Velar por la seguridad de los estudiantes en escuelas y colegios es una obligación irrenunciable, no una tarea optativa

 20 julio, 2011

Desde hace años abogamos por imponer la revisión de bultos a la entrada de los centros educativos, pero el Ministerio de Educación Pública (MEP) mantiene la política de confiar la decisión al director de cada escuela o colegio. No todos aplican la revisión, otros lo hacen en los días siguientes a cada tragedia o escándalo, pero pierden interés con el tiempo, y muchos simplemente confían en la tranquilidad de sus comunidades.

Disconformes con la política del Ministerio, hace exactamente un año escribimos: “Velar por la seguridad de los estudiantes en escuelas y colegios es una obligación irrenunciable, no una tarea optativa”. Nos referíamos, en ese momento, a la necesidad de impedir el ingreso de armas o sustancias ilícitas portadas por los estudiantes. En eso se ha centrado el debate, porque la necesidad de controlar el ingreso de terceros no relacionados con el centro educativo ni siquiera admite discusión.

Hace un año, nuestro editorial trataba del homicidio de la directora del Colegio Montebello. Hoy responde al homicidio de un estudiante en el Colegio Técnico Profesional de Orotina. El agresor, un joven de 18 años, no tenía relación alguna con el centro educativo. Era un simple particular, pero ingresó a bordo de un taxi, por el portón principal, con solo decirle al encargado que su intención era visitar la dirección del centro educativo.

La tragedia pudo ser mayor. Al colegio asisten 1.344 estudiantes y hay 90 profesores, además del personal administrativo. En el aula donde ocurrió el homicidio había una docena de estudiantes a cargo de un profesor. El agresor llevaba la idea de balear a su víctima, pero, en similares circunstancias, un sujeto movido por pasiones podría atacar de forma indiscriminada.

El MEP tiene un protocolo a seguir para el ingreso de particulares a los centros educativos, pero no contempla una verdadera revisión. En este caso, es justo señalarlo, el guarda de la institución atendía una cita médica y lo sustituyó el encargado de mantenimiento. Es una circunstancia muy particular que podría ser criticada por los observadores más severos o atribuida a la fatalidad por los más complacientes.

La pregunta es si la presencia del guarda en su puesto habría aumentado las posibilidades de evitar la tragedia cuando el protocolo para el ingreso de particulares es laxo y la práctica cotidiana quizás sea todavía menos rigurosa, en ausencia de una política más estricta y de aplicación obligatoria, emanada de la autoridad central.

La oportunidad es propicia para pedir al Ministerio la emisión de una política de esa naturaleza y, de paso, establecer la obligatoria revisión de bultos, aun de los estudiantes. La revisión no atenta contra la dignidad de los alumnos, que están acostumbrados a los controles establecidos en bancos y otras instituciones públicas y privadas, incluyendo lugares de esparcimiento frecuentados por la juventud.

La dignidad queda a salvo siempre que la revisión sea generalizada y no se concentre en algún tipo de estudiante en particular. Si la medida es aplicable a todos, todos llegarán a comprenderla como una molestia necesaria para su seguridad, y ninguno podrá sentirse lastimado como blanco de particulares sospechas. La Sala Constitucional, por su parte, ha declarado la conformidad de la medida con la ley fundamental.

La revisión de bultos y el fortalecimiento del protocolo de ingreso de particulares no impedirá del todo el ingreso de drogas y armas a los planteles. No hay sistemas de seguridad perfectos, y es mucho menos lo que podemos esperar de nuestros centros educativos. Sin embargo, ante hechos tan alarmantes, vale la pena poner en práctica cualquier medida a nuestro alcance.

Entre el 2006 y el 2008, decíamos en el editorial del año pasado, la vigilancia permitió el decomiso de 191 armas de fuego, además de las punzocortantes, de las cuales 793 fueron decomisadas solo en el año 2007. Las estadísticas no dicen cuántas armas burlaron la vigilancia, pero sabemos que las incautadas no consiguieron hacer daño.