Opinión

Alfredo Mainieri, padre de la Geotermia en Costa Rica

Actualizado el 30 de enero de 2013 a las 12:00 am

Don Alfredo dedicó su vida al desarrollo geotérmico a la altura de los mejores del mundo

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Alfredo Mainieri, padre de la Geotermia en Costa Rica

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La historia de la Geotermia en Costa Rica estará permanentemente ligada a la figura emblemática de don Alfredo Mainieri Protti. Más que su carrera profesional, es su vida entera la que entregó para que nuestro país contara, como es el caso, con un desarrollo geotérmico a la altura de los mejores del mundo entero.

Don Alfredo, quien acaba de dejarnos solos mirando a los volcanes que él tanto estudió, nació en Puntarenas en setiembre de 1943. De origen italiano, la familia de su madre había llegado a Costa Rica en 1890. En la ciudad de San José creció y realizó sus estudios primarios y secundarios en la escuela Don Bosco y el Colegio Los Ángeles, respectivamente; finalmente se graduó de bachiller en el Liceo de San José.

Don Alfredo estudió Geología en Italia e ingresó al Instituto Costarricense de Electricidad en 1969, donde laboró sin descanso hasta sus últimos días, donde se le tenía como una de las figuras emblemáticas de la institución y un referente del desarrollo de la geotermia en la región.

En 1974 se especializó en Geotermia en el Instituto Ricerche Geotermichen de Pisa, Italia, y un año después empezó a formar parte del grupo que inició los estudios del Proyecto Geotérmico de Guanacaste, mediante los cuales se descubrió el Campo Geotérmico Miravalles, y posteriormente el Campo Geotérmico Las Pailas, de donde proviene en la actualidad el 14% de la electricidad que produce el país.

Por su destacado legado en el campo geotérmico y su aporte al desarrollo eléctrico del país, en el 2008 fue nombrado “Miembro Emérito” del Colegio de Geólogos de Costa Rica, del cual fue fundador en 1973.

Fue en la década de los años setenta cuando se comenzó a dar los primeros pasos para la utilización de la energía geotérmica, impulsados por la crisis derivada del embargo decretado por los países de la Organización de Países Productores de Petróleo (OPEP). Como resultado de los estudios realizados en ese entonces, se escogió el volcán Miravalles para comenzar con los primeros estudios a nivel de factibilidad. En 1979 se perforaron los primeros tres pozos profundos, lográndose obtener una muestra de que la energía existía y que estaba ahí confinada esperando a ser explotada.

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De 1984 a 1986 se perforan otros seis pozos con lo cual se confirmó de manera definitiva que Costa Rica poseía el recurso geotérmico. Además, la experiencia acumulada en la investigación y explotación de esta particular fuente de energía permitió emprender los estudios de factibilidad de la primera planta geotérmica. En aquel entonces, sin embargo, faltaba algo importante y fundamental: obtener los recursos financieros necesarios, por lo que había que convencer a diversos actores políticos, financieros, ambientalistas y de la sociedad civil de la conveniencia de echar a caminar un ambicioso proyecto de innovación en las fuentes de generación con recursos renovables del país.

Obtenidos los recursos financieros, en 1988 se dio el banderazo de salida, y se colocó la primera piedra de la Planta Miravalles I. Seis años más tarde, en marzo de 1994, se inauguró la primera unidad que produce 55 MW de energía limpia, totalmente costarricense y constante a lo largo de todo el año.

Pero el camino ya estaba abierto. Es así como en 1998 se inauguró la segunda unidad con capacidad para generar otros 55 MW. En el año 2000 entró en operación la tercera unidad construida por el sistema BOT (Construcción, Operación y Transferencia) con una potencia de 29,5 MW.

La última unidad construida en el Campo Miravalles fue inaugurada en el 2004, desarrollándose así el primer sistema binario mediante el cual se aprovecha el calor de las aguas residuales. Y en 2012, se inauguró la Planta Pailas I, en el nuevo desarrollo del Campo Geotérmico de Pailas. Pero don Alfredo soñaba, y ya trabajaba, para ver en funcionamiento Pailas II.

Don Alfredo fue el líder de todo ese complejo proceso: su aporte lo vio concretado a través de una trayectoria de cerca de cuatro décadas en el ICE, caracterizada por su visión, talento y entrega a la investigación y búsqueda de fuentes de energía constantes y limpias, para beneficio del país y el planeta.

La industria geotérmica está inmersa en un mar de transformaciones. Al recordar las palabras de don Alfredo, en razón de la inauguración de la Planta Geotérmica Pailas I, nos llenamos de optimismo y fe en sus resultados. Don Alfredo creía que la inauguración de un nuevo campo geotérmico permitiría no sólo el desarrollo de Pailas I, sino muchas plantas más; lo creía porque estaba convencido del valor de la gente que él formó, sin esperar nunca reconocimientos. Fue su compromiso, hasta el final de su vida, la mejor muestra de que el futuro es promisorio.

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Aquel día dijo: “'Hemos generado a través de estos años energía limpia, hemos formado nuestros propios técnicos y profesionales, hemos instalado, con la que hoy se inaugura seis plantas geotérmicas que han venido funcionando eficientemente, hemos adquirido maquinaria, equipo y herramientas de última tecnología, hemos innovado nuevas tecnologías y algunas únicas en el mundo como es el aprovechamiento del vapor producido por pozos ácidos, los cuales son desechados en otros países, mientras en Costa Rica hemos logrado ponerlos a producir, gracias al ingenio, innovación y dedicación de nuestra gente...”.

Palabras visionarias del padre de la Geotermia en Costa Rica, quien nos acaba de dejar.

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