Opinión

EDITORIAL

Dos victorias, dos contrastes

Actualizado el 14 de diciembre de 2013 a las 12:00 am

La Corte Internacional de Justicia (CIJ) denegó la solicitud de medidas cautelares contra la construcción de la Ruta 1856

Costa Rica no debe abandonar la construcción de la trocha. Es necesaria por razones de soberanía, seguridad y desarrollo

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La Corte Internacional de Justicia (CIJ), con sede en La Haya, Holanda, denegó la solicitud de medidas cautelares interpuesta por el Gobierno sandinista contra la construcción de la Ruta 1856, conocida como “la trocha”, un camino paralelo al río San Juan cuya ecología, según los alegatos de Managua, habría sufrido daños.

En cambio, el 22 de noviembre, la misma Corte dio la razón a Costa Rica y ordenó a Nicaragua reparar los perjuicios ambientales causados con la apertura de dos caños en la zona limítrofe de isla Calero. También le instruyó sacar del área a su personal militar y civil.

Son dos victorias costarricenses y un fuerte contraste, visible en las conductas de ambos países. Nicaragua acusó sin razón y Costa Rica hizo valer sus razones. Por si cupiera duda, en los dos casos las decisiones fueron adoptadas por el voto unánime de los 16 jueces de la CIJ.

También hay un fuerte contraste entre la ponderada consideración del conflicto limítrofe en La Haya y la distorsión de la justicia en la Corte Centroamericana, cuyos magistrados condenaron a Costa Rica, en ausencia y sin tener jurisdicción sobre ella, por supuestos daños ambientales causados durante la construcción del camino.

El irrelevante fallo de los magistrados centroamericanos alcanza la cumbre del ridículo con la resolución de la CIJ y deja bien asentada una lección para propios y extraños que insisten en la utilidad de la participación costarricense en la endeble institucionalidad centroamericana, más allá de la razonable presencia en los mecanismos de promoción del comercio y el desarrollo.

La Asamblea Legislativa jamás ratificó el estatuto de la Corte Centroamericana previsto en el Protocolo de Tegucigalpa y, en consecuencia, nuestro país nunca aceptó su jurisdicción. Fue una sabia decisión, sobre todo en vista de la existencia de una Corte Internacional de verdad.

El gobierno del presidente Daniel Ortega se ha mostrado anuente a respetar los fallos de La Haya. Es preciso reconocérselo y, si sus acciones fueran consecuentes con la inclinación demostrada hasta ahora, nuestra Cancillería debe aprovechar la oportunidad para bajar el nivel de las tensiones y desarrollar una relación normal, en beneficio de los dos países y, en especial, de los habitantes de ambas márgenes del río.

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Los vínculos entre Costa Rica y Nicaragua son profundos. También deben ser provechosos. Hay lazos familiares, convivencia pacífica e intercambio entre los pobladores de la zona fronteriza, inmigración de esforzados trabajadores en procura de mejor futuro, inversiones y comercio, para no mencionar la riqueza del intercambio cultural. Somos pueblos hermanos y las desafortunadas actuaciones de algún Gobierno no deben nublar la vista de ese hecho fundamental.

Costa Rica, sin embargo, no debe abandonar la construcción de la Ruta 1856. Es necesaria como reafirmación de la soberanía sobre el territorio, como medio para fortalecer la vigilancia de la zona, utilizada a su antojo por el crimen organizado, y como factor de desarrollo regional.

La corrupción y la mala ejecución de las obras la desprestigiaron ante la opinión pública, pero es preciso recuperar la perspectiva. La trocha es una obra de infraestructura necesaria. Es necesario continuarla con todas las consideraciones ambientales y respeto a las normas aplicables a la construcción de caminos, puentes y otros elementos de infraestructura.

“Mientras no tengamos una carretera transitable todo el año, difícilmente habrá empresarios dispuestos a invertir aquí, donde la mayoría de la gente vive en la pobreza”, afirmó Alberto Cruz, ganadero de Las Delicias de los Chiles, en declaraciones ofrecidas a este diario. En toda la región, los periodistas de La Nación obtuvieron respuestas similares. Las aspiraciones de desarrollo de los vecinos serían suficiente motivo para pensar en serio sobre la conveniencia de construir la Ruta, pero abundan las razones adicionales.

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