Opinión

Asamblea tiene que construir su propia agenda

Actualizado el 16 de agosto de 2013 a las 12:01 am

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Asamblea tiene que construir su propia agenda

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Al inicio de esta cuarta y última legislatura, el pasado mes de mayo, la presidenta de la República hizo una seguidilla de encuentros con los jefes de fracción para dialogar sobre asuntos de la agenda legislativa, en un ritual tradicional en este y otros gobiernos.

Me llamó la atención el optimismo con que los convocados abandonaron la sede del Ejecutivo, porque las reuniones fueron más encuentros protocolarios que sesiones de trabajo, y porque no se tomaron previsiones para darle seguimiento a los temas objeto de las conversaciones.

Escucho ahora a algunos jefes y diputados de oposición quejarse de que Zapote no dialoga, trayendo a colación lo estéril de las pláticas de mayo, pero lo que hoy se vive es consecuencia de lo que ha ocurrido a lo largo de los últimos tres años.

La disposición a escuchar, a generar un clima favorable al diálogo productivo y a construir espacios y mecanismos de seguimiento de acuerdos, no ha sido una de las características de la Administración Chinchilla, y parece que no lo será hasta el final de sus días.

Frustrantes experiencias. En ese campo tuve muchas y frustrantes experiencias desde el inicio de este período legislativo, cuando sobre diversos temas de gran interés nacional, como la reforma fiscal, presupuestos públicos, contención del gasto, jurisdicción constitucional, reforma al reglamento legislativo, generación eléctrica y más recientemente la carretera a San Ramón, me acerqué a Zapote para aportar iniciativas, que formalmente fueron bien recibidas, pero nunca pararon en nada.

Por eso no logré entender el optimismo de quienes acudieron a las citas de mayo, pero guardé una leve esperanza de que, de cara al final de su gestión, la Presidenta hubiera hecho un giro en su estilo de mando, estuviera dispuesta a escuchar y a atender sugerencias. Pero nuevamente me equivoqué.

Desde el ámbito parlamentario, llevamos más de dos meses de esta última legislatura y no se ha construido una agenda que nos permita avanzar con paso firme y sobre temas trascendentes para cumplir nuestras responsabilidades constitucionales.

En Cuesta de Moras, la Presidencia del parlamento espera directrices de Zapote que nunca llegan, o llegan a cuentagotas y sobre asuntos de segundo orden. Las jefaturas de fracción semanalmente y hasta diariamente improvisan agendas de escasa trascendencia, buscando más garantizar el movimiento vegetativo del Congreso que entrarle a temas fuertes que siguen ahí, esperando.

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Fábrica de maquila. Hay quienes consideran que se trata es de aprobar leyes, como si la Asamblea fuera una suerte de fábrica de maquila, y se declaran a favor de montar agendas con temas que en la jerga legislativa se denominan “chayotes”, para salir del paso e impresionar a la ciudadanía de que trabajamos y producimos mucho. Está demostrado hasta la saciedad que no es por falta de leyes que el país está como está.

Esta es una tendencia fácil y muy repetida en la historia legislativa nacional, que arroja réditos demasiado escuálidos. Esa no es la vía para lograr que el Parlamento cumpla sus responsabilidades en la Costa Rica de nuestros días. Además, con aprobar muchas leyes, sobre todo de esa naturaleza, ni vamos a incidir en los ejes fundamentales del país, ni vamos a generar leyes de calidad, ni tampoco vamos a alcanzar mejoras en la opinión que los costarricenses tienen de la Asamblea y de los diputados.

El asunto va por otro lado. En primer lugar, la fracción de Gobierno debe romper su absoluta dependencia del Ejecutivo y decidirse a pensar.

El conjunto de los diputados debe generar consensos para construir colectivamente la propia agenda del Parlamento, a partir de proyectos que ya han madurado en la corriente legislativa y que están ahí, esperando voluntad para convertirse en leyes de la República.

Hay asuntos que tienen que ver con salud, otros con derechos de minorías, también reformas relativas al Poder Judicial y sus competencias.

Debemos atender la problemática energética del país, la defensa estratégica del agua, cambiar nuestro sistema electoral, el reglamento legislativo y fortalecer la Caja, entre otros temas de gran relevancia que ya se encuentran en la corriente legislativa.

Quizás mis expectativas superan las posibilidades, pero una agenda de esta naturaleza, aunque no la resolvamos en su totalidad, dejará huella, atenderá asuntos de verdadera trascendencia para el país y, en su tramitación, necesariamente surgirán debates de fondo, de lo que está muy escasa nuestra vida parlamentaria.

Invitación. Con el respeto debido, lanzo una invitación a mis compañeras y compañeros diputados para que nos sumemos en esta aventura, de la que sin ninguna duda saldrán gananciosos el país, nuestras colectividades políticas y nosotros mismos.

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Quizás, a partir de una hoja de ruta de tal naturaleza, alcancemos una mejor calificación de nuestros compatriotas.

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