El discurso de Donald Trump después de reunirse con Peña Nieto selló la derrota del presidente, pero no marcó una victoria del republicano

 4 septiembre, 2016

El yerno de Donald Trump, candidato presidencial del Partido Republicano, planteó la idea (o trajo la noticia) de una visita a México para reunirse con el presidente Enrique Peña Nieto, el miércoles 31 de agosto. A Trump le entusiasmó la posibilidad, a pesar de su apretado programa de campaña. Igual invitación fue formulada a la candidata demócrata Hillary Clinton, quien se excusó.

La aquiescencia de Trump se produjo en medio de discusiones y consultas con asesores, para quienes su retórica altisonante contra los inmigrantes ilegales, especialmente los mexicanos, es una ficha ganadora, pero planteaba riesgos de cara a la visita.

La cita con Peña Nieto, por otra parte, ofrecía la oportunidad de mejorar su imagen internacional, más allá de ser promotor de concursos de belleza, y de dar a los votantes estadounidenses la impresión de estar frente a un estadista, capaz de emprender el diálogo con otros gobernantes.

Además, la posición de Trump en las encuestas, detrás de Clinton, requería dar un nuevo impulso a la campaña y el audaz aspirante decidió tomar el riesgo. El tema más delicado era la muralla fronteriza que Trump ha pregonado como remedio mágico para frenar el arribo de inmigrantes ilegales mexicanos y centroamericanos, así como su promesa de obligar a México a pagar la obra.

Del lado del anfitrión, Peña Nieto encara un entorno poco amigable. Su aceptación pública ronda el 20%, muy distante del rango de los 30 de Trump en Estados Unidos. Su fórmula ganadora frente a Trump era mostrarle al público la condición de líder resuelto, con pleno aplomo para neutralizar las andanadas insultantes del visitante.

La oportunidad que imaginó Peña Nieto no se produjo de cara a Trump. El candidato habló brevemente y con prudencia. Al cabo de su cita en la mansión presidencial de Los Pinos, negó, frente al mandatario mexicano, que el tema de la muralla se hubiera discutido. De vuelta en Estados Unidos, recobró su conocida personalidad y pronunció un feroz discurso sobre el tema de la inmigración.

Peña Nieto no reaccionó en el momento. Tardó casi dos horas para enviar un pronunciamiento por la red social Twitter donde aseguró haberle dicho a Trump que México no pagaría por el muro. Era demasiado tarde. Los medios de comunicación de su país protestaron por la pasividad del mandatario, la desafortunada visita y lo que amplios sectores de la población percibieron como una humillación.

Peor aún, en el enorme centro de reuniones de Arizona, adonde debió apresurarse después de la visita a México para pronunciar su discurso, Trump elogió al mandatario mexicano, dijo estar seguro de su cooperación en el tema fronterizo y reiteró la promesa de obligar a México a pagar por la muralla fronteriza. Ante su público, se volvió a transformar en el Trump desinhibido, con la retórica punzante de siempre.

El discurso selló la derrota de Peña Nieto, aunque no marcó una victoria de Trump. La retórica contra los inmigrantes es música para los oídos de su base, fundamentalmente votantes blancos y conservadores de la clase trabajadora. Esa misma retórica repele a otros grupos, más allá de las minorías, que son indispensables para entrar en la Casa Blanca. Los electores moderados, en especial los que tienen estudios universitarios, son indispensables para ganar la elección. La visita de Trump a México tenía claras intenciones de calmar las ansiedades de ese electorado, pero el discurso y la polémica en torno al tardío desmentido de Peña Nieto anularon el efecto deseado.