El Banco de Costa Rica ofrecerá incentivos a sus empleados más antiguos para migrar a un sistema de salario único

 13 agosto, 2016

El Banco de Costa Rica (BCR) podría ahorrar ¢5.400 millones si consigue eliminar los pluses salariales del 22% de su planilla. La iniciativa se pondrá en práctica este año y concluirá en el 2017, según la programación estructurada por la institución. En el proceso, el Banco respetará todos los derechos de sus empleados. Es perfectamente posible y también necesario en el BCR y en muchas otras entidades estatales.

El objetivo es sustituir el sistema de salario base más pluses por el método de salario único. Además de bajar costos, la medida eliminará odiosas diferencias en las remuneraciones de los funcionarios, dijo Mario Barrenechea, gerente general. El Banco ofrecerá una indemnización a los 864 empleados que en la actualidad disfrutan del sistema tradicional de remuneración. Quienes se acojan voluntariamente al programa, podrán ser recontratados con salario único.

El nuevo sistema eliminaría las anualidades, la dedicación exclusiva, el zonaje y los pagos en especie, entre otros costosos beneficios. El plan parece bien concebido. La administración consultó a la Procuraduría General de la República y conversó con el sindicato, cuya dirigencia aceptó a condición de que el sistema fuera voluntario. Aunque se opuso a un plan obligatorio, el sindicato acepta la existencia de muchos interesados en aprovechar el ofrecimiento de la administración.

Para incentivar a los empleados, la entidad ofrece dos opciones. La primera es incorporarse al nuevo sistema de remuneración y conservar el puesto a cambio de una indemnización consistente en un mes de salario por cada año laborado. La segunda es desvincularse del Banco, con la misma indemnización y la liquidación de todos los extremos laborales, además del fondo de pensión complementaria. En ese caso, el trabajador tendrá un periodo de seis meses para arrepentirse, regresar al Banco con salario único y devolver el incentivo.

Ojalá el plan tenga éxito, no solo por la salud financiera de una de las instituciones bancarias más importantes del país, sino, también, por su valor como ejemplo. El Banco debe aprovechar la oportunidad para estudiar con detenimiento sus necesidades de personal. En la actualidad, la planilla está conformada por 3.867 personas y si hay plazas de más, el Banco podría cerrar definitivamente algunas de las ocupadas por quienes se acojan al plan voluntario.

El problema del Estado costarricense, más allá de los sistemas de remuneraciones construidos a lo largo de los años y ahora en crisis, también se centra en la hipertrofia del aparato público y la mala distribución del recurso humano. El Banco sabrá si ese es su caso, pero abundan los datos comparativos de la industria (benchmarking) para hacer un análisis certero.

El sistema de pluses salariales ya rebasó los límites de la racionalidad. Nació en los años 70 y 80 con el argumento de ofrecer estímulos a los empleados estatales, pero ya en el 2014, según la Contraloría General de la República, el gasto en “incentivos” había superado las erogaciones por salarios base. Ese año, el Estado pagó ¢1,9 billones en pluses frente a ¢1,8 billones en remuneraciones ordinarias.

En la Refinadora Costarricense de Petróleo (Recope), los incentivos representan el doble de los salarios base y en la Universidad de Costa Rica (UCR) la brecha se abre más cada año, comprometiendo el presupuesto y obligando a las autoridades a exigir nuevos recursos. La inversión estatal en la educación superior está probando los límites, pero las anualidades siguen su marcha apresurada.

Es indispensable adoptar medidas para evitar un desenlace que los propios trabajadores estatales serán los primeros en sufrir. Ojalá el programa del Banco de Costa Rica tenga éxito y logre constituirse en un primer paso para poner coto a un sistema de remuneraciones claramente insostenible e injusto.