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¿Adónde va Costa Rica?

Actualizado el 18 de noviembre de 2014 a las 12:00 am

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¿Adónde va Costa Rica?

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Estas líneas no tratan de nuestra coyuntura actual, pero intentan incluirla. Se trata, más bien, de una reflexión sobre el futuro del país a largo plazo, en un mundo globalizado, concepto que muchos, especialmente en la izquierda ideológica y política, trataron de rechazar por considerarlo mera ideología derechista, y que hoy ya nadie cuestiona, pues está ahí, en todas partes, para bien y para mal.

En aras del equilibrio, cabe anotar que, en la derecha académica, política e ideológica, lo han visto como algo “dado”, inmodificable, un “lo toma o lo deja tal cual”. Ejemplo de esto son los defensores a ultranza del “Consenso de Washington”, modelo que, afirmo, no se aplicó en Costa Rica al pie de la letra, aunque algunas de las reformas hechas coinciden con parte de sus contenidos.

Fenómeno real. En contraste con lo anterior, en la Social Democracia Remozada hemos visto la globalización como un fenómeno real, producto de la evolución económica y social, gestado en buena medida por las revoluciones tecnológicas y financieras de los últimos 30 o 35 años. Con solidez intelectual, inteligencia y habilidad política, admite, y se implementaron en nuestro país, “adaptaciones locales”. Ejemplos de lo anterior son la resistencia a “copiar” el modelo de reforma previsional (pensiones) chileno de los años ochenta y aprobar el PAE 3, pero con algunas reservas o modificaciones (en términos, por ejemplo, de rechazar simples metas cuantitativas en empleo estatal, privatizaciones, etc.). Quienes, por conveniencia o pereza, no hacen el esfuerzo analítico de separar la paja del grano, solo ven gatos negros. Algo similar sucedió con la negociación del Cafta.

Lo expuesto en los párrafos anteriores, posiblemente, les resultará increíble y hasta novedoso a los más jóvenes, pero fue una realidad desde los años ochenta del siglo XX hasta no hace mucho. Inclusive, algunos se empeñaron en hablar de “mundialización”, creyendo que así evitaban “caer en la retórica reaccionaria”, hasta, finalmente, comprender que era solo una traducción del francés y no del inglés.

Planteo esto porque, hace una década aproximadamente, a raíz de una tarea que se me encomendó, reuní a algunos de los más distinguidos cientistas sociales del país, para analizar juntos “el futuro de las ciencias sociales en Costa Rica”. Uno de los distinguidos participantes nos “desafió” a que, antes de ese análisis, nos preguntáramos si un país como Costa Rica (o Ecuador, Perú, Nicaragua u Honduras, supongo) tendría futuro como tal, o su destino no era otro que ser “otro Puerto Rico”, o Luisiana u otro estado de los Estados Unidos de América.

En esos días, el tema del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos no se había resuelto aún. Vivíamos la polarización que ese tratado produjo. Era dable pensar que Costa Rica no tendría futuro a largo plazo, si el TLC se adoptaba.

La incógnita del TLC ya no lo es más. Pero la pregunta a largo plazo (50 años o más, digamos) sigue siendo válida. Aunque ha quedado claro que las peores predicciones sobre dicho tratado no se cumplieron (la mayoría eran burdas y alevosas mentiras), el mundo ha seguido cambiando vertiginosamente, y nuestro país no termina de resolver algunos de sus desafíos más complejos y sus dilemas más graves –entre ellos, la pobreza y la desigualdad, esta última, ligada a la globalización–. No hay que negarlo.

Nuevos actores. En el ínterin, el sistema de alternancia bipartidaria del poder político se acabó y nuevas fuerzas políticas y sociales, agrupadas en el Partido Acción Ciudadana y el Frente Amplio, pasaron a ser nuevos e importantes actores de gobierno. Aunque es todavía temprano para juzgar los resultados de ese cambio tan importante, hay señales de que muchos de los problemas de ayer se mantienen, y no hay propuestas de solución viables y marcadamente distintas. Es más, no hay una “visión” o “proyecto” general de sociedad y de país, fundamentalmente distintos, como sí los hubo en los años cincuenta, setenta u ochenta del siglo pasado.

En mi opinión, hoy estamos en situación similar (no idéntica) a la de inicios de la década de 1980, cuando escribí que “la crisis [de entonces] es una crisis de opciones”, aunque, por cierto, con dos diferencias fundamentales: en primer lugar, que, gracias a las reformas de estos 30 años (especialmente, los primeros 15), no dependemos de pocas y poco valiosas exportaciones, y, en segundo lugar, el Banco Central cuenta con un monto razonable de divisas y un régimen cambiario flexible.

A la vez, por la continuidad de los hechos históricos, esa marcha sin pausa ni paréntesis que es la vida de las sociedades, las decisiones y acciones de gobierno y de los ciudadanos van gestando la nueva realidad y, necesariamente, eso tiene incidencia en posibles respuestas a la pregunta que antes indiqué: países como Costa Rica o similares ¿son viables como entidades políticas independientes a largo plazo?

Preservación de logros. El tema no se agota ahí, pues, según nos muestra la historia, puede ser que la tendencia mundial a largo plazo sea la de gestar entidades políticas cada vez más integradas y gobernadas por formas diversas de federalismo y autonomía. Así las cosas, lo fundamental consiste en cómo preservar para las generaciones futuras los grandes logros de nuestra sociedad-país: ser un país pacífico, con importante avance social, respeto a los derechos humanos, democracia que funciona, pluralismo político, protección del ambiente y la naturaleza como valores fundamentales, etc.

¿Qué deben hacer los gobernantes hoy para encontrar las mejores respuestas, como el logro del mayor bienestar para el mayor número, la mejor calidad de vida posible, equidad efectiva, paz, democracia y, a la vez, enfrentar exitosamente los problemas del aquí y el ahora?

Una invitación. Este no es un planteamiento dirigido a evadir las apremiantes soluciones a los problemas cotidianos del ciudadano, integrados en los problemas generales del desarrollo en sentido amplio. Más bien, se trata de una invitación a colocar los desafíos actuales en un marco más amplio, coherente y estructural. Y, sobre todo, a actuar, que tanta falta nos está haciendo.

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