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América Latina: un nuevo ciclo electoral

Actualizado el 29 de septiembre de 2013 a las 12:05 am

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América Latina: un nuevo ciclo electoral

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En América Latina, el 2013 es un año electoral de gran trascendencia. Durante la primera parte tuvo lugar la reelección de Rafael Correa en Ecuador, la victoria de Nicolás Maduro en Venezuela y el regreso del Partido Colorado en Paraguay, de la mano de Horacio Cartes. En los próximos tres meses, la agenda electoral contempla cuatro citas de mucha importancia para la región: elecciones legislativas en Argentina (27 de octubre), comicios presidenciales en Chile y Honduras (17 y 24 de noviembre, respectivamente) y elecciones municipales en Venezuela (8 de diciembre).

Nos encontramos ante procesos electorales que pueden provocar cambios determinantes en cada uno de los cuatro países. Por ejemplo, el principio del fin de la hegemonía kirchnerista en Argentina, o el regreso al poder, en Chile, de la vieja Concertación, ahora Nueva Mayoría bajo el liderazgo de Bachelet, y la posibilidad de asistir al fin del histórico bipartidismo en Honduras, así como a un renacer o a un mayor debilitamiento (iniciado con la muerte de Chávez) del “socialismo del siglo XXI”.

Contexto regional. El 2013 es un año cargado de simbolismo. Hace 35 años se inició la Tercera Ola democrática, que arrancó en República Dominicana y se propagó por toda la región en etapas sucesivas. Además, constituye un año bisagra entre el ciclo electoral 2009-2012, en el que tuvieron lugar 17 elecciones presidenciales, y este que ahora comienza.

Del 2013 al 2016, 17 de los 18 países de la región (salvo México) celebrarán elecciones presidenciales. En total, 34 procesos electorales presidenciales en tan solo ocho años. La región nunca había experimentado una agenda electoral tan intensa e importante en un periodo tan corto.

Del 2009 a la fecha, los comicios se han desarrollado dentro de un especial y variado contexto regional económico, social y político: alto crecimiento económico en América del Sur, al menos hasta el 2013, y menor en México, América Central y el Caribe. En caso de que se prolongue la actual ralentización económica, podrían crearse serios problemas sociopolíticos, ya que los Gobiernos contarían con menos ingresos, lo cual redundaría en déficits y menor margen de acción para sostener el gasto social.

En la actual coyuntura, a la desaceleración económica se suma un creciente malestar social que se expresa en un incremento de las demandas ciudadanas (sobre todo, de las emergentes y heterogéneas clases medias), que, si bien no muestran desafección “con respecto al sistema democrático”, sí lo hacen con “el funcionamiento de la democracia”, sobre todo debido a las carencias del Estado para poner en marcha políticas públicas eficientes en los ámbitos de servicios de transporte, seguridad ciudadana, educación y sanidad, entre otros. En los últimos meses hemos sido testigos de las manifestaciones que han tenido lugar en Chile, Brasil y Argentina, pasando por Colombia, Perú y México.

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No olvidemos que a este “malestar con la política” (caracterizado por una crisis de representación y falta de transparencia), y a esta “revolución de las expectativas” de las clases medias, se agrega una debilidad social que se viene arrastrando desde hace décadas: altos niveles de pobreza (que, si bien han disminuido significativamente, afectan aún a un tercio de la población) y las tasas más altas del mundo en desigualdad social, todo ello acompañado de elevados niveles de corrupción y de inseguridad ciudadana. Como se puede apreciar, esta es una combinación inédita y compleja que, si bien no atenta contra la continuidad de la democracia, sí afecta significativamente su calidad y gobernabilidad.

Próximas elecciones. En la recta final del 2013, Chile y Honduras celebran elecciones presidenciales; Argentina, legislativas y Venezuela, municipales.

Nueve candidatos se preparan en Chile, aunque la pelea se dará entre la expresidenta Michelle Bachelet (2006-2010) y Evelyn Matthei, candidata de la Alianza (coalición de centroderecha que agrupa a la UDI y a RN). Según la encuesta del CEP de fines de agosto, Bachelet parte con una gran ventaja sobre su rival (44% de intención de voto frente a solo 12%), mientras la campaña de Matthei no acaba de arrancar.

