Opinión

Alberto Cañas, vigía de la democracia

Actualizado el 24 de junio de 2014 a las 12:00 am

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Alberto Cañas, vigía de la democracia

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Defendió la tolerancia con radical intransigencia. Aparente contradicción de convencido demócrata vocacional. Las libertades políticas y los derechos soberanos se defienden, pero no se discuten, y, en el ejercicio del poder, el respeto al principio moral es valor superior.

Perteneció al grupo político que proponía la socialdemocracia. Cuando sus dirigentes abandonaron los principios, se apartó, denunciándolo públicamente. Estaba convencido, desde muy joven, que su misión era pensar la verdad y, una vez pensada, expresarla, aunque luego se le viniera el mundo encima.

Primero, ser honrado. Para él, cultura, política y moral deberían marchar, siempre unidas, por el mismo sendero. Profesor de integridad, con palabras sencillas dedicó su vida a mantener la honradez en el desempeño de todo cargo público. “Primero, ser honrado, después todo lo demás”, repetía con insistencia. Su labor docente, en este campo, trascendió las palabras para enseñar con el ejemplo. Pocos ciudadanos en Costa Rica han ejercido tantos puestos públicos como él y nunca nadie dijo, cuando cerraba la puerta de su despacho oficial, por última vez, al finalizar sus labores, que salía con los bolsillos más abultados de lo que estaban cuando inició su trabajo. No tuvo jamás preocupación por la riqueza. Vivió modestamente con una sola y casi aberrante obsesión: respetar en todo momento su rectitud intelectual.

Vigía permanente. Hombre recio, Alberto, ciudadano total. Un día descubrió, hace muchos años, que alguien se estaba robando la democracia y, desde entonces, construyó su atalaya autodeclarándose su vigía permanente, y, así, hasta el último día de su vida.

“Algunas cosas se les pueden perdonar a los funcionarios públicos en el desempeño de su trabajo, pero al único que no se le puede perdonar jamás es al ladrón”, manifestó en una charla partidaria. Palabra dura, palabra fuerte, retadora palabra de un hombre totalmente convencido de que la democracia solo funciona bien cuando está en manos de personas que saben ser consecuentes con todo lo que significa honorabilidad y decencia.

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