Los separatistas quisieron convertir las elecciones parlamentarias anticipadas en un plebiscito sobre la independencia

 4 octubre, 2015

La historia del separatismo catalán tiene vieja raigambre. Sin embargo, el problema se ha agudizado en los últimos tres años, conforme las fuerzas cívicas favorables o contrarias a la independencia se han polarizado y endurecido en sus pretensiones. Las elecciones parlamentarias del domingo 27 de setiembre fueron un claro ejemplo de este fenómeno.

En los comicios, las agrupaciones favorables a la separación de España, en conjunto, obtuvieron cerca del 47,5 por ciento de los sufragios, número apreciable, pero insuficiente para impulsar el difícil proceso secesionista. Los opositores al separatismo pueden, por ahora, darse por satisfechos con el resultado, pues lograron frenar el ímpetu de sus adversarios.

Se trataba de elecciones ordinarias, aunque anticipadas, para renovar el Parlamento autonómico, pero los independentistas las quisieron convertir en un plebiscito sobre la independencia. Artur Mas, presidente de la Generalitat, llegó al extremo de afirmar que las elecciones eran la “consulta definitiva”, después de la declaratoria de inconstitucionalidad de un referéndum convocado el año pasado para decidir si Cataluña permanecería como parte de España.

Cataluña tiene una importancia indiscutible para España. Su exitosa economía y tranquilidad sociopolítica han atraído a más de 5.000 empresas extranjeras. Parte de ese florecimiento económico se traduce hoy en ventajas financieras para otras regiones menos prósperas del país, pero España no es menos importante para Cataluña. La región logró sus extraordinarios avances en el marco de la estabilidad política y pujanza económica experimentada por el país hasta el momento de la crisis económica mundial.

España está apenas saliendo de una severa crisis económica y bancaria que ha sido un dolor de cabeza, no solo para el Gobierno nacional, sino también para las autoridades del Consejo Europeo, agobiadas como están por la tragedia de la deuda griega, las olas de inmigrantes de África y el Cercano Oriente y los fuegos que se avivan en Siria. El separatismo catalán puede intentar aprovecharse de las circunstancias económicas de los últimos años para fortalecer su causa, pero en nada ayuda a la recuperación de España y la tranquilidad de Europa.

Los antagonismos se intensifican ahora, pasadas las elecciones, por las disputas legales nacidas de la convocatoria del referéndum del 2014, su inconstitucionalidad y las decisiones del presidente Mas, contra quien se abrió un expediente judicial por desatender las órdenes del Tribunal Constitucional Español.

Dos días después de las elecciones parlamentarias, el Tribunal Supremo de Justicia de Cataluña citó a declarar a Mas, la vicepresidenta Joana Ortega y la consejera de Enseñanza, Irene Rigau, por promover la consulta del 9 de noviembre del 2014, aunque el Tribunal Constitucional la había prohibido.

El llamado “proceso participativo” del año pasado arrojó una abrumadora mayoría por la independencia, pero con participación de apenas una tercera parte de los votantes convocados, en un proceso cuya legitimidad, desde el inicio, fue cuestionada.

El proceso judicial iniciado contra Mas y sus dos colaboradoras despierta una ola de simpatías hacia el veterano político entre los independentistas y agudiza las tensiones en la región y su gobierno.

Los costarricenses vemos con especial interés los sucesos en Cataluña. Inmigrantes catalanes comenzaron a arribar a nuestro país hace quizás dos siglos, y contribuyeron con su laboriosidad al desarrollo en el ámbito agrícola e industrial, e hicieron importantes aportes en el campo intelectual, especialmente la educación. Hacemos votos por una feliz salida a las tensiones del momento y el bienestar y progreso de Cataluña y de España.