Una empresa incapaz de salir adelante sin multimillonarios créditos al 2% anual, con 35 años de plazo y cinco de gracia, además de exenciones tributarias, no parece prometedora

 8 marzo

Los bancos del Estado entregarán este año ¢12.700 millones al Instituto Nacional de Fomento Cooperativo (Infocoop). Año con año, el río de dinero fluye por esa institución con rumbo a las cooperativas, en muchos casos con intereses ridículos y condiciones inalcanzables para otros sujetos de crédito.

Coocafé R.L. obtuvo ¢2.875 millones, al 2% anual, con 35 años de plazo y cinco de gracia antes de empezar a pagar. Es decir, le regalaron el dinero extraído de la banca estatal. La operación se hizo con aval del ministro de Agricultura, Luis Felipe Arauz, presidente del Infocoop. Esas condiciones no son inusuales y ayudan a explicar, en mucho, las constantes luchas por el control de la entidad.

Infocoop tiene ¢24.400 millones, poco menos de una cuarta parte de su cartera, colocados a tasas de entre 2% y 6%. Otros ¢76.000 millones de la cartera total de ¢113.350 millones pagan entre 7% y 11%. El cooperativismo es un sector fuertemente subsidiado, para decirlo con mucha mesura.

También es un sector cada vez más lejano de la imagen del pequeño productor organizado para desarrollar una actividad eficiente, con menos costos y aprovechamiento de economías de escala. La realidad es que los préstamos de Infocoop tienen como principal beneficiario a las cooperativas de ahorro y crédito, entidades financieras que compiten con los mismos bancos estatales de donde salen los recursos del Infocoop.

Según el IV Censo Nacional Cooperativo, las organizaciones de ahorro y crédito y las de seguros habían crecido hasta alcanzar un patrimonio de ¢290.179 millones en el 2013, mientras las cooperativas agrícolas disminuyeron hasta representar, en términos de patrimonio, bastante menos del 10% de las cooperativas financieras, unos ¢23.000 millones.

En la actualidad, las cooperativas agrícolas apenas gozan del 0,18% de los recursos colocados por Infocoop, porque el segundo lugar entre los beneficiarios, con 37,5% de la cartera, lo ocupan las cooperativas agroindustriales, entre las cuales figuran varias de las más grandes empresas nacionales. En tercer lugar, están las cooperativas de servicios, con 24,5% de los créditos.

Pero los préstamos baratos no son el único beneficio otorgado a las cooperativas. El más importante es la exención de impuestos ideada para fomentar el crecimiento del cooperativismo en diversas áreas de la producción y que ahora, de conformidad con la evolución del sector y el carácter perpetuo de los beneficios, protege la incursión de las cooperativas en negocios comerciales y financieros donde compiten con otras empresas, públicas y privadas, sujetas al pago del impuesto sobre la renta.

Las cooperativas exitosas, en general, hacen un importante aporte al país. Si son grandes, tanto mejor, y nada hay que objetar si se dedican al sector financiero. En cambio, es necesario preguntarse si los subsidios están bien colocados en empresas capaces de sostenerse por sí mismas o si las ventajas tributarias deben favorecer, sin distinción alguna, a las cooperativas financieras.

También es importante examinar si los recursos estatales dedicados a estimular la producción y el cooperativismo están bien empleados en empresas incapaces de generar utilidades, soportar una carga financiera moderada y contribuir con el fisco. Una empresa incapaz de salir adelante sin multimillonarios créditos al 2% anual, con 35 años de plazo y cinco de gracia, además de importantes exenciones tributarias, no parece prometedora y, si sale adelante, lo habrá hecho a un alto costo.