Opinión

Ahora, ¿quien podrá defendernos?

Actualizado el 15 de julio de 2013 a las 12:01 am

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Hace pocos días, estuvo en el país Guy Ryder, recientemente designado Director General de la OIT. En una entrevista con La Nación , titulada “Si las huelgas afectan servicios esenciales, hay que prohibirlas” (01/07/2013), comentó varios temas del mundo del trabajo, entre ellos, la huelga en los servicios esenciales y la negociación colectiva en el sector privado. Precisamente, estos dos temas están en el ojo de la tormenta a propósito del Proyecto de Reforma Procesal Laboral, parcialmente vetado por el Gobierno de la República.

No obstante que el señor Ryder señaló que la huelga en los servicios esenciales se puede prohibir o limitar, no hay que hacer mucho esfuerzo dialéctico para entender que se decanta por la primera alternativa.

El Director General de la OIT denotó una posición conservadora, que mediatiza el derecho de huelga en los servicios esenciales. Por el contrario, la jurisprudencia de los órganos de control de la OIT, admite la huelga en estos servicios, cuyo ejercicio queda restringido únicamente a los trabajadores que sean absolutamente necesarios para garantizar la prestación del servicio mínimo.

Efectivamente, en virtud de la técnica del servicio mínimo de funcionamiento, se puede garantizar la adecuada protección de los derechos de las personas a la salud, vida y seguridad, sin tener que sacrificar, de manera desproporcionada, el derecho de huelga, que es también un derecho fundamental.

Países que han logrado avances democráticos en su legislación laboral, por ejemplo, España, que el señor Ryder no puede ignorar, reconocen el derecho de huelga en estos servicios; cuyo ejercicio se sujeta a un plan de funcionamiento mínimo, negociado previamente entre el sindicato y la correspondiente entidad empleadora.

En otro tema no menos importante, el Director General de la OIT manifestó su preocupación por la limitación de la negociacion colectiva en el sector privado y se planteó que el problema consiste en definir “si los arreglos directos han llegado a acuerdos”, o son más bien mecanismos para desplazar a los sindicatos. Pero, en definitiva, nos dice: "Hay diferentes visiones, pero es un fenómeno que hay que analizar"

Francamente, cualquiera queda sorprendido con semejante declaración de neutralidad, por tratarse de una cuestión que reiteradamente se ha discutido en los órganos de control de la OIT y demostrado el papel antisindical que históricamente han tenido el arreglo directo y los comités permanentes de trabajadores; herramienta emblemática de la destrucción de los sindicatos en el sector privado, principalmente plantaciones agrícolas.

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No es ocioso, por lo visto, recordar que este es un tópico recurrente en la agenda de la OIT. A principios de la década del 90, nos visitó una Misión de Contacto Directo. Luego, a principios del 2001, una Misión de Asistencia Técnica. Finalmente, hace un par de años (2011), vino otra misión de OIT, cuyo mandato, a lo largo de más de 20 años, prácticamente ha sido el mismo. Son muchas las ya amarillentas e inocuas cuartillas que la OIT ha escrito, que entre más cuartillas, más dramática es la situación de los sindicatos y la negociación colectiva en el sector privado. Por esto, desconcierta que el Director General, con tan poco sentido de compromiso, nos venga a decir, a estas alturas, que es un asunto que necesita todavía mayor análisis.

Apreciando que Ryder fue un destacado dirigente de los sindicatos británicos, se tenía la expectativa que ahora, con el sombrero de Director de la OIT, asumiera una posición más consecuente o, por lo menos, más definida; pero en honor a la verdad, no es la primera vez que la OIT defrauda a la clase trabajadora de Costa Rica.

Desafortunadamente, no se puede negar que se han venido enquistando corrientes flexibilizadoras, de corte neoliberal, que cada vez más divorcian a ese organismo internacional de los intereses de los trabajadores e inversamente, de manera proporcional, lo matriculan con las exigencias de las empresas multinacionales y el libre comercio.

La realidad es que la actividad de la OIT, al mejor estilo del “laissez faire, laissez passer” , progresivamente pierde legitimidad y credibilidad en el seno de la clase trabajadora mundial.

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