El turismo es una de las industrias más dinámicas, competitivas y sensibles a los cambios en el entorno

 26 agosto, 2014

Costa Rica ocupa el tercer lugar en Latinoamérica, como marca país, y está posicionada como uno de los primeros destinos turísticos del mundo. En el 2013, la actividad se incrementó en un 5,8%, lo que representa el mejor año desde el estallido de la crisis financiera internacional y las graves secuelas que afectaron a cientos de pequeños empresarios locales.

Las cifras son alentadoras y el potencial de crecimiento, considerable, pero no hay que dormirse en los laureles. El turismo es una de las industrias más dinámicas, competitivas y sensibles a los cambios en el entorno. A pesar del indudable éxito nacional, nuestra oferta debe diversificarse y diferenciarse del resto de los países latinoamericanos.

La llegada de Wilhelm von Breymann al ministerio del ramo fue saludada por el sector con la solicitud de que se establezca una política turística de Estado, de largo plazo, como han hecho los países líderes en el mercado, que integre la estrategia institucional y operativa de, al menos, una decena de instituciones que intervienen en el campo. Por ejemplo, España, el primer destino mundial, lo hizo en el 2007 con un horizonte de cumplimiento al 2020.

Si bien las características positivas del modelo costarricense son múltiples, también lo son las contradicciones y la poca claridad en las reglas de juego. Nuestra principal fortaleza es la biodiversidad y el desarrollo sustentable, pero los ingresos que reciben los parques y reservas biológicas no se reinvierten en el Sistema Nacional de Áreas de Conservación (Sinac). La infraestructura y la calidad de los servicios son inferiores a la expectativa del visitante y, en algunos sitios, no existen o son limitados.

De la misma manera, el estado de la red vial y de las señales de tránsito, tan legendario como nuestras playas, no es el de un país que ha hecho del turismo su principal fuente de ingresos. El año pasado, el aporte al producto interno bruto (PIB) fue de un 4,5%.

A pesar de lo anterior, la información estadística sobre el ramo es incompleta y el Banco Central de Costa Rica (BCCR) aún no ha puesto en funcionamiento una cuenta satélite para conocer su evolución. El país cuenta con un perfil del visitante y analiza periódicamente las tendencias mundiales del mercado, pero ignora los encadenamientos o empleos indirectos que genera el turismo.

Este aspecto sería clave para la promulgación de políticas de empleo y de estímulos al turismo regional, esenciales en el combate contra la pobreza.

Von Breymann se pronunció por una “estrategia amplia” que combine las ventajas comparativas del país, como las ya mencionadas, con la búsqueda de nuevos nichos de mercado y la diversificación de la oferta en áreas como el ciclismo de montaña, el turismo de aventura y el desarrollo rural comunitario.

Durante su gestión, el funcionario tendrá a cargo la realización de la obra de infraestructura más importante que se haya propuesto el Instituto Costarricense de Turismo (ICT). Von Breymann prometió que este año pondrá “la primera piedra” del Centro Nacional de Congresos y Convenciones.

Este proyecto, que tendrá un costo de $35 millones, está concebido como parte sustantiva de la política de diversificación de la oferta nacional: “Quiero que esto sea del ICT, que esto sea una marca país, porque no se beneficia solo la entidad, se benefician hoteles, transportistas, proveedores de comida y servicios. Es un encadenamiento muy grande. En sí, el centro de convenciones no es un negocio, el negocio es todo lo que trae”, declaró el jerarca.

El turismo nacional afronta numerosos desafíos y oportunidades, como despertar mayor interés en el visitante interno, conciliar la calidad de los servicios con precios competitivos, y mostrar los diferentes aspectos de una marca país que es diversa y rica en matices y contrastes. Para lograrlo, espera un papel más decidido del Estado.

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