Opinión

Agravamiento de la crisis del sistema de Naciones Unidas

Actualizado el 17 de abril de 2017 a las 10:55 pm

Definitivamente, no son justificables los bombardeos de EE. UU. a Siria y Afganistán

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Agravamiento de la crisis del sistema de Naciones Unidas

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El secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Antonio Guterres, no imaginó lo que iba a suceder en el mundo a tan pocos meses de haber iniciado su mandato, el 1.° de enero del presente año. Los retos y desafíos que implicaba asumir dicha posición eran bastante grandes ya, a los que ahora se debe sumar el actuar de la política exterior de la potencia hegemónica mundial por antonomasia de nuestra historia reciente –al menos militarmente hablando–, a menos de cien días de que Donald Trump asumiera como presidente.

Estábamos intentando apenas digerir el bombardeo de una base aérea en territorio sirio con misiles tipo tomahawk por parte de los Estados Unidos en la madrugada del viernes 7 de abril, cuando el miércoles 12 de abril ya se tenía la noticia de que Estados Unidos había lanzado sobre Afganistán una bomba no nuclear que algunos expertos llaman “la madre de todas las bombas”.

En el primer caso, bajo el argumento de la utilización de armas químicas contra civiles por parte del ejército de dicho país; en el segundo, justificado por la presencia de una célula del Estado Islámico.

Hechos injustificables. Salta una pregunta a la palestra. ¿Son justificables dichos bombardeos? A lo que hay que responder definitivamente con un no rotundo, pues aunque se comprobara que efectivamente las armas químicas fueron utilizadas a propósito por el Ejército sirio y que había túneles e instalaciones utilizados por el Estado Islámico en Afganistán, los Estados Unidos no se pueden atribuir competencias que no le pertenecen, como esa de ser juez y verdugo del mundo.

La sociedad internacional está exenta de cualquier tipo de gendarme con capacidad de coacción/coerción mediante el uso de la fuerza, a diferencia de la lógica de cada sociedad dentro un Estado-nación, donde el contrato social somete la autonomía a determinado orden social.

Los Estados cooperan en un ejercicio de su soberanía, cuyo resultado no es la constitución de alguna autoridad política, pero sí instituciones y regímenes internacionales, que buscan entonces dar solución a problemas a escala global, conforme a la buena voluntad de los Estados.

Dicha cooperación se da en el marco de ciertos principios, garantizados en el derecho internacional, como lo son el de soberanía territorial, el de no injerencia en asuntos internos y el trato de igualdad entres Estados (principios cuyo primer antecedente es la Paz de Westfalia en el siglo XVII).

Organismo para la paz. Así se gesta la Organización de las Naciones Unidas como una respuesta de los Estados ante el problema de la amenaza de nuevos conflictos internacionales, luego de dos devastadoras guerras mundiales. Desde su propio nacimiento se debatía la arquitectura de esa organización internacional que se estaba creando; en la actualidad, con mayor razón, en virtud de los cambios y la complejidad del escenario internacional.

El objetivo primordial de las Naciones Unidas es la preservación de la paz, la seguridad, los derechos humanos y el respeto del derecho internacional, pero ya la organización ha dado muestras de su obsolescencia en la procura de este objetivo.

Esto es especialmente cuestionado en términos del Consejo de Seguridad, donde la capacidad de veto de cinco potencias con silla permanente hace que sus resoluciones difícilmente vean la luz, limitando su propio actuar.

Algunos de los ejemplos más palpables en los últimos tiempos son Afganistán, Irak, Crimea y Siria.

¿Qué harán las Naciones Unidas para frenar esta amenaza a la paz, los derechos humanos y el respeto de los principios del derecho internacional?

Verdaderamente, parece ser un asunto complejo, ya que, si se toma como referencia el pasado, no hay antecedente de que la organización pueda realmente incidir y ser decisiva en el establecimiento de límites a este tipo de acciones de ciertos Estados.

Probablemente no nos acercamos más a una tercera guerra mundial, pero sí parece que nos acercamos a una debacle del sistema de las Naciones Unidas.

El autor es profesor docente de la Universidad de Costa Rica y del Instituto Diplomático del Servicio Exterior.

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