El generador de electricidad para autoconsumo podrá utilizar su producto y complementar cualquier faltante mediante la red pública

 24 noviembre, 2015

El Plan Nacional de Energía 2015-2030 es un paso adelante, tímido pero significativo, en materia de producción de electricidad. Estimula la generación para autoconsumo con la posibilidad de inyectar los excedentes al Sistema Eléctrico Nacional (SEN). Sin ese último elemento, poco se puede esperar de la producción en pequeña escala.

La principal limitación de la generación para autoconsumo es el almacenamiento. La tecnología de baterías avanza con rapidez, pero todavía necesita ser perfeccionada. Tesla, la industria pionera fundada por el empresario sudafricano Elon Musk, ya empezó a comercializar sus baterías revolucionarias para uso doméstico e industrial, y está en proceso de construir una gigantesca fábrica en Nevada, Estados Unidos, al son de $5.000 millones. Sin embargo, no hay sustituto a mediano plazo para la posibilidad de intercambiar energía con la red de distribución nacional.

El generador de electricidad para autoconsumo podrá utilizar su producto y complementar cualquier faltante con la energía distribuida mediante el SEN. Asimismo, podrá inyectar los excedentes a la red para obtener a cambio un crédito energético con el cual podrá pagar los kilovatios extraídos de la red en épocas de alto consumo o baja producción.

Los paneles solares generan menos en época de lluvias y pueden llegar a producir excedentes el resto del año. Si el SEN brinda el servicio de almacenaje, la generación de autoconsumo se hace más rentable y la inversión inicial puede pagarse a corto plazo con los ahorros en la factura mensual.

El hotel El Naranjal, en Jacó, invirtió $118.000 en paneles solares y con eso redujo su factura eléctrica de ¢1,4 millones mensuales a ¢50.000. La diferencia se utiliza para pagar el financiamiento bancario del equipo. A la vuelta de cinco años, la empresa habrá eliminado un importante costo. En la agroindustria El Tremendal, instalada en Los Chiles, celebran la caída de la factura eléctrica de ¢300.000 a ¢50.000, aunque la época lluviosa solo les permite funcionar a un 70% de la capacidad total de los 108 paneles instalados a un costo de $55.000. También esperan recuperar la inversión en un lustro.

La ganancia no es solo para las empresas, sino también los consumidores y el ambiente, porque la energía generada con plantas térmicas es la más cara y contaminante. La energía limpia ayudará a disminuir la combustión de hidrocarburos utilizada para complementar la producción del resto del sistema cuando el régimen de lluvias es menos favorable. En este momento, las represas hidroeléctricas están llenas, pero no siempre ha sido así, y en el futuro habrá, con toda certeza, nuevas sequías.

El propio Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) sale ganancioso. La entidad está cerca de su límite de endeudamiento y la necesidad de hacer nuevas inversiones es una importante presión financiera.

La pregunta es cuánto se puede lograr con la sola promoción de la generación de autoconsumo y a qué plazo. El país necesita abrir nuevas oportunidades de producción privada. La oferta de energía limpia y barata está a disposición, como lo han demostrado las limitadas contrataciones promovidas por el ICE. No faltan inversionistas, nacionales y extranjeros, dispuestos a arriesgar capital propio en negocios de generación privada. Tampoco falta disposición de los empresarios a someterse a los dictados de la Autoridad Reguladora de los Servicios Públicos para garantizar procesos más transparentes y justos, en todo distintos de experiencias pasadas.

Vistos los beneficios de atraer nuevos participantes a la producción de electricidad, solo falta reformar la legislación hostil vigente en el país. La Asamblea Legislativa debe retomar la discusión para no perder más tiempo y permitir el aprovechamiento pleno del potencial energético nacional.