Opinión

Anarquía

Actualizado el 05 de enero de 2013 a las 12:00 am

El límite paraalcanzar la sociedad que añoramos está en nuestras mentes

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Desde hace años el Dr. Johnny Meoño denuncia que el problema de Costa Rica reside en el incumplimiento de deberes de quienes ejercen la dirección del país y de quienes deben fiscalizar que esa dirección se ejerza de acuerdo con lo que establecen la constitución y las leyes.

Cito textualmente ¿Por quién doblan las campanas?(1997) “Hemos señalado repetidamente que la Contraloría de la República, la Defensoría de los Habitantes, y el mismo Ministerio Público, son corresponsables de este marasmo comportamental en el país pues, teniendo la obligación de denunciar y frenar este proceso de corrupción, parecen o hacer la vista gorda o no contar con la visión o la voluntad necesarias para entrarle a fondo a inventariar siquiera las situaciones más frecuentes de omisiones por parte, sobre todo, de funcionarios superiores, de dicho marco normativo general, que lleva a constantes actos de desacato y de acciones perniciosas para la buena marcha institucional del país y del uso más adecuado posible del enorme gasto público”.

En ¿Cuánto por un país de primer mundo? (2011) señala: “Lo que cada institución tiene que producir está consagrado en su ley constitutiva... No se requieren sesudas investigaciones para señalar a los culpables que estimulan toda una cadena de desenfoques e ilegítimas y malas prácticas que en conjunto malogran la instauración de ese modelo país: el presidente(a) en primer lugar, pues tiene la obligación de conducir a la totalidad de instituciones en su conjunto... Luego, con cada ministro como Poder Ejecutivo debe dar cuentas de grupos de instituciones... para cumplir con las metas que ambos deben imponer a esos grupos de instituciones para lograr que funcionen como un reloj... El origen de esta competencia es constitucional, pero la LGAP... son la base fundamental para una eficaz exigencia de cuentas sobre el presidente y sus ministros...”.

En ¿Importa el futuro del país? (2012) señala: “He sostenido durante décadas que este país presidencial y centralizado podía ser transformado por dos individuos: el presidente de turno, si gobernara como tiene que hacerlo según la Constitución y el sistema de leyes... O, por el contralor de turno si exigiera como tiene que hacerlo, pues la Contraloría tiene las potestades autorizativas o validadoras, y ciertamente refrendadoras de toda la gestión presupuestaria y hasta operativa del sector público”.

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A pesar de lo claras y fundamentadas denuncias del Dr. Meoño, nada pasa, los infractores no se defienden (yo lo haría si fuera inocente), más bien existe una especie de círculo vicioso de infractor-complice: ni se hace, ni se exige que se haga, ya que muchos dentro y fuera del Estado a la vez son corresponsables. Tampoco nadie fuera del círculo actúa, como si la inercia hubiera extendido un manto sobre el país que nos impide despertar de una pesadilla eterna, llena de impunidad, ineficiencia e incapacidad: el presidente no gobierna, el ministro no dirige, contraloría, diputados y jueces no controlan... Entonces, cualquiera argumenta: ¿por qué debo obrar bien en lo privado, si quienes deben dar el ejemplo porque trabajan para la colectividad no lo hacen?

Evado impuestos, bloqueo calles, pago biombos, hago huelgas, golpeo carros, infrinjo leyes, etc. La ley se flexibiliza y la sociedad se vuelve “cara de barro”, las reglas se respetan a conveniencia. El país cayó en la anarquía...

¿Debe reformarse el Estado o debe ponerse a funcionar según establecen la Constitución y las leyes? En parte, el caos institucional reside en el espíritu hiperlegalista que nos rige. Construimos una maraña legal e institucional que muchas veces sirve de justificación para no actuar.

Romper este patrón no será fácil, la resistencia está entronizada en cada uno de nosotros, probablemente si no adquirimos un nuevo pacto social, una especie de “tabula rasa” sobre la cual se escriban acuerdos colectivos básicos que cierren esta triste página y nos proyecten al futuro, seguiremos arrastrando este lastre que nos limita y ancla al subdesarrollo. El gen de la anarquía debe ser extirpado de raíz, y quienes incumplan a partir de ahí deberán responder con todo el peso de la ley.

El límite para alcanzar la sociedad que añoramos está en nuestras mentes, en nuestra pereza de seguir reglas y en lo permisivos que somos cuando estas se violentan. Somos felices por esa flexibilidad, pero seremos más felices en una sociedad más equitativa, responsable y en estricto apego al pacto social que nos une.

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