Opinión

Adolfo Constenla (In memóriam)

Actualizado el 29 de noviembre de 2013 a las 12:00 am

Opinión

Adolfo Constenla (In memóriam)

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Cada uno de nosotros ha tenido, al menos, un maestro que nos ha influenciado de tal modo que nos marcó para el resto de la vida. Yo no solo tuve uno de estos profesores, sino tres; pero, de ellos, don Adolfo Constenla merece especial atención.

Nunca tuve un profesor tan conocedor de su materia, ni tan inteligente, ni tan interesante; y eso que no puedo decir que el español era mi fuerte, ni que era el tema más apasionante en mis años de colegio. Pero don Adolfo tenía una intensidad como profesor y una pasión como persona que cautivaba a tal punto , que era imposible no ponerle atención.

Y es que todo lo que decía era arriesgado: lo que aprendíamos de él estaba en el borde de la burbuja del conocimiento, y a veces rayaba en la ciencia ficción. Lo que don Adolfo nos enseñaba no estaba en ningún libro. Ni siquiera será posible repetirlo totalmente y menos con tal elocuencia. Para él, “el lenguaje estaba vivo, cambiando y evolucionando” y, al mismo tiempo, estaba “completo”.

Sí. Así como lo dije o, más bien, como él me lo transmitió: “Con el lenguaje, se puede decir todo, describir todo y expresar todo, pero nunca está terminado”. Es decir, a pesar de que tenemos un diccionario completo, el lenguaje, a fin de cuentas, está siempre en constante cambio.

¿Como podría no querer a este genio? Tal vez, el primero y último con quien tuve el honor de compartir una clase; él como profesor y yo como pececito tratando de tragar toda esa agua de conocimiento que brotaba de sus pensamientos.

Lo que al final transmitió es que nuestro futuro podría ser interesante. Que encontráramos algo que nos diera el placer de la “sorpresa”, y que eso solo se consigue a través del descubrimiento intelectual: la absorción de lo entendido por primera vez.

Si yo pudiera conseguir ese amor a algo, a lo que fuera, tendría razones para vivir intensamente. Decidí leer, y leer se volvió una obsesión. El me obligó a buscar, me obligó al compromiso con el conocimiento y en esa búsqueda me di cuenta de lo maravilloso que es finalmente entender algo. No todo por supuesto, no es posible, pero algo, aunque sea algo tonto…Cada tontería descubierta también es una sorpresa.

PUBLICIDAD

Profesor, gracias: ¡ya me “cayó la peseta”!, estoy demasiado completo, pero no lleno; y siempre me acuerdo de lo “chiva” que fue haber sido su alumno.

  • Comparta este artículo
Opinión

Adolfo Constenla (In memóriam)

Rellene los campos para enviar el contenido por correo electrónico.

Ver comentarios
Regresar a la nota