El acuerdo suscrito el jueves, tras largas y agitadas negociaciones, dispone que el cese de acciones armadas comience a primera hora de hoy

 15 febrero, 2015

Un nuevo acuerdo para lograr una tregua en Ucrania fue anunciado el jueves en Minsk, Bielorrusia, al cabo de una cita que congregó a los gobernantes de Francia, Alemania, Rusia y Ucrania. Aunque un cese de hostilidades en Ucrania había sido acordado en setiembre, dicho pacto no cobró vida.

En esta oportunidad, la presencia del mandatario ruso, Vladimir Putin, junto a sus colegas europeos, principalmente la canciller alemana, Ángela Merkel, inyectó cierta esperanza de vitalidad para la elusiva y compleja tregua en Ucrania.

La participación de Putin marcó, para importantes sectores europeos y norteamericanos, una señal de apoyo del Kremlin. No obstante, la firma estampada por el presidente ruso también ha sido juzgada de forma menos auspiciosa. Al fin de cuentas, la anuencia rusa va acompañada de textos que posibilitan la evasión de obligaciones esenciales para la paz. Y no sería la primera vez que el Kremlin esquiva responsabilidades internacionales, escudado en los mismos acuerdos que ha suscrito.

Declaraciones recogidas por la prensa reflejan esta ambivalencia en torno al pacto de Minsk, atribuida, sobre todo, a la controversial fama de Putin. Sin embargo, hay elementos que no son fácilmente desechables. Rusia se encuentra hoy ante un mapa poco halagador, subrayado por la crisis económica que la agobia, agravada por el impacto de la caída global de los precios de los combustibles.

Esta crisis ha golpeado duramente la prosperidad y la política internacional de Moscú. Las sanciones económicas impuestas por Estados Unidos y sus socios europeos, a raíz de las aventuras en Ucrania, harán pensar al Kremlin antes de arriesgarse a una racha de nuevas represalias. No es un secreto que los apuros capitalistas también han obligado a Putin a transformarse en agente vendedor de combustibles, como lo hemos visto durante sus peregrinajes por Asia y Europa.

El acuerdo suscrito el jueves, tras largas y agitadas negociaciones, dispone que el cese de acciones armadas comience a primera hora de hoy. El retiro de armas pesadas también se iniciará hoy y se prolongará por dos semanas. Asimismo, antes de finales del presente año, Ucrania deberá adoptar una nueva Constitución que detallará la descentralización del poder. Los poderes de los territorios actualmente bajo el mando de los rebeldes se incrementarán. Finalmente, en lo que resta del presente año, habrá elecciones locales.

Los documentos correspondientes al acuerdo inicial describen esos cambios en detalle y comprenden otros numerosos aspectos. Los compromisos adquiridos por las partes son muchos, y cumplir con sus términos y plazos será una tarea titánica.

Parece que hay disposición a cumplir lo acordado. Sin embargo, hay sobrados aspectos en los que podrían surgir diferencias capaces de dar al traste con el proceso. En particular, queda por verificar el desempeño de las nuevas autoridades y, de mayor importancia, la vocación democrática de gobernantes y gobernados. Esto sería la columna vertebral de la convivencia pluralista prometida por los compromisos alcanzados.