Opinión

Alberto Morales: El poder de 1.800 millones

Actualizado el 30 de mayo de 2015 a las 12:00 am

El país debe invertir e involucrar a los jóvenes en políticas públicas para su desarrollo

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Alberto Morales: El poder de 1.800 millones

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Un informe del 2014 del Fondo de Población de las Naciones Unidas (Unfpa), titulado “El poder de 1.800 millones: los adolescentes, los jóvenes y la transformación del futuro”, se inicia con la siguiente frase: “Nunca antes había habido tantos jóvenes. Es poco probable que vuelva a existir semejante potencial de progreso económico y social, como en estos momentos en donde hay más jóvenes entre 10 y 24 años que nunca antes en la historia de la humanidad… el modo en que abordemos las necesidades y aspiraciones de los jóvenes determinará nuestro futuro común”.

Esta cifra de 1.800 millones representa el total de personas en el mundo entre los 10 y 24 años de edad. 158 millones viven en América Latina y el Caribe, lo que representa el 30% de la población total, porcentaje similar al de Costa Rica (alrededor de 1.300.000 personas).

El informe resalta que las inversiones en juventud no solo están en función de responder a las necesidades de los jóvenes, sino que son requisito indispensable para el desarrollo sostenible. Destaca que para garantizar esta única oportunidad histórica, la educación es fundamental. Para que esto sea real, los jóvenes deben adquirir destrezas y conocimientos pertinentes para la sociedad actual que les permitan convertirse en innovadores, pensadores y capaces de solucionar problemas.

También son esenciales las inversiones en salud, incluida la sexual y reproductiva.

Invertir en la escolarización y la salud de los jóvenes no solo mejora su bienestar inmediato, sino también la posibilidad de que encuentren empleo, su productividad y sus ingresos, señala la Unfpa.

El que 52% de las personas menores de 24 años no hayan terminado la secundaria y que la cobertura de la CCSS de la población de 10 a 20 años no alcance el 30%, son dos ejemplos trágicos de la desatención y abandono de este sector y ejemplo de lo mal que estamos enfrentando esta única oportunidad histórica.

Impacto amplio. Las políticas destinadas a empoderar a los jóvenes, junto con los esfuerzos para involucrarlos de forma activa en las decisiones que afectan sus vidas y dan forma a su futuro, pueden marcar la diferencia entre una tendencia demográfica que lastra las economías y otra que las reflota, mediante un dividendo demográfico, añade el citado informe.

Este dividendo demográfico es el potencial de crecimiento económico capaz de producirse como consecuencia de los cambios registrados en la estructura de edades de una población, sobre todo cuando la proporción de la población en edad activa (entre los 15 y los 64 años) es mayor que la de la población que no se encuentra en edad activa (de 14 años y menores o de 65 años y mayores). Dicho potencial puede ser enorme, siempre que existan políticas económicas de apoyo y que las inversiones en capital humano, especialmente en jóvenes, sean considerables y estratégicas.

El dividendo demográfico no se materializará plenamente sin un marco económico y político sólido que lo respalde.

Para que un país obtenga un dividendo demográfico, antes debe experimentar una transición demográfica, que implica pasar de tasas de fecundidad y mortalidad altas a bajas, como sucede hoy en Costa Rica.

En contraste, la estrechez de miras para reconocer y aprovechar estos beneficios generará que se pierdan las oportunidades ya prácticamente agotadas que ofrece la próxima generación.

Este informe debería ser motivo de análisis y reflexión para nuestros gobernantes y para los responsables de instituciones claves relacionadas con adolescentes y jóvenes.

La indolencia para responder a las necesidades y problemáticas de esta población –que raya en la irresponsabilidad estatal– pone al país en riesgo de que se desaproveche su bono demográfico, que se proyecta terminará en el 2039, y deje a personas en condiciones reales de desventaja e impacte la economía y las condiciones de vida de los habitantes.

(*) El autor es jefe de la Clínica de Adolescentes del Hospital Nacional de Niños

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