Opinión

Aprendamos a manifestarnos

Actualizado el 05 de diciembre de 2012 a las 12:00 am

Las manifestaciones llamativas pueden atraer aliados

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En esta era de la tecnología, la mejor forma de dar a conocer un mensaje, propuesta o exigencia, es ser noticia en alguno de los tantos medios de comunicación. Pero si no se hace con astucia, el resultado es contraproducente. Tal es el caso de las cada vez más frecuentes manifestaciones callejeras: “hacer ruido” es su única estrategia. Entonces, en vez de darse a conocer positivamente, el efecto es casi siempre negativo. ¿Por qué, a pesar del recurso de redes sociales y otros medios para divulgar o adoptar una idea, la originalidad es casi nula? Las maneras de abordar estos movimientos son repetitivas y aburridas, y por ende poco eficaces.

En Costa Rica hemos vivido cientos de huelgas pesadas, caóticas y violentas. ¿Por qué siempre el tortuguismo, las presas, los bloqueos que tantas veces terminan con palos y piedras? Hay algo que no calza. El costarricense tiene oportunidad de manifestarse por sus derechos, de luchar por algo relevante, pero que luche con productividad. Buscar algo positivo a través de un medio positivo. La crítica no es al motivo, sino al medio utilizado para conseguirlo.

Cada manifestación es un tipo de comunicación, un texto que narra una idea. Si analizáramos cada una como una historia, usando los conceptos básicos, veríamos que tienen un inicio, un desarrollo y un final; cuentan con personajes, protagonistas y antagonistas.

La calidad de una historia está casi siempre en su capacidad de transmitir las ideas de una manera clara, pero a la vez eficaz y original para destacarse de alguna manera. Si los manifestantes fueran capaces de canalizar el potencial narrativo de sus formas de expresarse o de sus acciones comunicativas, sin superficialidades pintorescas o groseras, podrían extender sus ideales y sus propuestas a volúmenes mayores.

En nuestro medio hay muy pocos enfoques novedosos o capaces de plantear nuevas alternativas. Una manifestación con guion y personajes que den vida a un mensaje firme no necesita bloquear las calles y violar el derecho de tránsito.

Los estudiantes chilenos que interpretaron la canción “Thriller” alegando ser zombis en un sistema donde no hay derecho a opinar o replicar en la plaza de la Ciudadanía en Chile, es un excelente ejemplo de originalidad y contundencia.

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En Costa Rica, un buen caso fue la manifestación pacífica del 16 de noviembre, donde vimos en medio de la “masa” caras pintadas como si fueran bocas cosidas, gente repartiendo flores o simulando violencia. Contenido innovador y de calidad, personajes cumpliendo su rol en la historia que estaban desarrollando y que finalizaría con la entrega de peticiones en la Caja.

Lástima los bloqueos que interrumpen la vida de otros, pero es un buen comienzo. En cambio, los motociclistas eligieron la violencia y el atropello. ¿Qué ganaron?

El contraste entre una y otra manifestación nos debería abrir los ojos: nos hemos malacostumbrado al caos y a la disfuncionalidad. Es hora de buscar nuevas formas de destacarse del montón en los espacios adecuados. Las manifestaciones alternativas o llamativas pueden atraer aliados y críticas positivas. Se ha maleducado al manifes- tante y a la audiencia, se complace al violento solo para detenerlo, y casi no se premia al ingenioso porque no causa temor. ¿Qué Costa Rica queremos en un futuro? Ni siquiera nos comunicamos bien.

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