Opinión

EDITORIAL

Un triunfo costarricense

Actualizado el 04 de abril de 2013 a las 12:00 am

El Tratado sobre el Comercio de Armas no alcanzará a satisfacer los nobles ideales que lo inspiran, pero es un paso en la dirección correcta

La distinguida participación costarricense en la fragua del histórico tratado reafirma las convicciones de su pueblo y los altos propósitos de su política exterior

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En la práctica, el Tratado sobre el Comercio de Armas, aprobado el martes por la Asamblea General de la ONU, no alcanzará a satisfacer los nobles ideales que lo inspiran. Es, sin embargo, un paso en la dirección correcta. Una holgada mayoría de 154 países respaldó el texto propuesto por Costa Rica, pero tres grandes naciones le negaron su apoyo mediante la abstención y un peligroso trío de países belicistas votó en contra.

La oposición de Corea del Norte, Irán y Siria es fácil de explicar. Los tres exhiben una conducta de abierto desafío a la comunidad internacional. Corea emitió su voto negativo a pocos días de revivir el espectro de la guerra con su vecina del sur e Irán lo hizo en medio del rechazo a la supervisión internacional de su desarrollo nuclear. El embajador de Siria representa en la Asamblea General un régimen ensangrentado, cuyo empleo de las armas más crueles y prohibidas indigna a las naciones civilizadas.

Las abstenciones de India, Rusia y China, tres potencias nucleares integrantes del selecto club de países influyentes, tampoco encierra misterios.

Los dos últimos figuran entre los principales exportadores de armas, y el envío de material bélico, incluso a regímenes cuestionables, es un elemento relevante de su política exterior. La India, por su parte, es el principal importador de armas convencionales.

Estados Unidos, el mayor exportador de armas del planeta, con un tercio del mercado global, votó el Tratado luego de descarrilar una negociación en julio. La exclusión de los aviones teledirigidos ( drones ), intensamente empleados en la guerra contra el terrorismo, es obra de la diplomacia norteamericana. El voto estadounidense en Nueva York no vaticina una conducta similar en Washington si el Ejecutivo alguna vez envía el texto a ratificación por el Senado.

Menos claras son las razones de la abstención de otros 20 países, en particular los de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA). Bolivia, Cuba, Ecuador, Nicaragua y Venezuela negaron el voto favorable porque el Tratado “privilegia” los países exportadores, dándoles la posibilidad de calificar a sus clientes según criterios “subjetivos” y puede ser “manipulado políticamente”. En consecuencia, el texto “no es equilibrado” y tampoco incluye una prohibición expresa de transferir armas a grupos armados no estatales.

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Pero las abstenciones, el peso de los países que las ejercieron, los votos en contra, el belicismo de sus emisores y las dificultades del proceso de ratificación, no impiden celebrar la existencia, por primera vez en la historia de la humanidad, de un tratado regulador de la venta de armas convencionales, estimada en $60.000 millones al año. Es la más explícita manifestación de un ideal y un primer paso trascendental en la lucha por hacerlo realidad.

El pacto no rige al interior de las naciones, pero obliga a las partes a controlar la transferencia de armas convencionales como tanques, vehículos de combate, artillería de alto calibre, aviones, helicópteros y buques de guerra, misiles y lanzacohetes, armas cortas y ligeras. Quienes lo ratifiquen no podrán transferir esas armas en violación de embargos o cuando puedan ser utilizadas para el genocidio y ataques a civiles. La exportación queda prohibida si las armas pueden ser usadas para violar los derechos humanos o existe el riesgo de que caigan en manos de terroristas o el crimen organizado. Los exportadores que ratifiquen el acuerdo, deben adoptar medidas para prevenir el desvío de armamento al mercado ilegal y sopesar si la transferencia mina la paz y la seguridad.

Costa Rica, proponente e impulsora del acuerdo, tiene doble motivo para festejar. Su distinguida participación en la fragua del histórico tratado reafirma las convicciones de su pueblo y los altos propósitos de su política exterior. El mérito es del expresidente Óscar Arias, la Fundación Arias para la Paz, la diplomacia costarricense de los últimos siete años y el embajador Eduardo Ulibarri, representante ante las Naciones Unidas en el momento culminante de la votación. Juntos han hecho historia.

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