Opinión

Por qué una Asamblea Nacional Constituyente

Actualizado el 21 de agosto de 2016 a las 12:00 am

Soñemos el porvenir, saquémoslo del alma “con todo el oro que allí acumuló el pasado”

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Por qué una Asamblea Nacional Constituyente

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Instalar o no una Asamblea Nacional Constituyente (ANC) con el fin de promulgar una nueva Constitución Política es una disyuntiva histórica importante, y la vía para resolver este asunto es convocar a un referéndum.

La eventual revisión general de la Constitución forma parte de un proceso mayor de cambio social que incluye la aplicación de leyes existentes, su modificación, la aprobación de nuevas leyes y la introducción de cambios administrativos y de comportamiento cultural en el Estado y en el Gobierno.

Este tipo de transformación exige la creación de una mayoría social y política, y estimo factible que esta se produzca en el marco del debate sobre la necesidad objetiva de promulgar un nuevo orden constitucional.

Lucidez y excelencia. El solo hecho de que estos temas se coloquen en el centro del debate produce un efecto de lucidez en el muy oscuro, insulso y confuso diálogo social que existe en el país, y facilita elevar la calidad del análisis de lo político, sumido en un activismo epidérmico, farandulero y seudoanalítico.

No se puede pensar la sociedad costarricense ni contribuir a mejorar su desempeño cuando se es prisionero del inmediatismo del día a día, combinado con verbalizaciones apresuradas y vulgarización sistemática del pensamiento.

Para que el diálogo propuesto genere buenos resultados, es necesario evitar que se le utilice a favor de intereses políticos a corto plazo o de personalidades políticas; se necesita un movimiento nacional de ciudadanos sin exclusiones de ningún tipo y sin feudos ideológicos que pretendan imponer sus dogmas y sectarismos.

Si los egoísmos destruyen la comunicación y el entendimiento, si se mantiene el puño cerrado y no se aprende el arte de dar la mano, el diálogo sugerido se convertirá en la sombra de muchas mezquindades.

Otro requisito para asegurar la fecundidad del debate es concentrarse en el fundamento cognitivo y pertinencia social de las distintas visiones y propuestas, y abandonar la creencia que divide a los costarricenses en conservadores y progresistas.

La etiqueta que la malignidad humana cuelga en las frentes y espaldas de las personas es inútil. La lógica amigo-enemigo, que tanto daño y sufrimiento causa a la humanidad, idiotiza la convivencia, ella no pertenece a la dialéctica del diálogo democrático, ni al esfuerzo para modernizar el país.

Razones. Existen varias razones para promulgar una nueva Constitución. Enuncio tres:

Primera: Es necesario actualizar el texto constitucional. El país ha cambiado desde 1949, y el balance de ese cambio es positivo, pero después de casi 70 años de estar regido por la Constitución en vigor y de 145 años del texto de 1871, que sirvió de base a la actual, conviene un remozamiento general del orden constitucional.

Refuerza este argumento el hecho de que en 1949 no existían o eran embrionarios algunos de los subsistemas institucionales y sociales que al presente envuelven y determinan la dinámica colectiva, tales como el subsistema nacional de educación superior público-privado, el subsistema de economía laboral o social y el subsistema de ciencia y tecnología.

Segunda: La estructura orgánica del Estado se encuentra atrofiada, corroída en lo profundo, de aquí la conveniencia de proceder a una reforma integral de la Constitución que modifique, por ejemplo, el sistema de elección de diputados, introduzca el voto de censura legislativa con consecuencias políticas, descentralice el ejercicio del poder, fortalezca la autogestión y asegure elevar las capacidades gerenciales del sector público, para solo citar algunas ideas que conviene debatir.

Tercera: La Constitución escrita no expresa a plenitud las condiciones de vida de los costarricenses, y esto aconseja una revisión general para lograr mayor sintonía entre lo escrito y lo vivido. La distancia entre estos elementos se observa en todas las fases de la evolución constitucional y en todos los modelos de desarrollo, es un error concebir el desfase apuntado como privativo solo de los últimos treinta y cuatro años, la historia de las estrategias de desarrollo y su relación con la Constitución no debe interpretarse en clave maniquea, como si unos modelos fuesen buenos y otros malos.

Argumentos en contra. Comento algunos argumentos contrarios a la idea de convocar a una ANC.

Primero: Que la Asamblea Nacional puede suprimir el régimen de libertades, los derechos fundamentales y las garantías sociales. Tal tesis no es válida porque con la promulgación de una nueva Constitución lo que se busca es reafirmar, innovar y actualizar el concepto democrático-constitucional de Estado y sociedad.

La correlación de fuerzas político-sociales hace inviable cualquier propuesta autoritaria o totalitaria, razón de más para abordar el tema del referéndum, de la ANC, precisamente ahora.

Segundo: Que la ANC crea una dualidad de poderes: por una parte, dicha Asamblea, y por la otra, los poderes constituidos. Este argumento confunde los niveles de realidad. Mientras la ANC esté en funciones, los poderes constituidos permanecen en vigor y en acción.

Tercero: Que el país no está preparado para una ANC. Esta tesis implica aceptar la falacia del misionero: creer que una persona o grupo tiene una misión salvadora del colectivo, y que ese colectivo debe subordinarse a la voluntad del iluminado de turno, a quien se le otorga la potestad de decir cuándo y por qué la sociedad está preparada para convocar a una ANC.

Amigo lector y amiga lectora, démonos el placer de visualizar mejores y más altos horizontes para Costa Rica, propiciemos un gran diálogo nacional sobre la ANC y sobre la promulgación de una nueva Constitución, como parte fundamental de la transformación que requiere el país.

Hagamos nuestro el pensamiento de Omar Dengo. Soñemos el porvenir, saquémoslo del alma “(…) con todo el oro que allí acumuló el pasado”.

El autor es escritor.

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