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Amores paralelos en la red

Actualizado el 06 de diciembre de 2013 a las 12:00 am

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Amores paralelos en la red

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Una amiga mía, quien ejerce la atención psicológica de parejas con problemas matrimoniales, me reveló que, de dos años para acá, se ha incrementado drásticamente el número de pacientes que aducen haber vivido una infidelidad por parte de sus parejas, a causa del uso indebido de las redes sociales.

El origen de ese fenómeno, por demás comprobado en otras latitudes, era de esperarse. Las redes sociales son un extraordinario medio de comunicación social y de proyección de la personalidad de quienes las utilizan. Es un instrumento de mucha ayuda, en el tanto su uso sea conforme el propósito por el que fue creado.

Existe una clara despersonalización de las relaciones humanas con la aparición de las redes sociales. Parte de ese cambio redunda en la facilidad con que las personas pueden establecer relaciones más que amistosas, sentimentales y hasta sexuales con otros cibernautas.

Lo que sucede es que, en la complejidad del comportamiento humano existe un sinnúmero de causas por las cuales las personas apuestan a buscar amistades “en línea” en lugar de mantener o mejorar la comunicación con sus propias parejas. Maltrato físico, emocional, desatención de deberes económicos y abandono presencial son los motivos más recurrentes que dan pie a esos comportamientos.

En todas partes. El problema se acentúa con el posicionamiento de la tecnología que se puede utilizar a toda hora. Ejemplo de ellos son los teléfonos inteligentes que permiten a través de diversas aplicaciones el uso de las redes sociales de forma permanente y en tiempo real, mientras la persona está fuera de su hogar.

Desde ese supuesto, no habría posibilidad de descubrir una infidelidad por tanto los elementos delatores cambiaron radicalmente. Recordemos que las relaciones por las redes sociales son, en mucho, distintas a las que se pueden establecer en persona física.

A través de una fría pantalla de computadora, las personas pueden variar, inclusive adoptar, distintas formas de proyectar su imagen con el fin de causar la mejor impresión posible en el destinatario de turno. Las posibilidades de hacerlo son muchas: a través de fotografías de perfil modificadas o con el uso de datos que ni siquiera corresponden a la realidad personal de la persona dueña del perfil.

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De esa forma, resulta muy fácil que cualquier persona (enfrentando una crisis matrimonial e incluso sin ella) se ampare en la imagen proyectada de una persona desconocida en la red, escribiéndole lo que quiere leer y recibiendo el “afecto” que le hace falta en su matrimonio.

Ello, sin duda, genera sensibles complicaciones en el seno de la pareja, pues la dependencia de alguno de los cónyuges, por estar presente en la red social, puede crear un distanciamiento considerable con su esposo o esposa, entorpecer la comunicación entre ambos, pues como alternativa tiene, como opción, a un tercero desconocido que le está “ayudando” a sobrellevar “su crisis” con todo lo que su pareja real no le ofrece.

Sin remordimientos. Según estudios, verbigracia, realizados por la Universidad Tecnológica de Texas y The Huffington Post, en Estados Unidos, la pareja que incurre en esta práctica no está consciente de que está cometiendo una infidelidad: tiene la certeza que de “ahí no va a pasar”; sin embargo, la línea que delimita lo virtual de la realidad es tan delgada que se rompe con el simple hecho de pasar, de lo primero a lo segundo, con una sola cita.

Existe un alto grado de probabilidad de que las parejas cuyas relaciones afectivas son mantenidas a través de redes sociales con desconocidos y, luego, se conocen personalmente, y tienen un encuentro íntimo, corren el riesgo inminente de que, si ese encuentro resulta placentero para ambos, esa relación extramarital tiene muchas posibilidades de repetirse en el tiempo.

No es de extrañar, por tanto, que muchos profesionales en psicología recomienden a las parejas eliminar las redes sociales de su vida matrimonial o, en último caso, crear un perfil común, a nivel familiar, donde ambos cónyuges compartan amigos, fotografías y mensajes.

En el paralelo legal, resulta necesario que las leyes y la jurisprudencia en materia de Familia sean actualizadas a esta nueva forma de infidelidad, delimitar su contenido, alcances y efectos en el vínculo matrimonial pues resultaría interesante dilucidar si un contrayente que ha mantuvo una relación “sentimental” por la red podría ser acusado como culpable en un proceso formal de divorcio, bajo la causal de infidelidad.

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La red social no es la causa directa de la infidelidad de las personas, pero se ha constituido en un medio formidable para encausarla. Así parece estarse demostrando, conforme más personas tienen acceso a Internet.

Dentro del marco de las relaciones de pareja, reflexionemos sobre la importancia de valorar lo que tenemos a nuestro lado y no dejarnos influenciar por una imagen que bien podría ser contraria a la realidad. Y es que las consecuencias se pagarían a un alto costo.

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