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Arreglos políticos y cisma en la Corte Suprema

Actualizado el 19 de mayo de 2013 a las 12:00 am

La maquinaria de la mayoría aplastó un buen proyecto de Poder Judicial

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Arreglos políticos y cisma en la Corte Suprema

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Sobrevenido el repentino y lamentable deceso de don Luis Paulino Mora, insigne jurista de talla y renombre nacional e internacional, la Corte Plena y el Poder Judicial quedaron impactados. Rápidamente, los mecanismos institucionales dispuestos, permitieron asegurar la continuidad de esos órganos, sin interrupciones traumáticas, asegurando a los ciudadanos la continuidad y estabilidad del servicio público de la Administración de Justicia.

Algunos se empeñaron en lanzar una cortina de humo, afirmando, engañosamente, una grave crisis. Otros se rasgaban las vestiduras, afirmando que la elección del nuevo Papa había sido más rápida, cuando la designación de este es un acto de fe, en tanto que el nombramiento en la Presidencia de la Corte debe ser producto de una decisión racional.

Candidaturas tempranas. Surgieron las candidaturas tempranas para ocupar el máximo solio judicial, se conformaron dos claros grupos que apoyaron a sendos aspirantes.

Un tercer grupo buscó una vía alternativa para redimensionar la hoja de ruta en el gobierno y administración judiciales. El tercer grupo fue, injustamente, satanizado, se adujo que actuaba parapetado en las sombras y la opacidad, procurando acuerdos políticos. Nada más alejado de la verdad, para un sector relevante que buscaba lo mejor, inspirado por los más elevados valores y principios.

Los dos grupos, aglutinados en torno a las candidaturas tempranas, acusaron al tercero de retrasar la designación, cuando lo que propuso este fue reflexionar y meditar sobre el deber ser del perfil de la Presidencia y el norte del Poder Judicial de cara a la sociedad de la información y del conocimiento.

Falta de transparencia. Cuando, finalmente, el grupo que procuraba nuevos derroteros en la Administración de Justicia asomó su candidatura, por generación espontánea o, quizá, por reuniones y arreglos políticos apresurados y furtivos de un fin de semana, surgió un entente político entre los dos grupos que apoyaban las candidaturas tempranas y tradicionales, para impulsar, primero, a una candidata y, luego, al otro candidato. Fueron esos dos grupos los que incurrieron en las imputaciones que le hicieron al tercero, sea retrasar la designación y efectuar pactos políticos. Desde luego, no se trata de demonizar los acuerdos políticos, pero, desde un principio, sin dejar transcurrir los tres meses, pudieron haber arribado al arreglo que pactaron, evitando la angustiosa e incierta situación que alegaban. La falta de transparencia de esos dos grupos, produjo una prolongación innecesaria en la designación.

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El tercer grupo. Los dos grupos tradicionales lograron imponer, con proverbial aspereza, su mayoría, sin considerar las ideas e inquietudes del tercer grupo que buscaba una nueva opción, nombraron sus candidatos en la Presidencia y la Vicepresidencia, precipitando, incluso, esta última designación para cumplir a cabalidad con el arreglo pactado. Se esmeraron en dar una lección de rudeza política al tercer grupo, al fin y al cabo, como lo dijo un destacado político costarricense, “pa’ eso tenemos la mayoría (')”. Las instituciones democráticas no pueden crecer y fortalecerse atropellando y soslayando los intereses de las minorías.

La magistral y arrolladora maquinaria orquestada por la mayoría, lejos de integrar y armonizar, aplastó un proyecto de Poder Judicial respetuoso y promotor de la dignidad humana, la accesibilidad, la imparcialidad y la modernización. Se genera, así, un profundo cisma sobre la visión y misión de ese poder.

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