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EDITORIAL

Una vida de servicio público

Actualizado el 01 de diciembre de 2016 a las 12:00 am

Luis Alberto Monge, como todo político de su rango, fue polémico y libró intensas luchas en la arena pública, pero no con el encono que da origen a largas enemistades

Además de su importante obra política, será recordado por la sencillez forjada en su Palmares natal, por su bonhomía y por su sentido del humor

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La pérdida del expresidente Luis Alberto Monge enluta a quienes fueron sus amigos y también a sus antiguos adversarios. Monge, como todo político de su rango, fue polémico y libró intensas luchas en la arena pública, pero no con el encono que da origen a largas enemistades. El exmandatario se distinguió por su bonhomía.

En el cuatrienio entre 1982 y 1986, Monge enfrentó, desde la silla presidencial, una de las crisis económicas más profundas de la historia. El país se había empobrecido y su endeudamiento parecía inmanejable. Una generación de estudiantes abandonaba las aulas por falta de medios para estudiar y los costarricenses habían aprendido a hacer fila a las puertas de los estancos del Consejo Nacional de Producción para adquirir artículos esenciales. El desempleo y la inflación estaban salidos de control y el índice de pobreza superaba en mucho el 40%.

La crisis se desarrolló durante la última etapa de la Revolución sandinista en Nicaragua y, cuando Monge tomó el poder, la llamada “Contra”, respaldada por los Estados Unidos, combatía al nuevo gobierno izquierdista. Costa Rica se vio involucrada por las constantes incursiones de combatientes en territorio nacional y el establecimiento de campamentos de la Contra de este lado de la frontera, donde antes hubo bases de los sandinistas.

El entonces presidente Monge proclamó la “neutralidad perpetua, activa y no armada” de nuestro país, pero, contradictoriamente, su gobierno no impidió la permanencia de la Contra en suelo nacional. Al mandatario se le acusó de ceder ante los intereses de la política exterior estadounidense a cambio de la ayuda económica necesaria para levantar a Costa Rica de su postración.

En efecto, el apoyo económico fluyó desde el exterior, pero el mandatario también emprendió importantes reformas internas, incluidos los primeros pasos de apertura de la banca nacionalizada, la firma de un polémico programa de ajuste estructural y el primer impulso de la industria turística a gran escala.

Más allá de las justificadas polémicas, la recuperación y el progreso de nuestro país en los años siguientes tuvo sus fundamentos en el gobierno de Monge. Sin embargo, su distinguida carrera de servicio público comenzó décadas antes de su acceso a la presidencia. A temprana edad se involucró en movimientos sociales y sindicales, estuvo del lado victorioso en la Revolución de 1948 y, a sus 23 años, fue el constituyente más joven de 1949. La pequeña pero distinguida fracción socialdemócrata de la cual fue miembro ejerció una influencia desproporcionada sobre el texto fundamental, muy distinto de la Constitución de 1871 cuyas disposiciones se tomaron como base para los debates del 49.

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Concluida la labor constituyente, Monge estuvo entre los fundadores del Partido Liberación Nacional (PLN), en 1951, que años más tarde lo llevaría a la presidencia, luego de su fallida candidatura de 1978. Con José Figueres Ferrer y Daniel Oduber Quirós, integró el trío de dirigentes con mayor influencia en el PLN y en esa condición gravitó sobre décadas de historia nacional.

Fue diputado entre 1958 y 1962. En esa época, se distinguió entre los críticos del desvío de la Revolución cubana, con la cual Costa Rica rompió relaciones en 1961. Entre 1963 y 1966, fue el primer embajador de Costa Rica en Israel y volvió al Congreso entre 1970 y 1974. En ese cuatrienio fue elegido presidente del primer poder de la República.

Tantos años de servicio público en posiciones de extraordinaria relevancia lo pusieron en contacto con las élites económicas, intelectuales y políticas del mundo, pero en su país siempre será recordado por la sencillez forjada en su Palmares natal, a la cual nunca renunció, y por el humor revelado durante una entrevista concedida poco después de dejar la presidencia cuando se definió, sin miramientos, como “un bohemio”.

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