciones. No atender deudas sería como un funeral. Pero ¿cómo haría Grecia para cubrir esos saldos multimillonarios? Incumplir conllevaría una salida deshonrosa del eurogrupo y sus organismos, amén de las corridas bancarias y una quiebra soberana, esto es, la quiebra del Estado.

Discursos diferentes. Esa era, precisamente, la impresión que prevalecía en el continente. Tsipras, en calidad de primer ministro, viajó por las capitales del eurogrupo en una gira anunciada a los griegos como las exequias de la austeridad. Pero otro, muy diferente, fue el discurso enérgico que recibió Tsipras de sus colegas. A partir de ese momento, solo cabía una retórica mesurada. No obstante, el zar financiero, Yanis Varoufakis, puso la cara e inútilmente intentó persuadir a sus colegas del eurogrupo. La realidad era que se habían esfumado las esperanzas.

Con la guillotina sobre el cuello, Varoufakis debió aceptar un memorando en el que los acreedores accedían a esperar durante cuatro meses, eso sí, con el requisito inmediato y previo de someter, para el lunes 23, una detallada propuesta con las garantías correspondientes. El Gobierno griego reconoció la deuda, así como los renglones institucionales y financieros que Tsipras había cuestionado durante y después de la campaña electoral.

Chismes y rumores. Los ajustados plazos han alentado un bazar de chismes y rumores en Europa. Las ruinas de los monumentos antiguos lloran por las paupérrimas condiciones que amenazan al pueblo.

Algunos comentaristas continúan lamentando, cada día, que el nuevo Gobierno no fuera capaz de perfilar y detallar ofertas creíbles para la troika supervisora del arreglo, conformada por la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional. Para resumir, según han señalado algunos, Tsipras y su nuevo gobierno, recién estrenado y sin mucha experiencia, tiene enfrente a una troika con aparentes señales de ser un equipo malhumorado y ayuno de piedad.

Pues bien, el día 23, el Gobierno griego arribó con un legajo de Atenas que, aparentemente, gustó y, además, generó un sonoro “OK” para la prórroga de los cuatro meses.

Habrá que esperar a ver qué pasa.

El autor es politólogo.

  • Comparta este artículo
Opinión

Atenas busca una brújula

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota