Tras su crisis financiera reciente, el desafío ahora es de medio y largo plazo

 8 agosto, 2014

La crisis financiera que se incubó en la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) durante la segunda mitad de la pasada década, y que detectó y abordó el anterior Gobierno, ha sido, esencialmente, conjurada. Gracias a un gran esfuerzo de recaudación, contención del gasto, mejoras de gestión y pago de deudas acumuladas por el Estado, se logró superar ese agudo riesgo. Es un logro que debe reconocerse a la expresidenta Laura Chinchilla y a la entonces jerarca de la Caja, Ileana Balmaceda.

Nos complace, además, que los diagnósticos y las posibilidades de acción no quedaron en los aspectos coyunturales, de por sí muy serios; también se solicitó a la Organización Panamericana de la Salud (OPS) un diagnóstico exhaustivo sobre las necesidades a medio y largo plazo de los servicios de salud que presta la Caja, uno de sus dos grandes pilares (el otro es el régimen de Invalidez, Vejez y Muerte).

La OPS rindió su informe en noviembre último y, el lunes, dimos a conocer sus resultados esenciales, que encienden una alerta amarilla, de la cual la CCSS ha tomado nota. Sin embargo, tal como advierte su gerente financiero, Gustavo Picado, el desafío señalado compete a todo el país; además, su abordaje requerirá cuidadoso planeamiento, diálogo, negociación política y, más temprano que tarde, decisiones adecuadas. Por eso es necesario comenzar la exploración de opciones lo antes posible, con un gran sentido de apertura, realismo, método y buena voluntad.

Existen dos razones fundamentales que explican el fenómeno al que se enfrenta la Caja: los cambios demográficos experimentados por el país y la creciente prevalencia de las enfermedades crónicas entre los costarricenses.

La actual estructura por edades de nuestra población aún disfruta de una muy buena proporción de personas económicamente activas (y que, por ende, contribuyen) respecto a las que no lo son. Sin embargo, pronto esta relación comenzará a evolucionar en un sentido inverso: decrecerá en términos relativos el número de contribuyentes y crecerá el de quienes no lo son, esencialmente por nuestros excelentes patrones de longevidad y la reducción en los nacimientos. A la vez, en el cuadro clínico de los costarricenses, típico de una sociedad que ha superado los desafíos primarios, cada vez inciden más los padecimientos crónicos, que demandan tratamientos más caros. Se trata de una aritmética preocupante, pero irreversible.

Ante esta realidad, la perspectiva de largo plazo sugiere que, inevitablemente, en algún momento deberemos dedicar un mayor porcentaje de nuestro producto interno bruto (PIB) a la salud. Sin embargo, no se trata, simplemente, de proyectar de manera lineal las tendencias actuales y otorgar mayor presupuesto para gastar más en lo mismo. El abordaje debe ser más abierto e innovador.

Dentro del menú de opciones, lo primero es explorar cómo hacer más eficaz y eficiente a la institución. Esto tiene que ver con planeamiento, gestión, escalas salariales, control y disciplina interna, modernización de procesos, uso óptimo de la inversión (quirófanos, por ejemplo) y sistemas de evaluación rigurosos. A la vez, resulta necesario revisar los esquemas nacionales de prevención, educación y atención en salud. Muchas de las enfermedades más prevalecientes (cáncer, diabetes, males cardiovasculares, trastornos psicológicos) están directamente relacionadas con estilos de vida y, para que estos cambien, se necesitan educación, buena regulación y políticas tributarias sensibles al tema. También, aunque tenemos una de las mejores posiciones de América en la materia, deben incrementarse los esfuerzos de afiliación (sobre todo, de trabajadores por cuenta propia) y de cobro.

Simultáneamente a acciones como las anteriores, habrá que valorar distintos esquemas para, si fuera necesario, canalizar mayores recursos a la Caja, pero con un claro sentido de prioridades y de rendimiento de cuentas. Recordemos, y es algo que la gestión de nuestra política social demuestra, que no siempre más presupuesto implica mayor y mejor impacto.

“Si usted quiere dar un paso hacia la sostenibilidad –dijo el gerente financiero en declaraciones a La Nación –, debe dar un paso diferente”. Coincidimos plenamente con su concepto. Lo necesario, ahora, es analizar qué será lo “diferente” mejor y comenzar a actuar, sin atropellos, pero con el buen ritmo que el desafío demanda.