Opinión

Apoyo a la producción agropecuaria nacional

Actualizado el 09 de julio de 2014 a las 12:00 am

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Apoyo a la producción agropecuaria nacional

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Una visión lineal del mundo y una interpretación de corto plazo del papel de los modelos productivos en la economía y la sociedad, en las que se privilegia de manera pura y simple la generación de ganancias, orientan publicaciones recientes del periódico La Nación , entre ellas el editorial “Indefinición de la política agrícola” (19/5/2014).

Para la construcción de sus argumentos –con los cuales intenta adelantarse y ejercer presión frente a eventuales cambios para el sector agropecuario insinuados por el ministro de Agricultura y Ganadería, Luis Felipe Arauz ( La Nación , 12/5/2014)–, no solo se apoya en conceptos e intereses del mercantilismo puro sino que también recurre, de manera errónea, a un informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

Lo anterior se desprende de las palabras del representante de FAO en Costa Rica, José Emilio Suadi, quien, en referencia a la afirmación de La Nación de que el arroz costarricense es el sétimo más caro del mundo, y a pedido de la Corporación Arrocera Nacional (Conarroz), aclaró que “es imposible derivar tal conclusión a partir del cuadro de precios locales que aparecen en nuestros informes” ( La Nación , 17/5/2014).

Más allá de lo expresado en las páginas de La Nación , interesa al Colegio de Ingenieros Agrónomos reiterar su posición en torno a la hoja de ruta que la institucionalidad costarricense debe aplicar en el sector agropecuario.

Visión de corto plazo. En el editorial citado, se denomina “proteccionismo desfasado” a aquellas acciones que el Estado desarrolla en aras de respaldar al productor nacional, al que el editorial considera ineficiente. Y lo dice como si este fuese ineficiente por naturaleza, y el subsidio estatal una acción de por sí dañina para la sociedad.

Ignora, en su visión cortoplacista, que el sector agropecuario sostuvo el timón de este país, generó empleo y sustentó la organización social que, nadie discute, nutrió un sistema político modelo en América Latina.

Olvida también que fueron las prácticas neoliberales de fines del siglo pasado y los desaciertos de nuestros administradores los que nos volcaron hacia un modelo “exportador” con el que se creyó que tocaríamos el cielo. Hoy, la migración de solo dos empresas, afincadas al calor de ese modelo, hace crujir los horcones de nuestro Producto Interno Bruto.

Quienes en la definición de estrategias para los sectores productivos privilegian el lucro, nunca podrán valorar el sentido de los conceptos sostenibilidad y sustentabilidad, y consideran que es “botar plata” cualquier respaldo al sector agropecuario.

En el caso de la protección al sector arrocero, les resulta además una afrenta a los principios del libre comercio que, por cierto, tampoco son plenamente respetados por sus propios promotores.

Para el Colegio de Ingenieros Agrónomos, el del arroz es solo uno de los grandes temas de discusión que deben afrontar la presente y futuras administraciones.

La producción de cultivos básicos y productos no tradicionales de exportación deben ser objeto de programas con apoyo técnico y financiero, para constituirse, en el mediano plazo, en garantía de seguridad alimentaria para los costarricenses.

Defensa del consumidor. La defensa del consumidor que se hace en el editorial de marras ignora las interconexiones entre actores sociales. Una nueva visión de la complejidad e importancia estratégica del agro colocaría en primer plano los enlaces necesarios entre el Estado, los productores y la ciudadanía.

A la gente no se le puede sacrificar indefinidamente en materia de precios de productos básicos en aras de un productor nacional que se encuentra debilitado, pero tampoco debemos enterrar al productor y con ello condenar a la población de manera absoluta a los caprichos del mercado.

La actividad del productor nacional debe crecer en calidad, volumen de bienes y en generación de empleo, y para ello el respaldo estatal es indispensable.

El sector agropecuario, en su conjunto, sigue siendo estratégico y es correcto asumirlo como el arca de salvación en las condiciones extremas que plantean hoy la economía mundial, los retos derivados del calentamiento global y la producción de alimentos para una población en aumento.

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