Opinión

Alabanza del optimismo

Actualizado el 10 de diciembre de 2013 a las 12:00 am

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Alabanza del optimismo

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Los hechos de la vida escapan, a menudo, de nuestro control. En cambio, el cómo reaccionamos ante ellos sí nos brinda un margen de mayor de decisión. La gastada figura del vaso medio vacío o medio lleno es un tópico tan cansino que resulta insuficiente para explicar las virtudes y dificultades del optimismo.

Para filósofos como Baruch Spinoza y Alexander Pope, el mal es una mera apariencia y postulan únicamente la existencia del bien. Por decirlo de alguna manera, el filósofo más radical fue Gottfried Leibniz, quien en su Teodicea pontificó que en cada momento vivimos en el mejor de los mundos posibles, el cual es expresión de la absoluta sabiduría y poder de Dios. Para este pensador, el mal no es más que un bien preferible a la nada.

A estas alturas, muchos lectores estarán pensando e, incluso, vociferando que, si esta realidad expresa el pensamiento de Dios, entonces se trata de un dios perverso... ¡Calma!, se trata de la expresión exaltada de un pensador en un contexto distinto al actual. Con la Ilustración, el genial Voltaire (François Marie Arouet) popularizó el término “optimismo” y se burló de Leibniz a través de su obra Cándido ( Candide, ou l'optimisme , 1759), cuya lectura es muy recomendable.

Schopenhauer, reciclando a Aristóteles, consignó: “Es feliz solo aquel que se basta a sí mismo”. De primera entrada, podría parecer una apología de la soledad, pero, escarbando un poco, la frase cobra sentido, especialmente cuando se integra con la naturaleza social del ser humano. Es una regla de la experiencia que quien no vive en paz consigo mismo puede desatar un infierno para los demás. La vida, sabia maestra, me ha enseñado a poner distancia inmediata en este supuesto y sin necesidad de determinar el grado de pesimismo de quien sufre el conflicto interior antes descrito.

Ser optimista no puede equivaler a negar la realidad: Con independencia de lo que alguien desee, tampoco implica menospreciar los peligros o sobrestimar las virtudes y fuerzas, pero sí conlleva una actitud ante la existencia: se trata de descubrir los aspectos positivos en todo, incluso en los aparentes fracasos.

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Toda empresa y propósito tienen su tiempo, su maduración, pero, sobre todo, su período de ensayo. Malcom Gladwell reseña que los Beatles probablemente no habrían sido tan geniales sin su dura y penosa estadía en Hamburgo, tocando para borrachos y marginales. Este autor menciona que son necesarias al menos 10.000 horas de práctica para alcanzar niveles de maestría en un oficio o profesión.

Tal emprendimiento viene aparejado de perseverancia, determinación y resiliencia. Siempre me impacta cuando alguien consigue un logro significativo en algún área, y cómo se acercan personas a felicitarle, siendo que a menudo son las mismas que dudaron públicamente de que lograría su cometido. Esa es una de las muchas paradojas de la naturaleza humana, pero, en todo caso, ser optimista es mejor, y no es muy útil ser otra cosa, como dijo el gran estadista Winston Churchill.

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