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Áreas protegidas y bienestar comunitario

Actualizado el 21 de noviembre de 2013 a las 12:00 am

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Áreas protegidas y bienestar comunitario

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En los últimos días, los medios nacionales han venido informando de un proyecto de $25 millones para el mejoramiento de las áreas de conservación de todo el país, lo que evidencia los esfuerzos costarricenses en la temática ambiental.

Esos esfuerzos, sin duda, concuerdan con las políticas y las acciones que el país ha venido adoptando históricamente con el fin de impulsar un verdadero desarrollo sostenible.

Estos recursos son muy necesarios para mejorar las instalaciones de las áreas de conservación, para la vigilancia y, por supuesto, suponemos que para el mejoramiento del ecoturismo, modalidad que trata de equilibrar los beneficios de la conservación y el bienestar de las comunidades.

Sin duda alguna, las áreas protegidas de nuestro país son el atractivo más importante para que nos visiten cerca de dos millones de turistas anualmente; por lo tanto, son un recurso estratégico para el desarrollo de la actividad turística. No obstante, en este proceso, es fundamental reconocer que no hay “conservación sin gente”: los pobladores de esas comunidades, donde se encuentran recursos tan importantes para el desarrollo del país, son fundamentales en la ecuación de cualquier estrategia o proyecto de conservación y protección de los recursos naturales.

Los aspectos señalados son muy importantes, sobre todo porque en una investigación reciente del Ministerio de Planificación y Política Económica (Mideplan) sobre el índice de desarrollo social (IDS) a nivel cantonal y distrital, sugiere que hay una especie de “coincidencia geográfica entre los territorios sometidos a algún régimen de protección y los distritos clasificados en los quintiles más bajos”.

Protección y desarrollo. Así las cosas, siguiendo lo que sugieren los datos, las comunidades que más han cuidado o sacrificado algo por la protección de los recursos naturales de todos los costarricenses son las que engrosan los mayores índices de pobreza.

La situación anterior es muy peligrosa pues la gente, cuando vive en esa miseria, es más vulnerable, y muy probablemente eso signifique que los recursos naturales sean también más vulnerables ante la acción humana.

En ese sentido, tal parece que se deberán considerar más seriamente los beneficios de las áreas de conservación con los pobladores; como dijimos, no hay conservación sin gente.

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Los datos del estudio de los índices de desarrollo social nos dan unos elementos de análisis que se deberán poner en perspectiva a la hora de planificar los procesos de conservación y protección.

El 25% de la superficie terrestre y parte de la marina que está protegida es el mejor indicador de que hemos hecho las cosas bien; pero, al mismo tiempo, el reto está en equilibrar los beneficios sociales y los ambientales.

No puede ser que los más pobres estén viviendo en donde más riqueza podría producirse; es decir, donde están las áreas protegidas.

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