La elección está preñada de simbolismo. Por un lado, tiene lugar el mismo año en que se cumplen 40 años del golpe militar de 1973 que sacó del poder al presidente Salvador Allende y, por el otro, la disputa se centra en dos hijas de sendos militares que desempeñaron papeles muy diferentes durante el régimen militar –el general Bachelet, contrario al golpe y que murió a consecuencia de las torturas sufridas durante su detención, y Fernando Matthei, quien formó parte de la Junta militar liderada por el general Augusto Pinochet–. De mantenerse las tendencias actuales, el triunfo de Bachelet parece asegurado. Lo que está menos claro es si Bachelet logrará ganar en primera vuelta y qué respaldo obtendrá en el Congreso.

En Honduras, las elecciones se realizarán en un contexto de alta violencia (85,5 homicidios por cada 100.000 habitantes), combinado con una de las tasas de pobreza (66,5%) y de desigualdad (índice de Gini de 0,5552) más elevadas de la región. Es muy probable que estas elecciones pongan fin al histórico bipartidismo (Partido Liberal frente a Partido Nacional) ante la emergencia desde la izquierda del nuevo Partido LIBRE, que encabeza Xiomara Castro, esposa del expresidente Manuel Zelaya, y que por ahora se mantiene al frente de las encuestas (según datos de la medición de CID-Gallup de esta semana), seguida por muy estrecho margen de diferencia (empate técnico) por el candidato oficialista del Partido Nacional, Juan Orlando Hernández, el periodista Salvador Nasralla, del Partido Anticorrupción, y por Mauricio Villeda, del Partido Liberal.

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Las elecciones legislativas argentinas llegan tras la celebración, en agosto pasado, de las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO), que arrojaron un avance de lo que podría ocurrir el 27 de octubre. En estas, el kirchnerismo sufrió una fuerte derrota ante el peronismo antikirchnerista, unido en torno al intendente del municipio de Tigre, Sergio Massa, el radicalismo y el macrismo, que lograron apoyos significativos. De confirmarse en octubre el castigo al kirchnerismo, en términos similares o aun peores que durante las PASO, se abrirá un periodo de transición muy complejo (bajo la sombra del fenómeno llamado “pato rengo”), que se prolongará hasta las elecciones presidenciales del 2015.

Venezuela cerrará la agenda electoral de este año con comicios municipales (convertidos en un plebiscito simbólico) que servirán para medir el grado de apoyo o deterioro del gobierno de Nicolás Maduro (lastrado por divisiones internas, inflación que ronda el 45%, desabastecimiento de más de 20% y altos índices de inseguridad y corrupción) y la fortaleza o debilidad de la oposición liderada por Henrique Capriles. Según el respetado analista Luis V. León, “la división de fuerzas políticas está muy equilibrada y no son ciertas ni las tesis chavistas que indican que la oposición está devaluada, ni las consignas opositoras que plantean que a Maduro no lo quiere ni su mamá”. Los números de encuestas recientes confirman esta apreciación, pero las cosas pueden cambiar de aquí a diciembre.

Mi opinión. Los resultados de estas cuatro elecciones serán una nueva muestra de la heterogeneidad regional. Es casi seguro que en Chile ganará Bachelet y que, por lo tanto, habrá alternancia. Es bastante probable que, en Argentina, el kirchnerismo reciba en las urnas un castigo similar o aun peor que en las PASO, lo que abrirá una transición compleja hasta las elecciones presidenciales del 2015. En cambio, el panorama es menos claro en Honduras y Venezuela. El regreso del zelayismo al gobierno, vía la esposa del expresidente Zelaya, tensionaría aún más la situación política en un país que ya padece un contexto complejo y una gobernabilidad precaria. De ahí que, en mi opinión, habrá hasta el último momento un esfuerzo sostenido de muchos sectores conservadores para evitar que ello ocurra. Finalmente, en Venezuela todo indica que, más allá del resultado, la polarización sociopolítica entre chavistas y antichavistas continuará, y que, de ambos sectores, el que sufriría un mayor debilitamiento, en caso de una derrota, sería la oposición.

Daniel Zovatto. Director regional, IDEA Internacional para América Latina y el Caribe.

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