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Asaditas... Asadas

Actualizado el 26 de junio de 2014 a las 12:00 am

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Hace unos 50 años fueron creadas, en nuestro país, las Asadas (Asociaciones Administradoras de Sistemas de Acueductos y Alcantarillados Sanitarios). En su momento cumplieron un papel importante, porque ayudaron mucho a Acueductos y Alcantarillados (AyA), su ente rector, a alcanzar las metas de la época en lo referente a la dotación –en cantidad y (más o menos) calidad– del recurso hídrico en las comunidades rurales. Pero en 50 años el mundo ha cambiado radicalmente, y las Asadas no.

Veamos algunas de sus condiciones más deplorables que han impedido su crecimiento.

Un techo muy bajo. Cuando se fundaron, estas pequeñas administraciones recibieron del AyA lo que mejor podríamos llamar “un hueso con hormigas”, y muchas se han desgastado por años, quitando las hormigas para tratar de conservar el hueso a como mejor han podido.

Para hacer su trabajo les entregaron la posibilidad de administrar el acueducto local, les concesionaron algunas fuentes y les encargaron cuidar del acueducto, del alcantarillado sanitario y cobrar por el servicio. Eso sí, con la condición de que todos los bienes siempre le pertenecerían no a la comunidad, como uno supondría, sino al AyA. Con tanta estrechez de acción y de recursos, y un techito tan bajo (funcionan prácticamente al costo) que obliga a administrar el acueducto como una “pulpería de pueblo”, no se podía esperar mayor crecimiento en todos estos años.

Una espada. Además, cada Asada siempre ha tenido sobre su cabeza, como la espada de Damocles, una ley estricta que obliga, desde luego, a respetarla, pero sobre todo a estar consultando a algún abogado cada paso que se quiera dar y, por ende, a pagar honorarios muy altos para eliminar algunas de esas hormigas con las que tiene que lidiar constantemente. De no hacerlo, cada Asada pondría en peligro, incluso de cárcel, a los miembros de su Junta Directiva, o podría perder la administración del acueducto y la concesión recibida. Con tanto temor, con tanto peligro y tanto gasto, no se puede trabajar y menos crecer.

Genética política. Nacieron ellas, las pobres –para colmo de males–, con una fuerte “genética política”, lamentablemente sin los privilegios de la clase, pero sí han tenido que soportar cierto servilismo disimulado ante los políticos de turno. La injerencia de estos personajes, de diferentes estaturas y con diferente músculo de influencia, ha sido constante, pero ha empeorado ahora cuando se han agudizado los problemas de agua en varias zonas del país, y algunos ven esta crisis como una oportunidad para convertirse en héroes y recoger réditos para su campaña o puesto siguiente.

Estos personajes aparecen por las Asadas, a veces por iniciativa propia, porque la ven como una plataforma –es verdad que pequeña, pero plataforma al fin– para sus aspiraciones más íntimas. Otras veces llegan como voceros de grandes desarrolladores a quienes tienen que pagar favores de campaña. Algunas veces usan “cantos de sirena” para lograr sus objetivos y otras, se acercan tratando a los funcionarios de la Asada como si fueran sus “compadres o compinches”. Ocurre esto porque las decisiones que toma la Asada no son independientes ni autónomas: están encadenadas a las decisiones que toman las municipalidades y a una larga y variopinta lista de entes estatales que manejan los grandes proyectos. Así tampoco se puede trabajar y menos crecer.

Defender el hueso. En ese ambiente “minado” (como decía una amiga mía) sobreviven muchas Asadas. Algunas hasta han alcanzado cierta prestancia en su desempeño y, a fuerza de pelearse con todo el mundo, han logrado defender un marco moral de acción que es admirable. Todo esto a base de un enorme sacrificio personal y familiar de quienes, con una gigantesca vocación de servicio, se echan al hombro la ilusión de sacarla adelante y defender ese huesito a toda costa.

Ahora bien, las Asadas valen la pena, pero ya las comunidades no están para medio administrar sus bienes. Ya hay mucha gente preparada (que no había en los años 60) y que querrían que estas evolucionaran y se colocaran a la altura de nuestros tiempos y del mundo globalizado.

Creo que el paso que deben dar tiene que ir en la dirección empresarial. No hablo de tener solo una administración gerencial (que es el primer cambio), sino una visión empresarial que les permita poseer y administrar bienes, crear algunas unidades de negocio dentro de un marco legal actualizado y con esa visión nueva.

Si solo cambiamos la Ley de Aguas, como ocurrirá dentro de poco, sin abrir las puertas de las Asadas y mirar su interior, cometeremos un gran error. Si queremos mover las piezas y poner las Asadas en otra posición del ajedrez nacional, a lo mejor ya la Ley no va a funcionar o no va a cumplir el papel que se esperaba. Las Asadas son actores muy importantes como para ignorarlas, y si vamos a cambiar la Ley eso quiere decir que tendríamos que cambiar todo el escenario.

Para crecer, a la Asada no le alcanza con las facturas de agua que cobra a cada usuario. Necesita atraer dineros nuevos, tener planes de corto plazo, pero sobre todo planes de mediano y largo plazos. Estos últimos son los más caros porque tendrían que ver con el manejo integral y sostenido de la zona: bosques, cuencas, fuentes, calidad de agua, manejo de desechos, educación ambiental comunitaria, renovación de alcantarillas, de la estructura acuífera, atención adecuada del manejo de aguas negras, de aguas subterráneas, control del desarrollo habitacional y agroindustrial, etc. Para esto se requiere desarrollar, a su alrededor, una empresita que le dé la sostenibilidad y el crecimiento que busca.

Es decir, hay que subir el techo, correr las paredes, ampliar el espacio de acción, gozar de mayor autonomía y que se termine de una vez por todas eso de que una institución respeta la Ley, pero otra se la salta.

Esa corrupción afecta el funcionamiento de las Asadas y las lleva a gastar sumas onerosas en hacer valer la Ley que han puesto en sus manos.

Tal vez se podría hacer un experimento, con esta visión empresarial, con una o dos Sadas y ver cómo funciona.

Ahora bien, yo pregunto ¿quién, en este nuevo Gobierno, quiere tomar la palabra y renovar y fortificar las Asadas con la preparación, la honestidad y el entusiasmo de un visionario o una visionaria?

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