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Acertaron los mayas: cardúmenes humanos

Actualizado el 24 de julio de 2013 a las 12:01 am

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Acertaron los mayas: cardúmenes humanos

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Todos hemos visto con asombro imágenes en las que un cardumen reacciona como un solo organismo ante el ataque de un depredador, nadando en un ballet mágicamente coordinado. Imágenes semejantes de aves, insectos y otras especies nos muestran una especie de “sexto sentido” en el reino animal, llamado “comportamiento colectivo” ( swarm behavior ). En estos grupos no hay un líder, no hay un sistema global de control: el grupo se autorregula. Se han desarrollado modelos matemáticos para emular este comportamiento. Inclusive, se aprovechan estos modelos en el área de sistemas complejos para aplicaciones de inteligencia artificial.

Redes sociales. Conceptualizadas, en principio, simplemente como plataformas para compartir información entre conocidos, las redes sociales se han convertido en algo más: son ahora herramientas que empoderan a sociedades, vinculando gentes alrededor de causas comunes. Se coordina, ordena y pacta, pero no en el sentido clásico y vertical del ejercicio del poder, sino horizontalmente. En este modelo pesan más las opiniones de los más cercanos a nosotros, pero se escucha a todos a través de una red: somos un cardumen humano nadando entre información. Reaccionamos utilizando en tiempo real la realimentación de nuestros congéneres para actualizar nuestras propias opiniones y decisiones. La reacción es colectiva. Ejemplos: el rescate de animales perdidos, acciones ante asaltos, macroeventos como la Primavera Árabe y las protestas en Brasil o las manifestaciones criollas por las concesiones y la corrupción. ¿Serán estos fenómenos solo la punta del iceberg?

Vistazo antropológico. A lo largo de milenios, como raza humana hemos atravesado una serie de fases en el desarrollo humano, pasando de cazadores-recolectores a asentarnos en clanes, tribus, ciudades, naciones. Esta paulatina evolución en nuestro comportamiento social se ha caracterizado –hasta ahora– por privilegiar cada vez más la estructuración vertical del poder (y, por ende, una mayor “cleptocracia”). Ante el aumento exponencial de la población, el modelo vertical de control ha sido la única respuesta hasta hoy para regular sociedades más grandes y densas: sin un sistema habría caos. Pero ahora –siguiendo la analogía del cardumen– las redes sociales nos han dotado de algo nuevo, el equivalente a los sensores de los peces: nuestras sociedades a nivel mundial “nadan” como un solo organismo, adaptándose y defendiéndose coordinadamente ante sus “depredadores”: asaltantes, políticos corruptos, proyectos cuestionables, etc. Se vislumbra el devenir de un nuevo modelo posterior a los “Estados-repúblicas”, acaso una era global de sociedades de comportamiento colectivo con menor predominio de modelos verticales de control.

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Una alternativa. Nos dice Umair Haque en su excelente obra El nuevo manifiesto capitalista que la democracia verdadera se caracteriza por ser “participativa, deliberativa, asociativa y de consenso”. Participativa, pues los afectados por las decisiones deben ser parte de las mismas. Deliberativa, porque los participantes deben razonar, no solo votar, para revelar sus perspectivas y valores. Asociativa, porque debe haber espacios públicos para una deliberación libre y creativa. De consenso, pues es a través de disentir y pactar que se logran acuerdos. ¿No son acaso estas características inherentes a las redes sociales? Creo que las protestas de los últimos años, cada vez más frecuentes y globales, indican que nos estamos aproximando a un punto de inflexión en la historia, en donde la humanidad se acerca a una encrucijada: una ruta lleva hacia el sombrío y mecánico “mundo feliz” de Huxley, y la otra senda es aún impredecible, pero hay razones para creer que es mejor.

Con la excepción de algunos fiesteros que sufrieron resacas apocalípticas, la mayoría de nosotros admitimos que las predicciones mayas del fin del mundo no pasaron de charlatanerías y películas para el olvido.

El fin del Baktún, o cuenta larga, solo indicaba el inicio de un nuevo ciclo, y quizás de un cambio que aún no podemos valorar: quisiera pensar que los Estados y Gobiernos “del pueblo, por el pueblo, y para el pueblo” serán más factibles en el futuro.

¿Acertaron los mayas? Sería la más feliz de las (digamos) coincidencias.

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