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Actualizado el 25 de octubre de 2012 a las 12:00 am

Sobre la caza deportiva, la posición del exministro Carlos Ml. Rodríguez cambió radicalmente

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Conocí a Carlos Manuel Rodríguez cuando se presentó a mi oficina hace ya bastantes años, para que lo asesorara en su tesis de grado para optar por el título de licenciado en Derecho, la cual versaría sobre la recién promulgada Ley de Conservación de la Vida Silvestre, cuya versión inicial yo había propuesto al entonces Ministerio de Recursos Naturales y luego a la Comisión de Medio Ambiente de la Asamblea Legislativa y que se convirtió en la ley vigente N.° 7317, el 30 de octubre de 1992.

Durante la administración del Dr. Abel Pacheco, fue designado ministro del Ambiente y a raíz de una acción de inconstitucionalidad planteada por la Defensoría de los Habitantes con la coadyuvancia de la Asociación Preservacionista de Flora y Fauna Silvestre (APREFLOFAS), me llamó para que lo asesorara en la defensa de esta.

Por cierto que a la sazón fungía como defensor el Lic. José Manuel Echandi, quien al declararse sin lugar el recurso por los siete integrantes de la Sala Constitucional, me llamó para decirme que por falta de información había planteado este, pero que había quedado totalmente convencido de las razones dadas para rechazarlo.

Dados los antecedentes de don Carlos Manuel, primero como ministro y luego como director en Costa Rica de Conservación Internacional, me llamó muchísimo la atención su artículo “¡Cazadores cazados!”, publicado en LaNación del 15 de octubre en curso, en que manifiesta, entre otras cosas: “Aun cuando apoyo fuertemente esta prohibición (...) no va a disminuir en absoluto la caza”,agregando más adelante:“(...) considero tremendamente acertada la decisión política sobre la prohibición de la caza deportiva ya que es una costumbre o práctica injustificable, irracional e incongruente con el espíritu y valores sociales de la conservación que este país ha venido desarrollando”.

Cambio radical. Me llamó tremendamente la atención por el cambio radical de posición de cuando era ministro, pues en el recurso de inconstitucionalidad relacionado, tramitado bajo el N.° 04-7573- 0007-CO, manifestó lo siguiente: “(...) ha quedado demostrado (que) no existe peligro o amenaza alguna a los elementos de la biodiversidad costarricense por cuanto ni el cinco por ciento de las especies de mamíferos ni el dos por ciento de las especies de aves cuya caza se permite en el país se encuentran en peligro alguno, siendo por lo demás muy abundantes en todo el territorio nacional”.

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En su contestación del indicado recurso el 2 de junio del 2005, manifestó literalmente: “Vuelvo a insistir, una prohibición total de la caza deportiva redundaría en un enorme perjuicio para las especies que se desea proteger y sería violatoria de los tratados y convenios suscritos por Costa Rica, aparte de que nos colocaría a la zaga en el manejo de la biodiversidad biológica que constituye uno de los atractivos turísticos del país”.

Cita ante la Sala Cuarta don Carlos Manuel el Principio Práctico 5 de las Directrices Operacionales de Adís Abeba para la utilización sostenible de la diversidad biológica que hicieron que por unanimidad se declarara sin lugar el indicado recurso por la Sala Constitucional, haciendo una comparación entre el sistema estadounidense de conservación basado en la utilización sostenida y sostenible “con el que impera en algunos países suramericanos donde la caza es ilegal, es decir, en donde en principio, está totalmente protegida”, manifestando que en estos casos,“hay menos investigación, menos infraestructura y menos hábitat para albergar la biodiversidad. Lo que es peor, los recursos naturales se siguen usando, pero su utilización no se destina a la conservación y a la protección ya que lo único que se da es una caza furtiva descontrolada, que desemboca en la reducción drástica de las especies que se desea proteger. El anterior sistema constituye un ejemplo de lo que NO se debe hacer (...). Aunque parezca paradójico, las distintas especies de animales silvestres son cazadas para conservarlas”.

Concluye su alegato don Carlos Manuel con la siguiente frase lapidaria: “En síntesis, que tanto la Ley de Conservación de la Vida Silvestre como la Ley de Biodiversidad, como todos los convenios de que Costa Rica es signataria, como la Convención Internacional para el Tráfico de Especies en Peligro de Extinción, como la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza(de quien don Carlos Manuel es su representante en el país), como la Convención de Biodiversidad, etc., coinciden en cuanto al uso sostenible de los recursos naturales”.

Cierra su alegato a la Sala don Carlos Manuel con la siguiente petición a los magistrados: “El manejo de los recursos naturales en nuestro mundo moderno se ha convertido en una ciencia, cuyo manejo se debe dejar en manos de profesionales en la materia, cuales son precisamente los biólogos de Vida Silvestre. Con todo respeto pero con la mayor vehemencia, les pido a los señores magistrados no cometer el error que se ha cometido en otros países con resultados desastrosos precisamente para la biodiversidad que se desea proteger, de prohibir su uso sostenible. ¡Costa Rica, como destino ecológico mundialmente reconocido, no puede darse ese lujo!” (Firma: Carlos Manuel Rodríguez Echandi, ministro de Ambiente y Energía).

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Como disculpa a don Carlos Manuel por ponerlo en semejante encrucijada, debo cerrar los anteriores comentarios parafraseando la frase atribuida a Aristóteles: “Soy amigo de [Carlos], pero soy más amigo de la [naturaleza]”.

Y como le dijo Mahatma Gandhi al virrey inglés luego de una acalorada discusión por la independencia de la India:

“Que nuestras diferencias políticas no nos separen como personas”.

Ricardo Guardia V. Autor de la Ley de Conservación de la Vida Silvestre N.° 7317.

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