23 marzo, 2015

Este año marca un punto de inflexión en la lucha contra el hambre a escala global. En 2015 se cumple la fecha límite que los Gobiernos del mundo asumieron para lograr las metas de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) y de la Cumbre Mundial de la Alimentación (CMA), que pretenden, entre otras cosas, reducir a la mitad el porcentaje y el número total de personas hambrientas, respectivamente.

A partir del 2016, el mundo asumirá los Objetivos de Desarrollo Sostenible, por lo que durante los próximos meses la comunidad internacional analizará los casos de éxito y las políticas que han dado los mejores resultados, para poder enfrentar los nuevos desafíos con renovadas fuerzas y con la experiencia acumulada por los países y regiones que han demostrado el mayor éxito.

Según la FAO, América Latina y el Caribe es la región que mayores avances ha logrado, convirtiéndose en un actor destacado y en un ejemplo para el resto del mundo. Es la única región en desarrollo que logró la meta del hambre de los ODM, al reducir su porcentaje de subalimentación de 15,3% en 1990-92 a 6,1% en 2012-14. Además, se trata de la única región del mundo que aún podría alcanzar la Cumbre Mundial de la Alimentación, si tan solo 2,7 millones de personas superan el hambre en el 2015, sumándose a las más de treinta millones que ya lo han hecho en las últimas dos décadas.

El factor que distingue a la región es su “enfoque político” en la lucha contra el hambre, un proceso de décadas durante las cuales la seguridad alimentaria se ha ido instalando como una prioridad para los gobiernos de la región. La culminación de este proceso ocurrió en enero de este año, cuando en su Cumbre de Costa Rica, los presidentes y jefes de Estado de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) aprobaron su Plan de Seguridad Alimentaria, Nutrición y Erradicación del Hambre, que busca acabar con el hambre en todos los países de la región para el 2025, a más tardar. Con ello, la seguridad alimentaria ha logrado posicionarse al más alto nivel de la agenda política regional.

Trabajo conjunto. La FAO ha acompañado este plan desde su inicio. Junto con la Asociación Latinoamericana de Integración (Aladi) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), diseñó su borrador y continuará apoyando a los países para perfeccionar su implementación, monitorear sus avances y buscar la mayor cantidad de sinergias con su propio programa de trabajo en la región.

Cuatro pilares sustentan este plan. El primero de ellos busca crear estrategias coordinadas de seguridad alimentaria a través de planes y políticas públicas nacionales y regionales. Este pilar fortalecerá los marcos jurídicos e institucionales de seguridad alimentaria, facilitará el comercio y evitará las pérdidas y desperdicios de alimentos, y fomentará programas de abastecimiento.

El segundo pilar busca asegurar el acceso sostenible a alimentos inocuos y nutritivos para todas las personas, mediante programas de transferencias condicionadas y el fortalecimiento del mercado de trabajo y la agricultura familiar.

El tercer pilar busca el bienestar nutricional para los grupos vulnerables, a través de iniciativas como alimentación escolar, promoción de hábitos saludable y la lucha contra las dos caras de la malnutrición: la obesidad y subnutrición. El cuarto pilar busca garantizar la estabilidad de la producción alimentaria y la atención oportuna ante desastres de origen humano o natural.

América Latina y el Caribe ha sabido construir su propio camino hacia la meta de hambre cero. Ya no importa ni imita experiencias ni sigue directrices o dictámenes de política económica y social que provienen de otras realidades. Al contrario, se ha convertido en una fuente inagotable de políticas innovadoras cuyo éxito está marcando la pauta a nivel global.

Hace diez años, fue pionera al proponer no solo la disminución sino la erradicación total del hambre, un compromiso que se plasmó en la Iniciativa América Latina y el Caribe sin Hambre 2025, refrendada por todos los países. Este año, la Celac se ha sumado a este esfuerzo, y sus Gobiernos han dicho “no más hambre” con una sola voz, dando una señal de esperanza a los 37 millones de mujeres, hombres, niñas y niños que aún sufren hambre día a día en la región.

El camino por delante está poblado de grandes desafíos. Sin embargo, hay mucho espacio para el optimismo gracias a los inmensos pasos que la región ha dado y a su compromiso con la erradicación del hambre que se plasmó en el Plan de Seguridad Alimentaria, Nutrición y Erradicación del Hambre de la Celac.

Estoy seguro de que nuestra región seguirá demostrando que un mundo sin hambre sí es posible.

Raúl Benítez Representante Regional de la FAO para América Latina y el Caribe

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