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Alentar el consumo de marihuana es un riesgo

Actualizado el 08 de mayo de 2017 a las 10:00 pm

Es erróneo pensar que el cannabis es una sustancia inofensiva y hasta medicinal

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El auge sobre la legalización de la marihuana en el país ha alcanzado un nivel de complejidad que, lejos de ubicarnos en el serio problema que representa una reforma, ha creado la percepción de que estamos frente a una sustancia inofensiva y hasta medicinal. Nada más erróneo y alejado de la realidad.

Esto nos enfrenta a una situación que afecta a la población y particularmente a los jóvenes, pues la distorsión que ha generado el discurso flexible y ligero sobre el uso de esta droga los induce a bajar la guardia, querer experimentar y quedarse en lo que muy probablemente terminará en una adicción que afectará su desarrollo físico y social.

Consumo en aumento. La más reciente evidencia científica del Instituto sobre Alcoholismo y Farmacodependencia (IAFA) constata el repunte en la cantidad de muchachos que están usando esta sustancia dañina e ilegal. De acuerdo con la Encuesta sobre Consumo de Drogas en Población Secundaria 2015, la ingestión activa de marihuana entre los colegiales pasó de un 1,9% en el 2006 a un 4,9% en el 2015.

Por otra parte, la VI Encuesta Nacional sobre Consumo de Drogas en Población General 2015 ratificó los datos supracitados, al reportar una prevalencia del consumo activo del 4,9% entre la población de 12 a 19 años.

Llama la atención que un 60% de los jóvenes consideró que la marihuana es menos dañina cuando se usa de manera frecuente, producto de la falsa postura que coloca a esta droga psicoactiva como benigna.

Y las cifras no se quedan ahí, un estudio del Instituto Costarricense sobre Drogas (ICD) entre colegiales ratificó el crecimiento de consumo de cannabis, al demostrar que las sustancias más utilizadas por los jóvenes en el 2005 eran el alcohol, el tabaco y la marihuana, mientras que en el 2015 ese mismo informe elevó la marihuana al segundo lugar.

A esto se suman los constantes decomisos de cannabis efectuados en zonas urbanas y rurales de todo el país. En el 2011, según datos del ICD, se incautaron seis toneladas mientras que en el 2015 subió a 11 toneladas; es decir, 90% más.

Un reto en salud. La planta de cannabis como tal no tiene indicación medicinal por su gran cantidad de compuestos. Si bien algunas especies de cáñamo son utilizadas para aliviar malestares producidos por la quimioterapia o alteraciones neurológicas, el mercado ya tiene los medicamentos científicamente probados para tratar esos padecimientos.

El consumo de marihuana genera a corto, mediano y largo plazo graves consecuencias en el ámbito biológico, psicológico y cognitivo de las personas y su desenvolvimiento en la sociedad.

En los últimos años se ha presentado un incremento de las atenciones en los hospitales y centros de atención de pacientes del IAFA, consumidores de marihuana que presentan estados mentales alterados, ansiedad, pánico y hasta cuadros psicóticos.

En el 2011, nuestra institución brindó tratamiento a 1.235 personas por consumo de marihuana mientras que en el 2015 la cifra llegó a 4.752; es decir un 400% más. Este aumento empezó a mostrarse entre el 2013 y el 2014, lo que coincide con el inicio de la discusión de su despenalización en el país.

Datos de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) sobre egresos en el Hospital Psiquiátrico Manuel Antonio Chapuí indican que la cifra de quienes sufrieron dependencia a la marihuana en el 2014 llegó al 51,3%, y en cuanto al trastorno psicótico la cifra pasó de un 0% en 1994 a un 24,4%.

Como vemos, la marihuana genera dependencia: si el consumidor tiene menos de 25 años aumenta el riesgo de desarrollarla. Se calcula que de cada 11 personas que la usan, una se hará adicta. Esta tasa aumenta al 17% si se empieza a consumir en la adolescencia y sube entre un 25% y un 50% si se consume a diario.

Objetivo común. Más que números, son seres humanos los que están siendo alentados a consumir marihuana sin medir sus graves consecuencias. La población debe estar alerta sobre la magnitud del problema y el daño que produce.

En vez de seguir modas y asumir comparaciones absurdas frente a la realidad de otros países, la reflexión debe ser profunda, poniendo como derrotero el bienestar e interés común de las personas, las familias y la sociedad costarricense en general.

El papel de los padres y educadores se torna medular. Con información precisa y de fuentes confiables, podrán empoderarse para ayudar a sus hijos a tomar decisiones que favorezcan su salud y calidad de vida.

El autor es director general del IAFA.

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